RANCHERIASTEREO

miércoles, 13 de enero de 2021

LA MUERTE DE ALICIA CANTILLO

Por: Stevenson Marulanda Plata.

Alicia Adorada, la que murió solita, murió rogándole Dios y a todos sus santos que no la dejaran morir. 

¡Pero qué va! Dios en la Tierra no tiene amigos, todo fue en vano. Alicia, como Remedios, la bella, se fue. 

—Tenía las piernas hinchadas, estaba llena de mordiscos por todo el cuerpo y sangraba por los dientes—, afirma María Polo, su cuñada y vecina allá en Flores de María, aislado, mítico y mísero caserío entre  burros, el polvo y la escasez del verano, y la maleza y los lodazales de las correntías invernales, a dos horas de Fundación, donde vivía.

—Le cayó gradera y falla de sangre, y no la aguantó. Y ajá, uno de pobre—. Remató la hermana de Juancho, luego de un profundo y lastimero suspiro. 

La eclampsia es una letal enfermedad que se presenta en mujeres embarazadas, debido a la intoxicación de la sangre por unas sustancias venenosas producidas en la placenta. Casi siempre ataca a primerizas después de las 20 semanas de gestación. 

 Alicia, que había nacido el 14 de diciembre de 1922, iba a cumplir 19 años cuando murió aquel fatídico domingo siete de abril de 1940, sin poder tener su primer hijo o hija, que esperaba de un músico de acordeón “borracho maldito, feo e indigno de mi bella hija”. 

Sus piernas estaban hinchadas porque sus riñones dejaron de orinar. La terrible inflamación de la sangre taponó sus micro filtros, fue así que las toxinas y los líquidos corporales de Alicia Adorada se acumularon, y abotagaron aquella esplendida anatomía que un día volvió loco de amor romántico a ese trovador ambulante, que Felicidad Mendoza, su mamá, odiaba con tanto ardor porque se la había raptado una noche en un operativo de burros, trochas y connivencias de amores furtivos en trojas, patios y tras patios.

Así y todo, sus elefantiásicas piernas no dejaron de doblar sus adoloridas y suplicantes rodillas, rogando al cielo su sanación.

Esfuerzo inútil, porque aquel sueño profundo ¡ay hombe! la vida le volvió nada. A ella. ¿Y a su niño o niña? Nadie volvió a hablar de ese olvido que llevaba en su vientre. Pobre Valencia.

Esta hoguera inflamatoria, tan parecida al Covid19, es tan maldita, que a las pacientes eclámpticas es como si le picaran mil víboras cascabel el mismo instante. Ella no sangró por los dientes, como dijo su cuñada, sino por la encía, y las marcas de la piel no son mordiscos, sino sangre licuada y derramada en las entrañas de la piel, que nosotros los médicos llamamos equimosis. Este derrame sanguíneo o “falla de sangre”, como de manera humilde dijo María, técnica y científicamente es una falla real y cierta de los mecanismos de coagulación de la sangre, que en lenguaje médico llamamos Coagulación Intravascualar Diseminada (C.I.D). 

Seguramente Calixta Alicia Cantillo Mendoza, hizo hipertensión arterial y falla renal, y me imagino yo, que también convulsionó antes de morir; porque Alicia, la mujer que se volvió canción, la mujer de Juancho Polo “Valencia”, el histórico trovador, sin temor a equivocarme, murió de eclampsia. Su primerizo embarazo, la hinchazón de piernas, los moretones por todo el cuerpo y el sangrado por las encías, no me dejan ninguna duda.

—A los tres días, como loco y desmentizao llegó el compadre Valencia a Flores, estaba parrandeando en Pivijay— dijo un compañero de trago. 

