RANCHERIASTEREO

martes, 20 de octubre de 2020

SONIA BAZANTA VIDES "Totó la Momposina"


Por: Felix Carrillo Hinojosa.

Su nombre real se perdió entre los golpes constantes de sus ancestros, en un mundo donde ha mandado los tambores como única forma de comunicación entre los pueblos. De esa cultura anfibia que el sabio Fals Borda defendió, surgen los diálogos más sinceros entre los pequeños afluentes a los más poderosos ríos y de estos a nuestros mares. Muchas músicas nacen ahí, que le ha permitido a tantas generaciones recogerla y llevarla a los lugares más lejanos, donde no saben de nuestra existencia.

Ese lenguaje de cantos y tambores ha hecho que ritmos como la cumbia, bullerengue, puya, gaitas, chalupa, garabato, mapale, sones, guaracha, rumba y sexteto, terminaran influenciando su mundo, donde su madre bailarina y cantante en una rueda de ritmos danzó con el que sería su padre, quien en un rebruge de fuertes y matizadas percusiones, le señalaron los caminos por los que ha transitado por más de siete décadas.

Ese "To-To", sonoro y seco sonido de los tambores la bautizó e invitó a recoger, los enigmas que encierra la depresión Momposina, y en un tributo a tanta riqueza de esos pueblos ribereños, se vistió como ellos y se llenó de su música eterna.

En cada escenario, ella camina despacio como si se tratara de una elevación al más allá, donde su voz logra matizar tantas tonadas de notas largas, que son respaldas por los acordes que sus músicos de siempre saben dar.

Su timbre cálido de mujer Caribe revive lo que por tradición ha heredado. Son cuentos, cuyas historias tienen música, unas veces lentas y adoloridas como si estuviera narrando la muerte de tanta gente buena, otras, alegres, punzantes, reclamadoras e invitadoras al baile, que también es otra forma de decirle al mundo que estamos vivos.

De su pueblo salió junto a su familia, bajo el signo violento del éxodo, que saca de su entorno natural a la gente indefensa y olvidada por el centralismo. Ella lo vivió en varios momentos de su vida, al estar en un sitio y luego en otros, en busca de un mejor vivir junto a los suyos, sin apartarse de su ideal lleno de danzas, ritmos y cantos.

En 1964 llegó a la fría capital. Junto con sus padres y hermanos conformó su primer grupo, con el que empezó a caminar en la construcción de su propia historia.

Estudió música en el conservatorio de la Universidad Nacional, que amplió en la Sorbona de París, instituciones de Santiago de Cuba y la Habana. Todo eso, la ha llevado a convertirse en una verdadera líder en la defensa de las músicas que generan identidad, recorriendo pueblos para que esos andares, saberes y decires no se pierdan.

Cada vez que ella canta, es una convocatoria a la defensa de la música colombiana, que se ha mantenido por la laboriosa tarea de sus creadores e intérpretes, que por falta de serias construcciones de cara a las comunidades, muchas de ellas se han perdido.

Ella es rebelde y no le da miedo decir sus verdades, que no son más que las voces de los pueblos, que le dieron esa responsabilidad de defenderlos en los escenarios, a donde ella llega con su canto.
Ella lleva en la garganta, una fina flauta que Dios le dio como dice el verso, de uno de los tantos creadores que nutren el espíritu de la Patria. Así se ha paseado por tantos lugares del mundo, llevando lo que nació con ella. Sus variadas producciones, diez en total, hechas en Colombia y otros lugares del mundo, le ha permitido ser nominada en cuatro ocasiones al Grammy Latino y ganar ese gramófono en dos oportunidades, para bien de esa música del Caribe que nos representa.

