RANCHERIASTEREO

lunes, 7 de diciembre de 2020

Diomedes Díaz puso a Colombia a prender velitas



Por :Juan Rincón Vanegas

Desde hace 27 años ‘El Cacique de La Junta’, al lado de Juancho Rois, le pusieron un nuevo vestido musical a la canción ‘Las cuatro fiestas’ del compositor Adolfo Echeverría-

Corría el final del año 1993 cuando Diomedes Díaz al lado del acordeonero Juancho Rois, aparecieron en la producción musical ‘Fiesta Vallenata’ con la canción ‘Las cuatro fiestas’ de la autoría del compositor barranquillero Adolfo Ernesto Echeverría Comas, causando la mejor sensación.
Estos artistas guajiros le pusieron un nuevo ropaje musical logrando que 27 años después siga sonando, y sea la más cordial invitación al acto popular de prender las velitas e irse de largo a celebrar el año nuevo y los carnavales.
Que linda la fiesta es
en un ocho de diciembre
al sonar del traqui traqui,
que sabroso amanecer.
Con ese ambiente prendido
me dan ganas de beber.
La pascua que se avecina
anuncia la Navidad,
un año nuevo se espera
que dan ganas de tomar.
Esta canción fue grabada el domingo tres de septiembre del año 1961 en la voz de la cantante Nury Borras, acompañada del cuarteto que integraban el guitarrista Ángel Monsalvo, el baterista Rafael Guardo, el bajista Eugenio García y el clarinetista Alex ‘Muñecón’ Acosta.
Precisamente el compositor Adolfo Echeverría, quien nació el tres de septiembre de 1932 y murió el 20 de diciembre de 2018, contó en su momento la manera como grabó ese obra insigne del folclor colombiano.
Él vendía ropa, pero tenía una cantidad de composiciones y decidió con sus propios recursos grabar una de ellas, ‘Las cuatro fiestas’, con la finalidad de tratar de mejorar su situación económica.
Es así como invirtió sesenta pesos y comenzó su inédita aventura al tener la cinta en sus manos que era su cédula musical.
Con todo el optimismo viajó a Medellín con su maleta llena de esperanzas y su gran tesoro, pero no fue acogido por las disqueras entregándole diversos argumentos que no era lo mejor.
Se regresó para Barranquilla, trayendo en su mente otro proyecto que consistía en plantearle al empresario Mario Ochoa, propietario de una discotienda para que le pagara el prensaje de 50 discos de 78 revoluciones.
Esta vez, le sonó el clarinete y comenzó el proceso que arrojó el más grande resultado porque en aquella ocasión llegaron a vender más de cinco mil copias.
Adolfo, entusiasmado porque Dios le sonrió con ‘Las cuatro fiestas’ se alegró más porque las emisoras comenzaron a programarla.
Desde ese momento mejoró su situación económica y sus canciones comenzaron a ser grabadas por diversos artistas y agrupaciones del orden nacional e internacional.
De esa manera la canción se convirtió en éxito y con varias versiones hasta una en inglés, sobresaliendo la grabada por Diomedes Díaz.
El maestro Adolfo Echeverría en sus últimos años de vida sufrió serios quebrantos de salud, pero de la misma manera se le rindieron diversos homenajes por su invaluable aporte como cantante, compositor y precursor de la música tropical en Colombia.
Así la grabó Diomedes
Diomedes Díaz Maestre, no solamente le dio un nuevo aire a la mencionada canción de Adolfo Echeverría en la producción musical de ‘Fiesta vallenata’, que se entregaba cada año por la Sony Music, sino también lo hizo con ‘Matilde Lina’ (Leandro Díaz), ‘Vení, vení’ (Isaac Villanueva), ‘Lucero espiritual’ (Juancho Polo Valencia), ‘El muerto borrachón’ (Miguel Beltrán), ‘Color moreno’ y ‘Diana’ (Calixto Ochoa), entre otras.
La historia es como sigue. Cuando se acercaba el remate del año Diomedes Díaz en sus presentaciones solía cantar canciones de la temporada como ‘Cantares de Navidad’.
El cajero José del Carmen ‘Tito’ Castilla, cuñado de Diomedes Díaz, en una ocasión le sugirió que cantara ‘Las cuatro fiestas’ y estuvo de acuerdo.
“Cuando la escuchó dijo que esa iba para el disco de ‘Fiesta vallenata’ y habló con Juancho Rois, para que hiciera lo suyo. De ahí arrancó todo y vea que se convirtió en soberano éxito que a pesar del paso del tiempo no ha dejado de sonar”, comentó Tito.