Pero solo encontró la pila de tierra muda, encima, una cruz de palo, y sobre ella, unas flores de monte ya retostadas por el sol, y así, en medio de las atosigantes recriminaciones de familiares y amigos, este poeta campesino, filósofo elemental, con la cincha de dolor que le aprisionaba el pecho, en el escueto cementerio pisó la tierra recién movida y unas flores recién muertas, y encima se cinchó el acordeón, brotando entonces:

*—Como Dios en la Tierra no tiene amigos, como no tiene amigos anda en el aire, tanto le pido y el pido ¡ay hombe! y se llevó a mi compañera.*

Juancho tenía razón. Él sabía como instintivo filósofo nietzscheano, que Dios no iba a oírlo, como tampoco sus santos oyeron los ruegos de Alicia, pero se la cantó. 

Le hizo saber al Supremo Creador que aquí en la Tierra estaba haciendo falta, que mientras Él, como una metáfora que nos excede cual *"lucero espiritual más alto que el hombre, que no sabe uno adónde se esconde en este mundo historial,"* andaba muy  despreocupado y tranquilo “flequetando” por los aires, mientras la gente aquí sufría lo indecible.  

Juan Manuel Polo Cervantes, su verdadero nombre, es una de las profundas raíces que aún sostienen, alimentan y mantienen vivo, fértil y pródigo el árbol de la música de acordeón en el Caribe colombiano, y especialmente a la música vallenata.

Fue una mezcla auténtica de juglar y trovador. Lo primero, porque era trashumante, pobre y parrandero itinerante; lo segundo, porque además de ser visionario y trascendente, veía lo que la mayoría de la gente no, y hacía canciones con gran contenido filosófico y de alta calidad estética. Razón esta por lo que sus amigos de parranda lo apodaron Valencia, en honor al poeta payanés Guillermo León Valencia que llevaba dentro, y de quien recitaba de memoria sus poemas. Por eso se inmortalizó como Juancho Polo Valencia.

        Juancho Polo “Valencia” hace parte de una tanda de legendarios acordeoneros y cantautores de esta música afrocaribe. 

Nació en Concordia, corregimiento de Cerro de San Antonio (Magdalena), y su cuerpo murió de sesenta años en 1978 en Fundación.

       Su memoria y la de su Alicia Adorada viven en nosotros y vivirán en quienes nos sucedan por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 7 de enero de 2021

Crónica: Ya llega enero y estrenando el año aparecen las cabañuelas

Por: Juan Rincón Vanegas 


El compositor Roberto Calderón Cujia teniendo la base de las predicciones meteorológicas de los hombres del campo, las llevó al plano del amor para tener el mejor horizonte y poder sembrar en campo fértil-

Aquella vez, hace exactamente 38 años, la inspiración le llegó al compositor Roberto Alfonso Calderón Cujia unida a los pronósticos de las cabañuelas, pero no aplicada a los métodos tradicionales de predicción meteorológica de los campesinos, sino a que las lluvias de amor aparecieran pronto para sofocar el calor del olvido.

Era una razón valedera para el hombre enamorado al notar como la mujer que amaba se estaba perdiendo en el adiós de la vida. Entonces, siendo práctico y después de darle vueltas al primer verso lo consignó de la siguiente manera.

“Ya llega enero y estrenando el año rostros alegres de esperanzas sueñan, y comparé mis sentimientos con las cabañuelas, y dibujé mi corazón como cuarteada tierra, que haya tierra mojada”.

En ese trance del sentimiento en crisis y con el corazón afligido plasmó la alternativa de declararse en huelga.

“Que venga mi adorada porque si ella no viene me declaro en huelga. Tanto que la quise que hasta un día juré no volverla a mirar, pero es tanto el amor que no aguanté el dolor y tuve que llorar”.

Con la tristeza en primera fila continuó desabrochando los recuerdos que le atormentaban el alma y ponían en jaque su paz interior.

…Y esas son las cabañuelas de un hombre enamorado, que sueña que se le olviden sus penas, que anhela que este por fin sea su año. Cabañuelas de amor, adiós dolor y que llueva”.

Claro, que ese sinsabor lo acompañó en muchas ocasiones como cuando a una joven le cantó: “Yo sé que tú te alejas como el ave que se va, dejando mi pobre alma triste con una ilusión”.