Ella es una peleadora de su esencia, donde avanza sin perder el norte de su mágica música. En el 2011 obtuvo el premio Nacional vida y obra que otorga el ministerio de cultura, que es el reconocimiento a los espíritus africanos e indígenas, que son múltiples en lo rítmico que encierra su cuerpo y permanecen ahí, no se han ido, así como ella, que es una danza de variados colores que representa a la Colombia diversa, multicultural que como un arcoíris camina con brío, en los diversos lugares donde su naturaleza avanzante le permite llegar"
(Sonia Bazanta Vides "Totó la Momposina" nació en Talaigua Nueva, Bolívar, el 1 de agosto de 1940. Padres Libia Vides y Daniel Bazanta).

lunes, 19 de octubre de 2020

ESPERANZA ACEVEDO OSSA "VICKY" Y SU POBRE GORRIÓN


Por: Félix Carrillo Hinojosa "Fercahino"

Su madre, una ama de casa bondadosa y de risa infantil permanente y su padre, un líder de la vieja usanza política y alcalde de su pueblo, decidieron llevarla a la pila bautismal como su esperanza especial, sin pensar que años después, un empresario del espectáculo le cambiaría el nombre, para darle alas a todo el arte que su alma tenía.

Por causa de la violencia que nos ha acompañado por varios siglos, sus padres emigraron con sus tres hijos, dos varones y su esperanza. En esa Palmira señorial, de inicios de la década del 50 del siglo pasado, comenzó su mundo artístico mientras bordaba manteles como tarea en el Colegio de las Monjas Vicentinas. Allí estudió la primaria y se dedicó a coleccionar medallas de las vírgenes, al tiempo que se pegaba al radio de tubos Telefunken, que para escucharlo debía estar caliente, donde los pasodobles, tangos, vals y boleros, llenaban el gusto musical de su progenitor y de paso, la acercaba al mundo de las voces y orquestación representada por los artistas del momento. Uno de esos ídolos fue Carlos Julio Ramírez, a quien un día su madre encontró imitando con un palo a manera de micrófono y moviéndose como si estuviera en un escenario de verdad. La dejó por varios minutos hasta que terminó de cantar. Se sorprendió cuando se volteó y de frente le dijo, "voy a ser cantante". "Ni que la escuche su padre. Póngase a hacer sus tareas y no se diga más.

Ese primer decir de su inquietud musical, no se frenó ahí. Era la primera en organizar las rondas musicales en su colegio y como cierre, cantaba las baladas de Leonardo Fabio, el rock and roll de Elvis Presley y las del dueto Antaño.

Su adolescencia estuvo agitada, por las constantes pretensiones de los jóvenes de su edad, en las que fue selectiva y de pocos amores.

Al llegar a Bogotá en los años sesenta con su madre y hermanos, se encontró con su prima Alicia Uribe, quien le contó del programa radial que mostraba nuevos talentos. Ese programa era el Club del Clan que se hacía en Radio Cordillera. Ella trabajaba en el Banco del Estado donde sus compañeros le descubrieron sus dones cantorales y su afición como espectadora de ese programa. Ellos fueron quienes incidieron para que cantara. Era un programa en vivo y empezaron a corear: "que cante esperanza, que cante". Ante la insistencia de sus compañeros, Guillermo Hinestroza, director del programa la invitó a cantar, a lo que se negó. Todo no quedó ahí, porque el director con su olfato de buscador de estrellas, la mandó a ensayar detrás del escenario, con el permiso de su señora madre, ella eligió cantar "Mi baby" una canción que estaba pegada. Al subir al escenario, llena de nervios, el director la presentó como si fuera una reconocida estrella de la canción, "Señoras y señores, con ustedes la sensacional, la espectacular, la única, Vicky". Ese fue el bautizo musical que le dio Guillermo Hinestroza en 1965 y así se quedó para siempre.


Este primer logro la llevó dos años después al disco y fue la empresa Sonolux donde grabó "Llorando estoy", cuyo acetato se vendió de tal manera, que a todos sorprendió. Su primera presentación en Televisión lo hizo en el programa "Variedades" dirigido por Gloria Valencia de Castaño, por lo que le pagaron mil pesos.