Después citó el hecho que no estaba en el cronograma de la grabación y era incluirle un clarinete. “Llegó un músico bastante lleno de años, y nosotros decíamos, será qué ese veterano dará la talla en la grabación. El hombre nos tapó la boca porque lo grabó de una sin equivocarse. Después, supimos que era ‘Muñecón’ el mismo que había grabado la primera versión”.
En inglés
La mencionada canción se fue bien lejos porque hasta fue interpretada en inglés llevando ese mensaje musical a distintos lugares del mundo.
Lo jocoso de ese tema fue que nunca se pudo traducir la palabra “Traqui, Traqui”, que es un fuego artificial que se lanza comúnmente en el mes de diciembre durante la Navidad.
‘Las cuatro fiestas’ no dejan de escucharse, principalmente en la voz de Diomedes Díaz, porque es el hilo conductor para saber que las alegrías suenan en todos los corazones provocando esa natural nostalgia, principalmente en este bendito diciembre.

@juanrinconv

lunes, 30 de noviembre de 2020

ALBERTO CONSTANTINO RADA OSPINO "EL GALLO NEGRO"

 

Por: Juan Rincón Vanegas

Alberto Constantino Rada Ospino, nacido en El Difícil, Magdalena, el 18 de agosto de 1941 buscó la corona de Rey Vallenato durante 15 años hasta que en 1993, la alcanzó siendo la persistencia su virtud inocultable.
A la persistencia se le suma la presentación de canciones inéditas de su autoría que sumaron 60, distribuidas en 15 paseos, 15 merengues, 15 sones y 15 puyas.
El récord que ostenta ‘Beto’ Rada, será imbatible por las nuevas generaciones porque fue incansable, talentoso y muy pegado a las raíces de ese vallenato de historias cotidianas con esa cadencia y alegría al ejecutar el acordeón.
Cada año ‘Beto’ Rada hacía una preparación minuciosa, y a pesar que en muchas ocasiones estuvo cerca, siete veces segundo e igual número en el tercer puesto, no se arrugó, sino que confiaba en su manera de ejecutar el instrumento sagrado del vallenato tal como se le había enseñado su papá, el juglar Francisco ‘Pacho’ Rada Batista.
Aquella hazaña sucedió hace 27 años en la tarima ‘Francisco El Hombre’ de la plaza Alfonso López, cuando él contaba con 52 años.
En esa ocasión interpretó y cantó las siguientes canciones de su autoría. Paseo, ‘El gallo negro’; Merengue, ‘Llegó el pollo a la valla’; Son, ‘Cuando yo muera’ y la Puya, ‘Yo soy el que toca y canta’. En la caja lo acompañó Renzo Sierra y en la guacharaca, su hijo, Roberto Rada Andrade.
A los pocos días de alzarse con la anhelada victoria compuso una canción donde plasmó su testimonio de haber escrito su nombre con letras de oro en la historia del Festival de la Leyenda Vallenata.
Se oyeron versos bonitos de mi memoria
quedó mi nota plasmada en el pedestal,
y con mi nombre y mi apellido
pasé a la historia del festival.
En aquella ocasión cuando tuvo en sus manos el esquivo trofeo entregó la más precisa declaración que estuvo pegada a sus sentimientos. “Me llené de gran emoción. Puedo decir que en el marco de mi corazón están mis padres Francisco Rada y María Ospino, mi esposa, María del Socorro Andrade, mis ocho hijos, toda mi familia y haber sido Rey Vallenato es lo máximo en mi vida folclórica”.
Enseguida añadió. “Me faltó poco por hacer. Todo lo que he realizado está bueno. He servido al vallenato con amor y espero nunca olviden a este viejo, ‘El gallo negro’, que no pidió nada y dió mucho”.
‘Beto’ Rada, durante 70 años estuvo tocando su acordeón. Todo comenzó cuando tenía ocho años y se le presentó a su padre ‘Pacho’ Rada, tocándole la canción ‘El cerrote’. En ese momento la admiración del legendario acordeonero fue total, dándole el visto bueno a su hijo para que continuara, no sin antes recalcarle que fuera fiel a la música vallenata auténtica. Y de esa línea nunca se salió.