Historia de ‘Cabañuelas’

El compositor Roberto Calderón, el mismo que aconseja esperar al amor desbordar el silencio para después escuchar un eco de felicidad, contó la historia de su canción ‘Cabañuelas’ que grabaron los hermanos Zuleta en el año 1982.

“Acostumbraba a ir mucho a la finca ‘Los Haticos’ de propiedad de mi abuelo Enrique Cujia, a unos 15 minutos de San Juan del Cesar. Allá, él solía sentarse a la mesa con un almanaque Bristol en la mano e iba mirando al cielo y analizando cómo sería el tiempo para la siembra de los productos de pan coger”.

Se emocionó contando como aquel veterano agricultor cada comienzo de año trazaba el futuro a través de las famosas cabañuelas.

Ese acontecimiento le quedó calcado en su memoria y no le fue difícil hacer la comparación con una cosecha de amor que necesitaba las lluvias necesarias para germinar y después dar los mejores frutos.

“Todo pasó en un episodio de amor bastante difícil naciendo la canción que estuvo pensada del hecho de las cabañuelas. Pude descifrar ese momento que estaba pasando para lograr rescatar el amor de mi novia Ligia Zarante. Esta obra la hice en una casa del barrio Las Cumbres de Barranquilla”.

Cuando en la canción se preguntaba cómo sería su año, apareció la cuñada a decirle que todo se veía bien en el firmamento del amor.

“En medio de las dificultades me preguntaba si Ligia sería la mujer de mis sueños, la mujer de mi vida y encontré la respuesta en su hermana gemela. Ella me dijo que estuviera tranquilo que ella me adoraba, Enseguida le dije. ”Muchas gracias cuñada, con esa confidencia me descansa el alma”.

Al poco tiempo de hacer la canción se la presentó a los hermanos Zuleta, quienes estuvieron de acuerdo en grabarla y lo invitaron a Bogotá para que hiciera la pista.

“Allá se hizo todo y tengo como anécdota que el ‘Intro’ de la canción se la tocó antes Ovidio Granados, quien era el técnico de acordeones, a Emilianito. A él le gustó tanto que después de practicarla la grabó”.

La canción se convirtió en éxito, pero un tiempo después a la misma Ligia le hizo otra canción, ya con el toque del adiós definitivo.

La banca de atrás

Entre tantos intentos de enderezar el amor vino un episodio que le tocó el alma, la tristeza llegó con la mayor fuerza y su corazón se llenó de melancolía.

El epicentro fue la Iglesia Nuestra Señora de Torcoroma de Barranquilla, donde asistió a un matrimonio. Todo lo resumió en la frase: “La que hace una hora era mi novia, hoy se entrega a otra persona diciendo que sí”.

Al invitarlo a contar la versión de este hecho que hizo canción, manifestó: “Ella era mi novia, pero yo poco la visitaba debido a mis estudios universitarios, y a pesar de todos los detalles míos se aburrió y miró para otro lado. Se volvió a enamorar y yo no sabía nada hasta que supe de su matrimonio”. Acá cae como anillo al dedo el famoso dicho: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

Roberto Calderón el día de la ceremonia nupcial comenzó a ingerir licor desde temprano y en la tarde partió para la iglesia a estar presente en el acto.

Entró, se sentó en la banca de atrás y cuando la ceremonia avanzaba el sacerdote preguntó si alguien entre los presentes tenía impedimento para que la unión matrimonial se llevara a cabo. Aseveró enseguida. “Que hable ahora o calle para siempre”.

Roberto, tuvo ganas de contar la verdad, sin embargo se quedó quieto y permitió que ella fuera feliz con el hombre que eligió. Dejó quieta la alegría ajena, así el fogón de la tristeza estuviera ardiendo por dentro.

Al llegar a la casa donde hizo la canción ‘Cabañuelas’ no perdió tiempo porque tenía los insumos necesarios. Se sentó, escribió en una libreta, tomó la guitarra y rodeado de intenso dolor se desahogó componiendo ‘Esta es mi historia’, que también grabaron los hermanos Zuleta en el año 1984.