Este primer logro musical estuvo empañado, por la malquerencia de un grupo de colegas, que la señalaron de unas situaciones de mal gusto, que la llevaron a una ausencia de siete años del disco y las presentaciones en vivo.

A su regreso en 1973, después de estar en Venezuela donde una tía, es Alfonso Lizarazo quien anunció con bombos y platillos su regreso. Ese momento se nutrió con nuevas obras cuyo éxito no se hizo esperar a través de canciones como "Las estaciones", "Tan sola", "Lloraré", "Amigo caminante".

Seis años después produce su obra cumbre, que surge de la observación que hizo de un gorrión parado en la reja del antejardín, al que le caía una llovizna. Eso la volvió sensible y la comparó con su propia vida.

Siempre consideró a sus canciones como las hijas que nunca tuvo. En uno de esos arranques propios de su mundo jocoso, consideró que "hacer canciones es como parir por la cabeza".
Renuente al matrimonio, se embarcó en varios romances que le nutrieron su alma musical, pero que la llevaron a una soledad programada.

Al partir su señora madre, la artista entró en una desazón que la alejó de mostrar nuevas canciones y unas pocas ganas de continuar en el mundo de la vida.

En medio de su vida agitada, en donde le dedico más de cuatro décadas a la música, y ser considerada por los críticos musicales como "la Mari Trini" de Colombia, un día se dedicó a escribir el libro "Pobre Gorrión" a manera de autobiografía, donde está lo divino y lo humano de una mujer que al escribir desnudaba el alma, que muchos vieron como antipática, pero quienes tuvimos la fortuna de tenerla cerca, sabemos que su carácter iba de frente y no se escondía para decir si o no.
Su obra está en el catálogo de lo clásico de una música que como la balada, la tiene a ella, como una cantautora de grandes kilates.

Sus seguidores se han renovado en el tiempo, pero sus creaciones siguen plegadas al alma nacional, que la vio partir cuando sus pulmones le jugaron una mala pasada y le negaron el tiempo necesario para seguir viviendo"
(Esperanza Acevedo Ossa "Vicky" nació en Anserma Nuevo el 11 de noviembre de 1947 y falleció en Bogotá, el 15 de marzo de 2017. Padres Graciela Ossa y Saulo Acevedo Arboleda).