El gallo negro
‘Beto’ Rada, acordeonero de dinastía, siempre hizo referencia a que era un gallo que iba listo a pelear con el acordeón al pecho. Él, se puso el nombre de ‘El gallo negro’ haciendo varias canciones festivaleras.
Yo si soy el gallo negro
Uepaja,
el que no respeta pinta
pa' pelear
Yo si soy el gallo negro
Uepaje,
que llegando a la gallera
se vá a vé.
También se recuerda la canción ‘Volvió el gallo’ donde daba a conocer su valentía con el acordeón y las ganas complacer al pueblo vallenato.
Ya volvió el gallo a la valla
dice el pueblo vallenato,
seguro que va a traernos
otras nuevas melodías.
Este acordeonero veterano el día que le correspondió la despedida ante la coronación de un nuevo monarca, cantó un obra sentida y llena de las realidades de su vida.
Aquí está el Rey Vallenato del año 93
vengo a entregar la corona,
y me dan ganas de llorar
y aquel que se la entregue
tiene que tocá y cantá
porque yo con sacrificio
así fue que me la gané.
En el año 2014 el Rey Vallenato tuvo una satisfacción que anhelaba y era ver una de sus canciones grabadas por el cantante Silvestre Dangond. Efectivamente, en la producción musical ‘Sigo invicto’ apareció ‘El mismo de siempre’.
Todo pasó cuando ‘Beto’ Rada, fue invitado por el cantante para escuchar sus canciones en la casa de su manager Carlos Bloom.
Él, tomó su acordeón y comenzó a tocar y cantar con una firmeza extraordinaria para lograr el objetivo.
Como soy noble y sencillo muchos se imaginan
que no me doy la importancia que me debo dar,
son personas ignorantes que viven la vida
confunden la petulancia con la honestidad.
Ay no se equivoquen conmigo
que soy el mismo de siempre
Yo vivo feliz con mi gente
y mi gente feliz conmigo.
No muy bien había terminado la primera estrofa, Silvestre dijo: “Maestro, esa es”, pero él insistió en que le escuchara otra. Entonces, se ratificó que esa era.
Cuando todo había quedado definido ‘Beto’ Rada, hizo una petición para que mejor no le grabara a él, sino a su hijo, el compositor Eliécer ‘Cheche’ Rada.
Silvestre lo abrazó y le manifestó. “Maestro, que nobleza la suya, pero voy a grabarle a usted, porque su hijo es joven y le vendrán muchas oportunidades”.
Así de ese tamaño era ‘Beto’ Rada, el mismo de siempre, porque se la pasó el mayor tiempo de su vida abrazando su acordeón que a su propia mujer. El mismo que no supo doblegarse en las derrotas, porque en el camino había desquite.

Los últimos días del Rey Vallenato
Los constantes quebrantos de salud hicieron que se retirara de las parrandas, no volviera a grabar, ni hacer sus recorridos por esos pueblos donde lo admiraban y aplaudían.
Quedó conminado a estar paseándose entre el cuarto y la sala hasta que una isquemia cerebral lo hizo estar recluido en un centro asistencial donde falleció el sábado 30 de noviembre de 2019, siendo sepultado con todos los honores por su gesta que lo llevó a ser ese Rey Vallenato que nunca claudicó hasta que obtuvo la victoria.
Aquel hijo, Eliécer ‘Cheche’ Rada, a quien llevó ante Silvestre Dangond para que le grabara, sigue en la lucha musical, defendiendo su dinastía y próximamente entregará en su voz la canción ‘Regalo de Dios’.
Este es el homenaje escrito al hijo de Francisco Rada Batista y María del Rosario Ospino Ospino, quien se gastó largos años tocando su acordeón y siendo ejemplo de persistencia, fe y amor al folclor. Además, de sumar 60 canciones inéditas para al final coronarse como Rey Vallenato.


martes, 20 de octubre de 2020

SONIA BAZANTA VIDES "Totó la Momposina"


Por: Felix Carrillo Hinojosa.

Su nombre real se perdió entre los golpes constantes de sus ancestros, en un mundo donde ha mandado los tambores como única forma de comunicación entre los pueblos. De esa cultura anfibia que el sabio Fals Borda defendió, surgen los diálogos más sinceros entre los pequeños afluentes a los más poderosos ríos y de estos a nuestros mares. Muchas músicas nacen ahí, que le ha permitido a tantas generaciones recogerla y llevarla a los lugares más lejanos, donde no saben de nuestra existencia.

Ese lenguaje de cantos y tambores ha hecho que ritmos como la cumbia, bullerengue, puya, gaitas, chalupa, garabato, mapale, sones, guaracha, rumba y sexteto, terminaran influenciando su mundo, donde su madre bailarina y cantante en una rueda de ritmos danzó con el que sería su padre, quien en un rebruge de fuertes y matizadas percusiones, le señalaron los caminos por los que ha transitado por más de siete décadas.

Ese "To-To", sonoro y seco sonido de los tambores la bautizó e invitó a recoger, los enigmas que encierra la depresión Momposina, y en un tributo a tanta riqueza de esos pueblos ribereños, se vistió como ellos y se llenó de su música eterna.