Al final Ligia, aquella hermosa novia, se quedó observando la luna de Barranquilla, esa que tiene una cosa de maravilla, y él partió para su tierra a seguir cantando su famosa canción ‘Luna Sanjuanera’.

Adiós a las penas

En un largo trayecto de su existencia las penas fueron compañeras del arquitecto y compositor Roberto Calderón Cujia, pero al final encontró el secreto para ahuyentarlas. No llevarlas más a su corazón y menos a las canciones porque tuvo la virtud de enrumbarse por el sendero del amor donde las cabañuelas a las que acudía su abuelo, pronosticaron los aguaceros necesarios que abonaron el terreno. “Cabañuelas de amor, adiós dolor y que llueva”…

 Juan Rincón Vanegas -@juanrinconv

 - 

jueves, 24 de diciembre de 2020

MENSAJE DE NAVIDAD



Por: Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv
"Desde hace 40 años se escucha el mejor ‘Mensaje de Navidad’
El compositor Rosendo Romero Ospino, supo inspirarse con el corazón en la mano e hilvanar letra con melodía para que Diomedes Díaz y Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, le dieran el golpe justo a esa canción hasta quedarse metida en todas las navidades
Avanza el mes de diciembre de 2020 con muchas diferencias a los anteriores pasando a estar quietos en casa, guardando distanciamiento obligatorio y usando tapabocas. En medio de todo a pesar de la larga cadena de tristezas que sacude al mundo llega nuevamente el inolvidable ‘Mensaje de Navidad’ con sus arbolitos, pesebres, luces, regalos y palabras alentadoras. A la par aparecen bellas canciones con esa temática, siendo Rosendo Romero Ospino, el más laureado.
Unos dicen, que buena las navidades
es la época más linda de los años,
pero hay otros que no quieren acordarse
de la fiesta de año nuevo y aguinaldo.
La imaginación le llegó a ‘El Poeta de Villanueva’, en el momento preciso del mayor estado del alma y no había ningún escape porque su memoria estaba ocupada con los recuerdos, dando todas las facilidades para que se convirtiera en canción. Si, esa canción que marcó su corazón para toda la vida.
Así lo hizo, aprovechando el viento a favor porque las añoranzas las tenía al cerrar y abrir los ojos, encontrándose de frente con la fiesta más linda del año donde los tiempos de Dios son perfectos.
Rosendo Romero, no es de los cantautores que saca azúcar del fondo del mar, tampoco eleva una cometa sin hilo y menos pesca en río revuelto, sino aquel que se encarga de recrear su pensamiento con la dulzura de la vida, a estar en línea directa con el alma enamorada y fijar su vista en aquel ayer que le respira cerca.
El registro del calendario con su numeración perfecta indica que hace 40 años nació la canción ‘Mensaje de Navidad’, la misma que no ha dejado de sonar en la voz de Diomedes Díaz y el acordeón de Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza.
El mismo compositor lo señaló. “Tenía la idea, tenía los recuerdos, y en base a esta fiesta nació la canción que para esta época no deja de sonar”.
No había que darle más espacio al silencio para ponerlo a contar el relato que le agrada porque fue un especial mensaje cantado.
Al sumar los años se sorprendió. ¿“Dios santo, hace 40 años hice esa canción?, exactamente en una casa del barrio Los Alpes de Barranquilla, logrando unir la alegría con la tristeza, esa que se siente en esta fecha especial de cierre del año”.
Siguió meditando al evocar aquellos momentos. Se emociona contando en detalle la historia pegada a su piel que lo convirtió con el paso del tiempo en ‘El cantor de las Navidades’, haciendo posible que todos se identificaran y cantaran esta obra que es un himno en el tiempo de pesebres, villancicos, aguinaldos y de integración familiar.
El génesis de su obra cumbre que demoró haciéndola algunos días cuando tenía 27 años, lo relató con precisión como sus versos. “En el año 1970 Jorge Oñate le grabó al compositor Emiro Zuleta la canción ‘Diciembre alegre’, la cual me la pasaba cantando en mi natal Villanueva. Esa canción influyó mucho”.
Diciembre alegre te fuiste
diciembre alegre vendrás,
y de aguinaldo solo me diste
bello diciembre, un poco
de cosas para recordar.
Siguió contando pausadamente. “Con esa canción tuve el impulso necesario para componer un auténtico ‘Mensaje de Navidad’. Me fui llenando de requisitos y tenía la intención de darle vida pronto, pero no me llegaba el momento y comencé a comprar tarjetas y conocer más a fondo del tema”.
En aquellos famosos mensajes de las tarjetas, encontró algo escrito por unas manos desconocidas, donde se decía: “Que en esta fiesta de Navidad la magia sea tu mejor traje; la sonrisa el mejor regalo, los ojos el mejor destino y tu felicidad mi mejor deseo”.
Al remover nuevamente las añoranzas continuó diciendo. “Eso me permitió meterme en mis propias navidades que fueron muy hermosas y otras no tanto, porque nosotros recibíamos de aguinaldo una bolita de inflar, un pitico de lata y un buñuelo”.
No muy bien había terminado la última palabra se llevó la mano derecha al rostro y sintió por dentro ese ayer que continua intacto en su memoria. Se quedó callado por un minuto eterno, y al reencontrarse con el diálogo expresó. “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.
Más adelante volvió a tomar el rumbo de la charla. “Esa obra me ha concedido un gran reconocimiento. Me siento satisfecho por el cariño que me expresan la gente, más en este tiempo que la cantó y la escuchó por distintos medios, y más ahora en los celulares”.
De esta manera desde el año 1980, la canción ‘Mensaje de Navidad’ comenzó a sonar, siendo motivo de alegrías y de muchas nostalgias que se calcan de inmediato en el pensamiento de los que la disfrutan y también lloran.
Los años han pasado y Rosendo Romero sigue recordando su niñez, su juventud, y trayendo a colación los hechos que marcaron su vida, siendo el alimento necesario para inspirarse y añadirle al folclor vallenato nuevas canciones que hoy hacen parte de su inventario musical.