jueves, 20 de febrero de 2020

ISMAEL ZULETA. UN SAHAGUNENSE DE VERDAD VERDAD


Por Róbinson Nájera Galvis.
Unos días atrás, observé a Ismael Zuleta en una reunión en el Barrio San Pedro, orientando sobre las posibilidades del cambio de nombre de la Plaza Cultural de Sahagún, oficializado mediante el polémico acuerdo 030 de noviembre 28 de 2018 por el Alcalde y el Concejo Municipal salientes. Más adelante, sin que él jugara fútbol, lo vi en una foto del recuerdo de la Selección Sahagún de mediados de la década del 70 que se enfrentó a las Reservas del Junior de Barranquilla en la cancha del Colegio Andrés Rodríguez B. Al día siguiente leí la noticia que lo anunciaba como uno de los principales organizadores del Festival de Acordeoneros y Compositores de Sahagún. Ante esta visión de una persona que aparece en escenarios distintos aportando algo, sólo quedan dos opciones: admirarlo o dudar de sus intenciones.
Pero estoy seguro que la mayoría de los sahagunenses estábamos de acuerdo. Ismael en lo referente a las cosas de Sahagún solo trabajaba por amor al arte. Para él la vida sin mover una paja, tal vez le parecía una jartera, una cucharada insípida e incolora, un paseo por el mundo demasiado aburridor. Desde siempre debió sentir que tomar la vida a fin de llenarse el cuerpo y el estómago para sí mismo, llevándose a otros por delante, era una miserableza, por eso, su cabeza lúcida y pletórica de inteligencia decidió ponerla en toda circunstancia al servicio de causas comunes. Así disfrutaba la vida, la saboreaba, la exprimía, la degustaba. Lo que no entendemos es esa jugada tan traicionera y desafortunada de su corazón, si las personas que aman intensamente como él, deben blindarse por mucho más tiempo con el elixir de vida.
Algunos opinan que Ismael nació en San Marcos, otros que en El Viajano. Eso no tiene ninguna importancia, lo interesante es que tenía a este Municipio metido en la cabeza. En el trasegar del tiempo demostró que no era cualquier pintado en la pared sino un Sahagunense de verdad verdad. Su temprana partida deja un vacío que a veces produce desesperanza, más cuando en algunas oportunidades intentó brindar con sinceridad y honestidad: su preparación en derecho administrativo a toda prueba, su calidad humana al servicio de personas de todas las clases sociales, su amistad, sencillez y gran amor al terruño para dirigir los destinos del mismo, pero no sabemos qué hada maligna se nos atravesó en el entrecejo para no dejarnos ver su buen propósito. Ojalá su alma benevolente, desde el cielo nos siga iluminando en este valle de lágrimas y corrupción.
Seño Farly, Mayra Alejandra y Alberto Mario, la desaparición física de una persona buena duele en lo más profundo de nuestro ser, más a ustedes que estaban acostumbradas a su compañía permanente, a sus cuidados, a sus enseñanzas, a su fraternidad. Ismael Zuleta era de las personas que ponen y muestran el corazón en todo lo que hacen, tienen una visión de futuro y fortaleza para anteponerse a las dificultades. Estas son algunas de las razones que los hace triunfadores en la vida, quizá hasta más allá de la muerte, pues ni ella podrá borrar el brillo permanente de sus ojos, la intención vestida de amor de todos sus actos o el color de la sonrisa que le deparaban sus éxitos y los de ustedes, su familia, porque todo ello queda dibujado en miles de corazones. Siéntanse afortunados de haber tenido un esposo y un padre irrepetible.
Reina de papel, Fredy Sierra & ismael Zuleta

sábado, 18 de enero de 2020

PROGRAMACIÓN FESTIVAL VALLENATO 2020

Festival de la Leyenda Vallenata anuncia programación 2020

La edición 53 rendirá homenaje a Jorge Oñate

La edición número 53 del Festival de la Leyenda Vallenata se realizará entre el 29 de abril y el 2 de mayo de 2020. Jorge Oñate será el gran homenajeado, mientras que el compositor Rosendo Romero Ospino, ‘El poeta de Villanueva’, será reconocido por su gran gesta a favor del folclor vallenato donde ocupa un lugar de honor.
Los organizadores del Festival de la Leyenda Vallenata dieron a conocer la programación de la edición 2020 que comenzará con el desfile de Jeeps Willys Parranderos el sábado 25 de abril. Al día siguiente será el desfile de piloneras en las categorías Infantil y Juvenil. A esto se suma el concurso de Pintura Infantil, ‘Los Niños pintan el Festival de la Leyenda Vallenata’.
A partir del lunes 27 de abril se inician los concursos que son Acordeoneros Categoría Infantil y Acordeoneras Categoría Menor.
El martes 28 tendrán cabida los concursos de Acordeoneros Categoría Juvenil, Acordeoneros Categoría Aficionado y Piqueria Menor. El día siguiente, 29 de abril, Acordeoneros Categoría Profesional, Acordeoneras Categoría Mayor y Piqueria Categoría Mayores. De igual manera, se llevará a cabo del desfile de Piloneras en la Categoría Mayor y el acto inaugural del 53° Festival de la Leyenda Vallenata.
El día 30 de abril se inicia el concurso de Canción Vallenata Inédita.