En cada escenario, ella camina despacio como si se tratara de una elevación al más allá, donde su voz logra matizar tantas tonadas de notas largas, que son respaldas por los acordes que sus músicos de siempre saben dar.

Su timbre cálido de mujer Caribe revive lo que por tradición ha heredado. Son cuentos, cuyas historias tienen música, unas veces lentas y adoloridas como si estuviera narrando la muerte de tanta gente buena, otras, alegres, punzantes, reclamadoras e invitadoras al baile, que también es otra forma de decirle al mundo que estamos vivos.

De su pueblo salió junto a su familia, bajo el signo violento del éxodo, que saca de su entorno natural a la gente indefensa y olvidada por el centralismo. Ella lo vivió en varios momentos de su vida, al estar en un sitio y luego en otros, en busca de un mejor vivir junto a los suyos, sin apartarse de su ideal lleno de danzas, ritmos y cantos.

En 1964 llegó a la fría capital. Junto con sus padres y hermanos conformó su primer grupo, con el que empezó a caminar en la construcción de su propia historia.

Estudió música en el conservatorio de la Universidad Nacional, que amplió en la Sorbona de París, instituciones de Santiago de Cuba y la Habana. Todo eso, la ha llevado a convertirse en una verdadera líder en la defensa de las músicas que generan identidad, recorriendo pueblos para que esos andares, saberes y decires no se pierdan.

Cada vez que ella canta, es una convocatoria a la defensa de la música colombiana, que se ha mantenido por la laboriosa tarea de sus creadores e intérpretes, que por falta de serias construcciones de cara a las comunidades, muchas de ellas se han perdido.

Ella es rebelde y no le da miedo decir sus verdades, que no son más que las voces de los pueblos, que le dieron esa responsabilidad de defenderlos en los escenarios, a donde ella llega con su canto.
Ella lleva en la garganta, una fina flauta que Dios le dio como dice el verso, de uno de los tantos creadores que nutren el espíritu de la Patria. Así se ha paseado por tantos lugares del mundo, llevando lo que nació con ella. Sus variadas producciones, diez en total, hechas en Colombia y otros lugares del mundo, le ha permitido ser nominada en cuatro ocasiones al Grammy Latino y ganar ese gramófono en dos oportunidades, para bien de esa música del Caribe que nos representa.

Ella es una peleadora de su esencia, donde avanza sin perder el norte de su mágica música. En el 2011 obtuvo el premio Nacional vida y obra que otorga el ministerio de cultura, que es el reconocimiento a los espíritus africanos e indígenas, que son múltiples en lo rítmico que encierra su cuerpo y permanecen ahí, no se han ido, así como ella, que es una danza de variados colores que representa a la Colombia diversa, multicultural que como un arcoíris camina con brío, en los diversos lugares donde su naturaleza avanzante le permite llegar"
(Sonia Bazanta Vides "Totó la Momposina" nació en Talaigua Nueva, Bolívar, el 1 de agosto de 1940. Padres Libia Vides y Daniel Bazanta).

lunes, 19 de octubre de 2020

ESPERANZA ACEVEDO OSSA "VICKY" Y SU POBRE GORRIÓN


Por: Félix Carrillo Hinojosa "Fercahino"

Su madre, una ama de casa bondadosa y de risa infantil permanente y su padre, un líder de la vieja usanza política y alcalde de su pueblo, decidieron llevarla a la pila bautismal como su esperanza especial, sin pensar que años después, un empresario del espectáculo le cambiaría el nombre, para darle alas a todo el arte que su alma tenía.

Por causa de la violencia que nos ha acompañado por varios siglos, sus padres emigraron con sus tres hijos, dos varones y su esperanza. En esa Palmira señorial, de inicios de la década del 50 del siglo pasado, comenzó su mundo artístico mientras bordaba manteles como tarea en el Colegio de las Monjas Vicentinas. Allí estudió la primaria y se dedicó a coleccionar medallas de las vírgenes, al tiempo que se pegaba al radio de tubos Telefunken, que para escucharlo debía estar caliente, donde los pasodobles, tangos, vals y boleros, llenaban el gusto musical de su progenitor y de paso, la acercaba al mundo de las voces y orquestación representada por los artistas del momento. Uno de esos ídolos fue Carlos Julio Ramírez, a quien un día su madre encontró imitando con un palo a manera de micrófono y moviéndose como si estuviera en un escenario de verdad. La dejó por varios minutos hasta que terminó de cantar. Se sorprendió cuando se volteó y de frente le dijo, "voy a ser cantante". "Ni que la escuche su padre. Póngase a hacer sus tareas y no se diga más.