El protagonista
De repente hizo un inusitado regreso al comienzo de su relato señalando que el protagonista de esa canción fue su tío Luis Ramón Ospino Campo, quien se quedaba allá en la serranía lleno de tristeza y acompañado de la soledad.
A él le mandó directamente ese mensaje de cariño que se hizo extensivo al mundo y que hoy es el mejor regalo para el alma.
No paró de contar los hechos de esas navidades que vivió al lado de los suyos. “Antes la Navidad era algo sublime y muy esperada. Tenía magia, los niños y niñas eran felices con regalos sencillos, pero cambió el modo de vivir porque el progreso y la tecnología abarcaron todo. Definitivamente ahora la Navidad es un pretexto comercial y lo espiritual poco pesa”.
Seguidamente puso muchos ejemplos de su época cuando el niño Dios era el centro de esta fiesta. “El pesebre y los villancicos eran el mejor escenario para recordar el capítulo del nacimiento de Jesús en Belén. La religiosidad primaba ante todo y eso se ha venido perdiendo”.
La canción ‘Mensaje de Navidad’, le saca lágrimas a Rosendo Romero al acordarse de las vicisitudes que vivieron sus padres Escolástico Romero Rivera y Ana Antonia Ospino Campo, ‘La Nuñe’, para sacar adelante a su familia.
“Ellos, nos guiaron por el camino del amor al terruño, al prójimo y a las cosas bellas de la vida donde Dios marcaba el camino”, recalcó el cantautor.
En su hogar no se cansa de darle oficio al recuerdo al haber logrado con su ‘Mensaje de Navidad’ permear las tristezas, darle un bocado dulce a los dolores y perfumar las alegrías.
Cantor de las navidades
Este villanuevero nacido en el barrio El Cafetal, el campesino quien durante 19 años estuvo metido en la Serranía del Perijá, se considera ‘El cantor de las Navidades’, canción grabada por Daniel Celedón e Ismael Rudas.
Todo lo sustenta al entregar un mensaje sincero, agradable, espiritual y lleno de nostalgia con visos de alegría.
“Repito que la canción ‘Mensaje de Navidad’ ha sido toda una bendición y más grabada en su momento cumbre por Diomedes Díaz con el acordeón de Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, la primera voz de Jairo Serrano y esa excelente agrupación, Fue la continuación del éxito que se llama ‘Fantasía’, esa que todos conocen”.
Sin mucha prisa teniendo su memoria conectada con la fiesta de fin de año y todas las nostalgias juntas conceptuó.
“Llegar esta canción a 40 años, y seguir sonando como el primer día, es un logro enorme. Son 40 años en que pude abrir un camino hacía un movimiento musical que no existía en la música vallenata y hoy en día gracias a Dios, hay muchos compositores que le cantan a la Navidad”.
Enseguida contó una de tantas anécdotas de alegrías, tristezas y religiosidad alrededor de la canción.
“Recuerdo tantas, pero se me ocurre contar de una joven religiosa que en la calle se me acercó diciéndome que Jesucristo era quien se había quedado solo en los cerros. Esa apreciación me gustó, pero la anécdota del que se quedó allá es completamente distinta, pero esa conclusión es válida porque Jesucristo murió en un cerro y resucitó en otra parte”.