Programación 53º Festival de la Leyenda vallenata

Sábado 25 de abril
Desfile de Jeeps Willys Parranderos

Domingo 26 de abril
Concurso de Pintura Infantil ‘Los Niños Pintan el Festival Vallenato’

Desfile de Piloneras - Categorías Infantil y Juvenil

Lunes 27 de abril
Primera Ronda Concursos
Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Aires: Merengue y Paseo

Martes 28 de abril

Conversatorio

Primera ronda de concursos

Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Aires: Puya y Son
Acordeoneros Categoría Juvenil
Acordeoneros Categoría Aficionado
Aires: Merengue y Paseo
Ronda Categoría Piqueria infantil

Primera Ronda Concursos

Miercoles 29 de abril
Acordeoneros Categoría Juvenil
Acordeoneros Categoría Aficionado
Aires: Puya y Son
Acordeoneros Categoría Profesional
Acordeoneras Categoría Mayor
Aires: Merengue y Paseo
Piquería Categoría Mayores

Segunda Ronda Concursos

Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Desfile de Piloneras
Categoría Mayor
Ceremonia de Inauguración

Jueves 30 de abril
Semifinal concursos
Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Segunda Ronda Concursos
Acordeoneros Categoría Juvenil
Acordeoneros Categoría Aficionado
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Piqueria Categoría Mayores y Menores
Primera Ronda Concursos
Acordeoneros Categoría Profesional
Acordeoneras Categoría Mayores
Aires: Puya y Son
Canción Vallenata Inédita

Gran Final Concursos

Acordeoneros Categoría Infantil
Acordeoneras Categoría Menor
Piqueria Categoría Menores
Espectáculo Musical

Viernes 1 de mayo
Semifinal concursos
Acordeoneros Categoría Juvenil
Acordeoneros Categoría Aficionado
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Piquería Categoría Mayores

Segunda ronda concursos
Acordeoneros Categoría Profesional
Acordeoneras Categoría Mayor
Aires: Merengue, Paseo, Puya y Son
Canción Vallenata Inédita

Gran final concursos

Acordeoneras Categoría Mayor
Acordeoneros Categoría Profesional
Canción Vallenata Inédita
Espectáculo Musical.

lunes, 16 de diciembre de 2019

ALBERTO"BETO" MURGAS


Nació en Villanueva (La Guajira) un miércoles 8 de septiembre de 1948. En la casa donde vio la luz por primera vez Alberto “Beto” Murgas, por el frente entraba la música por los ensayos de la orquesta de Reyes Torres, mientras que por el patio, se colaban las melodías de Juancho Gil, el papá de “El Turco”; y a dos casas de la suya, vivía Emiliano Zuleta Baquero. Se podría decir que Beto Murgas nació arrinconado por la música, que a Beto lo surtió la brisa. Por ese solar, por donde la música abría portillos para untar el oído de Beto, corrieron sus siete hermanos: Enrique, fallecido; Abalis, Rosita, Mary, Eddy y Darío que son músicos y María Irma. Sus padres, ya fallecidos, fueron José Murgas y Rosa Peñalosa.

En el Liceo Colombia hizo la primaria. Sus inicios fueron como los de todos los músicos de Villanueva: un grupo que tocaba con picos de botella ajustados y, en medio, papel celofán; el acompañamiento era con latas, con peinillas… Después, sus idas a La Sierra, un sector finquero donde los abuelos tenían la suya y por donde transitaban los acordeoneros errantes. Sabido de esa circunstancia, Nelson Martínez, un señor que estaba enamorado de una tía suya, se llevó un acordeón muy pequeño, de dos teclados, para que, cuando los juglares llegaran para el 11 de noviembre, día de San Martín y luego para Navidad, le enseñaran a tocar. Aquel sobrino intrépido se lo encontró y empezó “a fregarle la vida al acordeón”. Héctor Gallo, un vecino, se dio cuenta de que “Betico” tenía actitud musical y le enseñó cómo se debía coger el aparato. A los dos meses de estar en La Sierra, cuando Beto bajó de nuevo al pueblo, ya sabía tocarlo para el asombro de sus vecinos y amigos.