Ese primer decir de su inquietud musical, no se frenó ahí. Era la primera en organizar las rondas musicales en su colegio y como cierre, cantaba las baladas de Leonardo Fabio, el rock and roll de Elvis Presley y las del dueto Antaño.

Su adolescencia estuvo agitada, por las constantes pretensiones de los jóvenes de su edad, en las que fue selectiva y de pocos amores.

Al llegar a Bogotá en los años sesenta con su madre y hermanos, se encontró con su prima Alicia Uribe, quien le contó del programa radial que mostraba nuevos talentos. Ese programa era el Club del Clan que se hacía en Radio Cordillera. Ella trabajaba en el Banco del Estado donde sus compañeros le descubrieron sus dones cantorales y su afición como espectadora de ese programa. Ellos fueron quienes incidieron para que cantara. Era un programa en vivo y empezaron a corear: "que cante esperanza, que cante". Ante la insistencia de sus compañeros, Guillermo Hinestroza, director del programa la invitó a cantar, a lo que se negó. Todo no quedó ahí, porque el director con su olfato de buscador de estrellas, la mandó a ensayar detrás del escenario, con el permiso de su señora madre, ella eligió cantar "Mi baby" una canción que estaba pegada. Al subir al escenario, llena de nervios, el director la presentó como si fuera una reconocida estrella de la canción, "Señoras y señores, con ustedes la sensacional, la espectacular, la única, Vicky". Ese fue el bautizo musical que le dio Guillermo Hinestroza en 1965 y así se quedó para siempre.


Este primer logro la llevó dos años después al disco y fue la empresa Sonolux donde grabó "Llorando estoy", cuyo acetato se vendió de tal manera, que a todos sorprendió. Su primera presentación en Televisión lo hizo en el programa "Variedades" dirigido por Gloria Valencia de Castaño, por lo que le pagaron mil pesos.

Este primer logro musical estuvo empañado, por la malquerencia de un grupo de colegas, que la señalaron de unas situaciones de mal gusto, que la llevaron a una ausencia de siete años del disco y las presentaciones en vivo.

A su regreso en 1973, después de estar en Venezuela donde una tía, es Alfonso Lizarazo quien anunció con bombos y platillos su regreso. Ese momento se nutrió con nuevas obras cuyo éxito no se hizo esperar a través de canciones como "Las estaciones", "Tan sola", "Lloraré", "Amigo caminante".

Seis años después produce su obra cumbre, que surge de la observación que hizo de un gorrión parado en la reja del antejardín, al que le caía una llovizna. Eso la volvió sensible y la comparó con su propia vida.

Siempre consideró a sus canciones como las hijas que nunca tuvo. En uno de esos arranques propios de su mundo jocoso, consideró que "hacer canciones es como parir por la cabeza".
Renuente al matrimonio, se embarcó en varios romances que le nutrieron su alma musical, pero que la llevaron a una soledad programada.

Al partir su señora madre, la artista entró en una desazón que la alejó de mostrar nuevas canciones y unas pocas ganas de continuar en el mundo de la vida.

En medio de su vida agitada, en donde le dedico más de cuatro décadas a la música, y ser considerada por los críticos musicales como "la Mari Trini" de Colombia, un día se dedicó a escribir el libro "Pobre Gorrión" a manera de autobiografía, donde está lo divino y lo humano de una mujer que al escribir desnudaba el alma, que muchos vieron como antipática, pero quienes tuvimos la fortuna de tenerla cerca, sabemos que su carácter iba de frente y no se escondía para decir si o no.
Su obra está en el catálogo de lo clásico de una música que como la balada, la tiene a ella, como una cantautora de grandes kilates.

Sus seguidores se han renovado en el tiempo, pero sus creaciones siguen plegadas al alma nacional, que la vio partir cuando sus pulmones le jugaron una mala pasada y le negaron el tiempo necesario para seguir viviendo"
(Esperanza Acevedo Ossa "Vicky" nació en Anserma Nuevo el 11 de noviembre de 1947 y falleció en Bogotá, el 15 de marzo de 2017. Padres Graciela Ossa y Saulo Acevedo Arboleda).