Al preguntarle el por qué a esa canción le puso competencia con ‘Navidad’, grabada por el Binomio de Oro (Rafael Orozco e Israel Romero), entregó una respuesta inesperada. “No le hice competencia, sino que mi hermano Israel comenzó una canción con esa temática y la dejó tirada. Tiempo después me pidió el favor de terminarla. Lo hice y se la entregué. Cuál no sería mi sorpresa cuando la grabó con Rafael Orozco, apareció a mi nombre”.
De inmediato sonrío y manifestó. “No me puse bravo, pero sinceramente es de los dos, y fue un detalle bello de mi hermano”. Soltó una larga carcajada cuando se le preguntó si compartían las regalías de esa obra musical.
Después de eso se dedicó a replicar ese tema con varias obras y la más reciente que compuso fue hace ocho años llamada ‘Mil navidades’ que grabara Martín Elías Díaz con el acordeonero José Fernando Romero.
Si me preguntan de las fiestas cual me gusta
siempre respondo las navidades,
es muy difícil encontrar alguien que nunca
tuvo un aguinaldo inolvidable.
Allá en mi pueblo, sobre los cerros
había un lucero que siempre imaginé,
que era la estrella que iban siguiendo
los reyes magos, camino hacía a Belén.
En medio del recorrido por su historia musical Rosendo Romero, se quedó meditando y luego anotó. “La canción mía por preferencia es ‘Mensaje de Navidad’, por la temática del nacimiento de Jesús y por todo lo que ha significado en mi vida”.
Sin detenerse seguía exponiendo detalles de esa obra inmortal y la indagarle con cuál frase se quedaba, en vez de una escogió tres.
1.- “El tiempo que se fue no vale nada. Que mueran los recuerdos que nos duelen”.
2.- “Si la gente usa oro y nada más, preocupada por el lujo y la apariencia, olvidando el dinero celestial que se gana compartiendo con nobleza”.
3.-…”Y el que llora y sufre las penas, que se olvide del año viejo, si tiene un corazón sincero verá en el firmamento las estrellas”.
Al pronunciar esas frases la entrevista llegó a la desembocadura del pensamiento cuando la brisa decembrina acariciaba los rostros de los presentes.
Miró a un lado y sin pensarlo tomó su guitarra, la llevó a su pecho, con sus dedos acarició las cuerdas e interpretó esa obra sublime del cancionero vallenato, la misma que suma cuatro décadas, la que nunca se pone vieja y que él no se cansa de entonar.
Pregonando este mensaje yo he venido
a decirles con el alma y con grandeza,
que se olviden de los recuerdos
y se llenen de parabienes.
Les deseo próspero año nuevo
y ventura pa’ lo que viene.
Al momento de la despedida y cuando se había traspasado la barrera de la terraza de su casa en el barrio El Cerrito de Valledupar, el maestro Rosendo Romero hizo una petición difícil de cumplir. “Por favor, no me vaya a hacer llorar con la crónica”.
Si, difícil, porque las lágrimas siempre han sido el desahogo de las tristezas, las muestras de las emociones, y más en este tiempo marcado por el silencio de los adioses del destino."