Por entonces, aquella camada de prometeros vallenatos formó una agrupación y su primer contrato lo hicieron con Lázaro Morillo, Lacho, por 30 centavos. El compromiso era tocar un caminoteo, en el Carnaval, que consistía en acompañarlos a ellos disfrazados. “¡Nosotros tocábamos por toda la calle, y ellos hacían morisquetas disfrazados…! Nunca le habíamos visto la cara a una moneda propia. Lo primero que hicimos fue comprar un coco, panela y queso, y darnos un banquete. Después, Ezequiela Sánchez quien ya sabía que yo tocaba y no tenía acordeón, fue a Maracaibo y compró un acordeón para que yo se lo pagara con música. Ella hizo una caseta que se llamaba La Mecedora en honor al gallo famoso de Enriquito López. Luego vino la época en la que Emilianito tenía su grupo y yo el mío; los hijos de los ricos armaban bailes y nos ponían a tocar para ver cuál baile se llenaba más. Ahí nos dábamos espuela con quien hoy es el padrino de un hijo mío, Emilianito”. Recuerda Beto Murgas.

Ya en el colegio Roque de Alba, en donde hizo su bachillerato, Beto agarró la onda de la Nueva Ola, pero al final más pudieron sus raíces. En el 65, enamorado, compuso “Amalia” que nunca se grabó, pero que lo hizo conocer: “Un domingo yo estaba en misa y llegó César Mendoza, el rector del colegio El Rosario que tenía un grupo pero no tenía acordeonero, me sacó de la mano y me llevó donde mi mamá para convencerla de que me dejara ir a Bogotá. A mitad de semana nos fuimos y yo me presenté en La Hora Philips. Toqué “Amalia” y dos canciones más. En Valledupar se armó cierto revuelo, la gente preguntaba por qué no habían llevado a Colacho que era el mejor. Lo concreto es que ya todos empezaron a identificar a Beto Murgas. En el 69, cuando ya Alfredo Gutiérrez era Alfredo Gutiérrez, yo le pedí a Fredy Molina que me lo presentara para que me oyera. De esa reunión salió que Alfredo me grabó “Cariñito mío”, lo que me valió entrar por la puerta grande del vallenato”.

Como durante su época de colegio no existía bus escolar y el pueblo era tan chico, los estudiantes se iban a pie a la casa. En esas caminatas siempre iba una muchachita llamada Isabel Cristina Saurith. A ella le decían “La Negra”. “Nos hicimos novios pero ella era muy celosa, entonces le hice: La negra…dice que ya no me quiere, pero, yo sí quiero a mi negrita…”.

En Valledupar empezó a trabajar con el entonces Ministerio de Salud como promotor de Saneamiento Ambiental y estudiaba Tecnología Agropecuaria en la que hoy es la Universidad Popular del Cesar, además de estar ennoviado con Rosa. Sin terminar esa carrera, se fue a la Universidad de Antioquia y terminó Saneamiento Ambiental. “Después me vine para Valledupar y me casé con Rosa Durán Porto. Eso fue en 1974”. Con ella tuvo dos hijos y extramatrimonialmente, tuvo cuatro: Alberto, que estudió Administración de Negocios e hizo una especialización en Finanzas Internacionales, pero se inclinó más por la música. Hoy tiene un grupo que se llama Gusi y Beto y su primer éxito fue “La Mandarina”, jóvenes nominados al Grammy Latino categoría Cumbia/Vallenato (2008), “como buen descendiente de un Villanuevero debe estar en el cuento de los Grammys”, afirman los tirapiedras.

Luego están Fernando, que es economista; Enrique, que también es compositor; Milena, es abogada y vive en Tunja; Lina, que es Ingeniera de Sistemas y María José, que cursa bachillerato. Para un compositor tan exitoso y prolífico como Beto Murgas, resulta muy complicado señalar una de sus canciones como la más querida, pero en el curso de la conversación, he notado que “La negra”, por sus muchas versiones en todo el mundo, “La gustadera”, “Después de viejo”, “Corazón bandido”, “Las morochitas”, “El dengue de tu amor”, “La trilla”, “Mujeres como tú” o “Nativo del Valle”, podrían resultar algunas de las que nombra más frecuentemente.