jueves, 20 de febrero de 2020

ISMAEL ZULETA. UN SAHAGUNENSE DE VERDAD VERDAD


Por Róbinson Nájera Galvis.
Unos días atrás, observé a Ismael Zuleta en una reunión en el Barrio San Pedro, orientando sobre las posibilidades del cambio de nombre de la Plaza Cultural de Sahagún, oficializado mediante el polémico acuerdo 030 de noviembre 28 de 2018 por el Alcalde y el Concejo Municipal salientes. Más adelante, sin que él jugara fútbol, lo vi en una foto del recuerdo de la Selección Sahagún de mediados de la década del 70 que se enfrentó a las Reservas del Junior de Barranquilla en la cancha del Colegio Andrés Rodríguez B. Al día siguiente leí la noticia que lo anunciaba como uno de los principales organizadores del Festival de Acordeoneros y Compositores de Sahagún. Ante esta visión de una persona que aparece en escenarios distintos aportando algo, sólo quedan dos opciones: admirarlo o dudar de sus intenciones.
Pero estoy seguro que la mayoría de los sahagunenses estábamos de acuerdo. Ismael en lo referente a las cosas de Sahagún solo trabajaba por amor al arte. Para él la vida sin mover una paja, tal vez le parecía una jartera, una cucharada insípida e incolora, un paseo por el mundo demasiado aburridor. Desde siempre debió sentir que tomar la vida a fin de llenarse el cuerpo y el estómago para sí mismo, llevándose a otros por delante, era una miserableza, por eso, su cabeza lúcida y pletórica de inteligencia decidió ponerla en toda circunstancia al servicio de causas comunes. Así disfrutaba la vida, la saboreaba, la exprimía, la degustaba. Lo que no entendemos es esa jugada tan traicionera y desafortunada de su corazón, si las personas que aman intensamente como él, deben blindarse por mucho más tiempo con el elixir de vida.
Algunos opinan que Ismael nació en San Marcos, otros que en El Viajano. Eso no tiene ninguna importancia, lo interesante es que tenía a este Municipio metido en la cabeza. En el trasegar del tiempo demostró que no era cualquier pintado en la pared sino un Sahagunense de verdad verdad. Su temprana partida deja un vacío que a veces produce desesperanza, más cuando en algunas oportunidades intentó brindar con sinceridad y honestidad: su preparación en derecho administrativo a toda prueba, su calidad humana al servicio de personas de todas las clases sociales, su amistad, sencillez y gran amor al terruño para dirigir los destinos del mismo, pero no sabemos qué hada maligna se nos atravesó en el entrecejo para no dejarnos ver su buen propósito. Ojalá su alma benevolente, desde el cielo nos siga iluminando en este valle de lágrimas y corrupción.
Seño Farly, Mayra Alejandra y Alberto Mario, la desaparición física de una persona buena duele en lo más profundo de nuestro ser, más a ustedes que estaban acostumbradas a su compañía permanente, a sus cuidados, a sus enseñanzas, a su fraternidad. Ismael Zuleta era de las personas que ponen y muestran el corazón en todo lo que hacen, tienen una visión de futuro y fortaleza para anteponerse a las dificultades. Estas son algunas de las razones que los hace triunfadores en la vida, quizá hasta más allá de la muerte, pues ni ella podrá borrar el brillo permanente de sus ojos, la intención vestida de amor de todos sus actos o el color de la sonrisa que le deparaban sus éxitos y los de ustedes, su familia, porque todo ello queda dibujado en miles de corazones. Siéntanse afortunados de haber tenido un esposo y un padre irrepetible.
Reina de papel, Fredy Sierra & ismael Zuleta

sábado, 18 de enero de 2020

PROGRAMACIÓN FESTIVAL VALLENATO 2020

Festival de la Leyenda Vallenata anuncia programación 2020

La edición 53 rendirá homenaje a Jorge Oñate

La edición número 53 del Festival de la Leyenda Vallenata se realizará entre el 29 de abril y el 2 de mayo de 2020. Jorge Oñate será el gran homenajeado, mientras que el compositor Rosendo Romero Ospino, ‘El poeta de Villanueva’, será reconocido por su gran gesta a favor del folclor vallenato donde ocupa un lugar de honor.
Los organizadores del Festival de la Leyenda Vallenata dieron a conocer la programación de la edición 2020 que comenzará con el desfile de Jeeps Willys Parranderos el sábado 25 de abril. Al día siguiente será el desfile de piloneras en las categorías Infantil y Juvenil. A esto se suma el concurso de Pintura Infantil, ‘Los Niños pintan el Festival de la Leyenda Vallenata’.
A partir del lunes 27 de abril se inician los concursos que son Acordeoneros Categoría Infantil y Acordeoneras Categoría Menor.
El martes 28 tendrán cabida los concursos de Acordeoneros Categoría Juvenil, Acordeoneros Categoría Aficionado y Piqueria Menor. El día siguiente, 29 de abril, Acordeoneros Categoría Profesional, Acordeoneras Categoría Mayor y Piqueria Categoría Mayores. De igual manera, se llevará a cabo del desfile de Piloneras en la Categoría Mayor y el acto inaugural del 53° Festival de la Leyenda Vallenata.
El día 30 de abril se inicia el concurso de Canción Vallenata Inédita.