domingo, 13 de diciembre de 2020

ESOS DICIEMBRES VILLANUEVEROS



Cuantos recuerdos de los diciembres de los 60, los 70 y los 80 en Villanueva (La Guajira), esos fueron los que viví a plenitud allí y a ellos quiero referirme.

Los que regresaban a pasar vacaciones, familias enteras que encontraron acomodo en otras tierras y los estudiantes que lo hacían fuera, desempacaban y a saludar  se dijo, eran muchos los familiares y amigos a quien darles un buen abrazo, también venían los días de paseos al rio o a las fincas,  pero antes era un deber  la visita y la oración a los patronos  Santo Tomas y  La Candelaria.

En los 60 yo era de los que esperaba a los que retornaban,  muchos  eran mis amigos y  salía a acompañarlos en estas obligaciones. Caminábamos por las calles empedradas  y donde tocaba entrabamos sin golpear, las puertas solo se cerraban en  la noche, después de los saludos de rigor venían las atenciones, un tinto por aquí, un tinto por allá, un refresco  de las frutas en cosecha y hasta un dulce casero con un vaso de agua fría, por la noche el encuentro en las esquinas para ponernos  al día con  los cuentos, las historias, los chistes y los juegos , no pasaba mucho tiempo cuando se había programando el baile, la parranda, el paseo y en el peor de los casos un juego de dominó. Las décadas subsiguientes eran iguales, el único cambio para mí era que yo llegaba, estudiaba por fuera y  ansiaba el regreso y Villanueva me esperaba con toda su inmensidad.

Para todos no era igual, ya lo canto Rosendo Romero en su “Mensaje de Navidad”

“Unos dicen que  buena las navidades 

Es la época más linda de los años 

Pero hay otros que no quieren acordarse

 De la fiesta de Año Nuevo y aguinaldo…”

A muchos de los paisanos los deberes y compromisos  no les permitían esos “lujos” y  forzosamente frenaban el 24 en la tarde, para celebrar el 25, incluso algunos ni bajaban a la población, el día de navidad era como cualquier otro 

“No tienen, no tienen felicidades

Como aquel que se quedo sobre los cerros

No tienen, no tienen felicidades

Como aquel que se quedo sobre los cerros…”

De todos modos la gran muchachada se divertía sanamente. 

Había tiempo para el baile, las orquestas de Reyes Torres y Juancho Gil estaban afinadas para esa faena, igual los conjuntos de Hugues Rosado, Egidio Cuadrado, Beto Murgas, Rafael Romero y Víctor “El Bombero” y si de parranda se trataba salían a la palestra: Emilianito Zuleta Díaz, Norberto Romero,  el inigualable Julio Escobar (QEPD);  también,  pero con menor demanda,  Enrique “Quique” Murgas e Israel Romero.

Los paseo a fincas  cercanas y a las poblaciones de El Molino y  Urumita eran una delicia, buen trago, buena música y deliciosa comida donde el sancocho era el rey

Los juegos eran divertidos, muchos muchachos y algunos adultos llenábamos  las calles por las tarde a darle a la pelota o a la chequita, por la noche la locura era “la lleva” o “la libertad”, aunque había muchos juegos.  El domingo era impélale el partido de futbol en la cancha “El gol”, allí arribamos y compartíamos los villanueveros sin distingo de clase, el apoyo al equipo de la tierra era total. Casi no perdíamos porque contábamos con jugadores de calidad: Cameo,  Alambrito, Pundo Ferreira, Laureano, Publio Daza, Jaime y Oswaldo Guao entre otros,  o porque se regó la fama que: “equipo que gana en Villanueva lo levantan a piedra”;  que yo recuerde sucedió una sola vez, cuando nos ganó el equipo de La Paz y apenas se subieron al bus empezaron con unos cantos provocadores.