Los Hermanos Zuleta, Jorge Oñate, Rafael Orozco con el Binomio, Los Betos, Diomedes, en general los mejores, y otros muchos grupos, han convertido sus temas en éxitos inmortales. Cuando hablamos de compositores, me deja clara su admiración por El viejo Mile. Su Gota Fría suma casi 50 versiones, entre ellas, las de Julio Iglesias, María Dolores Pradera y Paloma San Basilio. “Eso no es gratis”, asegura. Y en lo que parece ser un consenso entre los más conocedores, Beto también señala a El pollo, Luis Enrique Martínez, como el más grande acordeonero de la historia.

…Ahora que estamos frente a letras efímeras, huecas y con poca verdad, los amantes del Vallenato celebramos que Villanueva haya parido a tantos guajirazos para este canto y que Beto Murgas siga defendiendo a la música vallenata del facilismo y la mediocridad

Miguel A. Chavarro Buriticá

miércoles, 17 de julio de 2019

VALENCIA DE JESÚS, EL EDÉN MUSICAL DE CALIXTO OCHOA CAMPO

Por: José Atuesta Mindiola

En la época prehispánica, Valencia de Jesús era un paraje de indígenas Chimilas; estaba rodeada de fértiles  llanuras, conocidas como Sabanas de Poponí, y en el centro de ellas, un cerro oteaba: al norte, los picos blancos de la Sierra-Madre (La Nevada) y el nacimiento del río Los Clavos; al este, la ruta de frondosos campanos en los caminos al Valle del Cacique Upar; al sur, kilómetros de verdes sinfonías de sabanas y el viaje de su río en busca de las aguas del Cezare; al occidente, bosques  de palmas de corozos y sabanas detenidas en el sol de los venados.

Todo este paisaje virginal fue una tentación para la llegada de los españoles, que se inicia en 1590 con el capitán Antonio Flórez, quien bautiza el lugar con el nombre de Valencia de Jesús, y abre el camino a otros colonizadores. En el siglo XVIII, llegó a ser una villa reconocida por su numerosa población, algunas edificaciones semejantes a la típica arquitectura española, y populosos hatos de ganados mayores y menores que servían de sustento para proveer a la provincia de Cartagena.

Sin embargo en el siglo XIX, Valencia tuvo un notorio retroceso; el sociólogo Ariel Rincones (nativo de esa población) explica una de las causas posibles de esta decadencia: “el resultado de las luchas independentistas en la primera mitad del siglo XIX.

La clase dirigente de Valencia de Jesús en ese entonces estaba conformada por españoles y sus descendientes, los cuales se opusieron y enfrentaron los procesos de liberación en la región. La derrota de la autoridad realista provocó la huida de gran parte de los habitantes de Valencia, contribuyendo además, al desmoronamiento de su economía, como también ocurrió con sus edificaciones”.

De los pocos habitantes raizales y los escasos que más tarde llegaron (criollos y mulatos) surge el mestizaje de una nueva población, que se dedica al trabajo agropecuario. En lo espiritual, la tradición católica, que viene desde del año 1700, cuando construyó la iglesia el señor cura y vicario español, don Domingo Antonio de Mier y Cortines. Hoy la iglesia es Monumento Nacionaly epicentro de una de las celebraciones más tradicionales y reconocidas en toda la región y el país: la Semana Santa.   

En la primera mitad del siglo XX, Valencia de Jesús parecía detenerse en el tiempo, los hombres dedicados a las faenas agropecuarias. De esas noches de luna y de silencios en los patios, aparecen dos valencianos, hijos de Cesar Salomón Ochoa López y María Jesús Campo, Rafael Arturo y Juan Bautista, y con sus acordeones llenan de fiesta el corazón de sus paisanos, y detrás de ellos, el hermano menor, Calixto Antonio, quien en edad juvenil descubre su talento musical.