Programación 53º Festival de la Leyenda vallenata

Sábado 25 de abril
Desfile de Jeeps Willys Parranderos

Domingo 26 de abril
Concurso de Pintura Infantil ‘Los Niños Pintan el Festival Vallenato’

Desfile de Piloneras - Categorías Infantil y Juvenil

Lunes 27 de abril
Primera Ronda Concursos
Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Aires: Merengue y Paseo

Martes 28 de abril

Conversatorio

Primera ronda de concursos

Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Aires: Puya y Son
Acordeoneros Categoría Juvenil
Acordeoneros Categoría Aficionado
Aires: Merengue y Paseo
Ronda Categoría Piqueria infantil

Primera Ronda Concursos

Miercoles 29 de abril
Acordeoneros Categoría Juvenil
Acordeoneros Categoría Aficionado
Aires: Puya y Son
Acordeoneros Categoría Profesional
Acordeoneras Categoría Mayor
Aires: Merengue y Paseo
Piquería Categoría Mayores

Segunda Ronda Concursos

Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Desfile de Piloneras
Categoría Mayor
Ceremonia de Inauguración

Jueves 30 de abril
Semifinal concursos
Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Segunda Ronda Concursos
Acordeoneros Categoría Juvenil
Acordeoneros Categoría Aficionado
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Piqueria Categoría Mayores y Menores
Primera Ronda Concursos
Acordeoneros Categoría Profesional
Acordeoneras Categoría Mayores
Aires: Puya y Son
Canción Vallenata Inédita

Gran Final Concursos

Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Piqueria Categoría Menores
Espectáculo Musical

Viernes 1 de mayo
Semifinal concursos
Acordeoneros Categoría Juvenil
Acordeoneros Categoría Aficionado
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Piquería Categoría Mayores

Segunda ronda concursos
Acordeoneros Categoría Profesional
Acordeoneras Categoría Mayor
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Canción Vallenata Inédita

Gran final concursos

Acordeoneras Categoría Mayor
Acordeoneros Categoría Profesional
Canción Vallenata Inédita
Espectáculo Musical.

lunes, 16 de diciembre de 2019

ALBERTO"BETO" MURGAS


Nació en Villanueva (La Guajira) un miércoles 8 de septiembre de 1948. En la casa donde vio la luz por primera vez Alberto “Beto” Murgas, por el frente entraba la música por los ensayos de la orquesta de Reyes Torres, mientras que por el patio, se colaban las melodías de Juancho Gil, el papá de “El Turco”; y a dos casas de la suya, vivía Emiliano Zuleta Baquero. Se podría decir que Beto Murgas nació arrinconado por la música, que a Beto lo surtió la brisa. Por ese solar, por donde la música abría portillos para untar el oído de Beto, corrieron sus siete hermanos: Enrique, fallecido; Abalis, Rosita, Mary, Eddy y Darío que son músicos y María Irma. Sus padres, ya fallecidos, fueron José Murgas y Rosa Peñalosa.

En el Liceo Colombia hizo la primaria. Sus inicios fueron como los de todos los músicos de Villanueva: un grupo que tocaba con picos de botella ajustados y, en medio, papel celofán; el acompañamiento era con latas, con peinillas… Después, sus idas a La Sierra, un sector finquero donde los abuelos tenían la suya y por donde transitaban los acordeoneros errantes. Sabido de esa circunstancia, Nelson Martínez, un señor que estaba enamorado de una tía suya, se llevó un acordeón muy pequeño, de dos teclados, para que, cuando los juglares llegaran para el 11 de noviembre, día de San Martín y luego para Navidad, le enseñaran a tocar. Aquel sobrino intrépido se lo encontró y empezó “a fregarle la vida al acordeón”. Héctor Gallo, un vecino, se dio cuenta de que “Betico” tenía actitud musical y le enseñó cómo se debía coger el aparato. A los dos meses de estar en La Sierra, cuando Beto bajó de nuevo al pueblo, ya sabía tocarlo para el asombro de sus vecinos y amigos.