Tal vez, iluminado por el precepto bíblico de que nadie es profeta en su tierra, decide viajar hacia las Sabanas, tierra mítica de los Zenúes, y se queda en (Sincelejo), emporio de música de bandas; y, sin olvidar sus raíces vallenatas, se nutre de estas influencias que fortalecen su capacidad artística hasta alcanzar la talla de maestro de la música popular.

La fidelidad a sus orígenes, y a sus ancestros campesinos, se patentiza en los versos de sus canciones, que son una exaltación del entorno natural. El paisaje de la infancia permanece indeleble en la memoria. ¿Qué hay en ‘Lirio rojo’, su primera canción grabada?, una estela, esencialmente, romántica; un lamento por la pérdida de su amada, pero de alto contenido poético con matices paisajistas.

Yo tenía mi lirio rojo bien adornado

con una rosita blanca bien aparente,

pero se metió el verano y lo ha marchitado

por eso vivo llorando la mala suerte...

Es una evidencia al paisaje; en este caso, de Pueblo Bello, un poblado incrustado en las faldas de la Sierra Nevada, donde conoce a su primera esposa, Carmen Mestre. El verano es la metáfora de la ausencia, de la melancolía que produce la desolación. Hubo un corto noviazgo y un amor efímero. La calidad poética y la sutileza de la melodía son tan sublimes que hay que detenerse con oído atisbador para detectar las lágrimas del autor por el amor perdido. 

En ese mismo tenor poético se ubica la canción, ‘Los sabanales’, que es un canto que recuerda los próvidos momentos de amor y clama por revivirlos; pero también es una profunda añoranza de los sitios frondosos que pincelan los lienzos de la memoria juvenil. 

Cuando llegan las horas de la tarde

que me encuentro tan solo y muy lejos de ti,

me provoca volver a los guayabales

y aquellos sabanales donde te conocí…

En su faceta costumbrista, canta a personajes campechanos, que, en cierta manera, es su vida de campesino frente al asombro de las cosas de la ciudad. ‘El Compae Menejo’, que al salir por primera vez, del monte para la Ciudad, se detiene de estupor al ver la luz eléctrica, y piensa que es un calabacito alumbrador. El pedagogo e investigador de la didáctica de las Ciencias Naturales, Rómulo Gallego Badillo, toma este ejemplo del Calabacito alumbrador para explicar lo que en pedagogía se considera un preconcepto, que no es más que ese saber popular que hay que desaprender para entrar al saber científico.      

El canto vallenato es una escuela de la vida, una crónica contada en versos y una fiesta de la poesía popular para celebrar la vida y alejar la muerte. Calixto era un músico completo: tocaba acordeón, cantaba y componía letras románticas, narrativas, bucólicas y picarescas. También, compuso y cantó con gran maestría  los cuatro aires vallenatos (paseo, puya, merengue y son), que le dieron el aval para coronarse el tercer rey de la Leyenda Vallenata (1970). Además, hizo canciones en los ritmos de porro, cumbia, charanga, fandango, tambora, chandé,   y es el padre del ritmo paseaíto; por eso es reconocido como el compositor de música popular más versátil del Caribe colombiano.

Calixto Antonio Ochoa Campo nació y vivió para la música. Era fiel a sus orígenes: su tierra natal, el paisaje de la infancia, su condición de hombre de campo, su apego a la gente de pueblo, su gratitud por la amistad y su franqueza con la vida. Para él no es válida esta sentencia religiosa: “El hombre es una lámpara apagada, toda su luz se la dará la muerte”. Porque con su  extensa obra musical (más de mil canciones grabadas) hizo de su vida un esplendor de luz y de grandeza, que seguirá brillando por la calidad de sus melodías y de sus versos.