Por entonces, aquella camada de prometeros vallenatos formó una agrupación y su primer contrato lo hicieron con Lázaro Morillo, Lacho, por 30 centavos. El compromiso era tocar un caminoteo, en el Carnaval, que consistía en acompañarlos a ellos disfrazados. “¡Nosotros tocábamos por toda la calle, y ellos hacían morisquetas disfrazados…! Nunca le habíamos visto la cara a una moneda propia. Lo primero que hicimos fue comprar un coco, panela y queso, y darnos un banquete. Después, Ezequiela Sánchez quien ya sabía que yo tocaba y no tenía acordeón, fue a Maracaibo y compró un acordeón para que yo se lo pagara con música. Ella hizo una caseta que se llamaba La Mecedora en honor al gallo famoso de Enriquito López. Luego vino la época en la que Emilianito tenía su grupo y yo el mío; los hijos de los ricos armaban bailes y nos ponían a tocar para ver cuál baile se llenaba más. Ahí nos dábamos espuela con quien hoy es el padrino de un hijo mío, Emilianito”. Recuerda Beto Murgas.

Ya en el colegio Roque de Alba, en donde hizo su bachillerato, Beto agarró la onda de la Nueva Ola, pero al final más pudieron sus raíces. En el 65, enamorado, compuso “Amalia” que nunca se grabó, pero que lo hizo conocer: “Un domingo yo estaba en misa y llegó César Mendoza, el rector del colegio El Rosario que tenía un grupo pero no tenía acordeonero, me sacó de la mano y me llevó donde mi mamá para convencerla de que me dejara ir a Bogotá. A mitad de semana nos fuimos y yo me presenté en La Hora Philips. Toqué “Amalia” y dos canciones más. En Valledupar se armó cierto revuelo, la gente preguntaba por qué no habían llevado a Colacho que era el mejor. Lo concreto es que ya todos empezaron a identificar a Beto Murgas. En el 69, cuando ya Alfredo Gutiérrez era Alfredo Gutiérrez, yo le pedí a Fredy Molina que me lo presentara para que me oyera. De esa reunión salió que Alfredo me grabó “Cariñito mío”, lo que me valió entrar por la puerta grande del vallenato”.

Como durante su época de colegio no existía bus escolar y el pueblo era tan chico, los estudiantes se iban a pie a la casa. En esas caminatas siempre iba una muchachita llamada Isabel Cristina Saurith. A ella le decían “La Negra”. “Nos hicimos novios pero ella era muy celosa, entonces le hice: La negra…dice que ya no me quiere, pero, yo sí quiero a mi negrita…”.

En Valledupar empezó a trabajar con el entonces Ministerio de Salud como promotor de Saneamiento Ambiental y estudiaba Tecnología Agropecuaria en la que hoy es la Universidad Popular del Cesar, además de estar ennoviado con Rosa. Sin terminar esa carrera, se fue a la Universidad de Antioquia y terminó Saneamiento Ambiental. “Después me vine para Valledupar y me casé con Rosa Durán Porto. Eso fue en 1974”. Con ella tuvo dos hijos y extramatrimonialmente, tuvo cuatro: Alberto, que estudió Administración de Negocios e hizo una especialización en Finanzas Internacionales, pero se inclinó más por la música. Hoy tiene un grupo que se llama Gusi y Beto y su primer éxito fue “La Mandarina”, jóvenes nominados al Grammy Latino categoría Cumbia/Vallenato (2008), “como buen descendiente de un Villanuevero debe estar en el cuento de los Grammys”, afirman los tirapiedras.

Luego están Fernando, que es economista; Enrique, que también es compositor; Milena, es abogada y vive en Tunja; Lina, que es Ingeniera de Sistemas y María José, que cursa bachillerato. Para un compositor tan exitoso y prolífico como Beto Murgas, resulta muy complicado señalar una de sus canciones como la más querida, pero en el curso de la conversación, he notado que “La negra”, por sus muchas versiones en todo el mundo, “La gustadera”, “Después de viejo”, “Corazón bandido”, “Las morochitas”, “El dengue de tu amor”, “La trilla”, “Mujeres como tú” o “Nativo del Valle”, podrían resultar algunas de las que nombra más frecuentemente.

Los Hermanos Zuleta, Jorge Oñate, Rafael Orozco con el Binomio, Los Betos, Diomedes, en general los mejores, y otros muchos grupos, han convertido sus temas en éxitos inmortales. Cuando hablamos de compositores, me deja clara su admiración por El viejo Mile. Su Gota Fría suma casi 50 versiones, entre ellas, las de Julio Iglesias, María Dolores Pradera y Paloma San Basilio. “Eso no es gratis”, asegura. Y en lo que parece ser un consenso entre los más conocedores, Beto también señala a El pollo, Luis Enrique Martínez, como el más grande acordeonero de la historia.

…Ahora que estamos frente a letras efímeras, huecas y con poca verdad, los amantes del Vallenato celebramos que Villanueva haya parido a tantos guajirazos para este canto y que Beto Murgas siga defendiendo a la música vallenata del facilismo y la mediocridad

Miguel A. Chavarro Buriticá