El 8  se prendía Villanueva, sonaba su mejor música, la pirotecnia lucia en muchas esquinas y los artificieros preparaban la “Vaca Loca” para que Franco González la  corriera desbocado  por toda la plaza, ya Lucho García se había bajado del techo donde estuvo encarapitado desde la mañana empapando la palma, con una manguera,  para evitar que un volador, un buscapié  o cualquier chispa acabara con su vivienda.

Nunca faltaron las novenas,  llenas de luces y villancicos, en las madrugadas sonaban las campanas llamando a misa y de ahí a comer arepuelas donde Luisa Bolaño y el 24 y el 31 las grandes fiestas en familia donde sobraban los abrazos y los buenos deseos        

“Pregonando este mensaje yo he venido

A decirles con el alma y con grandeza

Que se olviden de los recuerdos

Y se llenen de parabienes…”

MENSAJE DE NAVIDAD

lunes, 7 de diciembre de 2020

Diomedes Díaz puso a Colombia a prender velitas



Por :Juan Rincón Vanegas

Desde hace 27 años ‘El Cacique de La Junta’, al lado de Juancho Rois, le pusieron un nuevo vestido musical a la canción ‘Las cuatro fiestas’ del compositor Adolfo Echeverría-

Corría el final del año 1993 cuando Diomedes Díaz al lado del acordeonero Juancho Rois, aparecieron en la producción musical ‘Fiesta Vallenata’ con la canción ‘Las cuatro fiestas’ de la autoría del compositor barranquillero Adolfo Ernesto Echeverría Comas, causando la mejor sensación.
Estos artistas guajiros le pusieron un nuevo ropaje musical logrando que 27 años después siga sonando, y sea la más cordial invitación al acto popular de prender las velitas e irse de largo a celebrar el año nuevo y los carnavales.
Que linda la fiesta es
en un ocho de diciembre
al sonar del traqui traqui,
que sabroso amanecer.
Con ese ambiente prendido
me dan ganas de beber.
La pascua que se avecina
anuncia la Navidad,
un año nuevo se espera
que dan ganas de tomar.
Esta canción fue grabada el domingo tres de septiembre del año 1961 en la voz de la cantante Nury Borras, acompañada del cuarteto que integraban el guitarrista Ángel Monsalvo, el baterista Rafael Guardo, el bajista Eugenio García y el clarinetista Alex ‘Muñecón’ Acosta.
Precisamente el compositor Adolfo Echeverría, quien nació el tres de septiembre de 1932 y murió el 20 de diciembre de 2018, contó en su momento la manera como grabó ese obra insigne del folclor colombiano.
Él vendía ropa, pero tenía una cantidad de composiciones y decidió con sus propios recursos grabar una de ellas, ‘Las cuatro fiestas’, con la finalidad de tratar de mejorar su situación económica.
Es así como invirtió sesenta pesos y comenzó su inédita aventura al tener la cinta en sus manos que era su cédula musical.
Con todo el optimismo viajó a Medellín con su maleta llena de esperanzas y su gran tesoro, pero no fue acogido por las disqueras entregándole diversos argumentos que no era lo mejor.
Se regresó para Barranquilla, trayendo en su mente otro proyecto que consistía en plantearle al empresario Mario Ochoa, propietario de una discotienda para que le pagara el prensaje de 50 discos de 78 revoluciones.
Esta vez, le sonó el clarinete y comenzó el proceso que arrojó el más grande resultado porque en aquella ocasión llegaron a vender más de cinco mil copias.
Adolfo, entusiasmado porque Dios le sonrió con ‘Las cuatro fiestas’ se alegró más porque las emisoras comenzaron a programarla.
Desde ese momento mejoró su situación económica y sus canciones comenzaron a ser grabadas por diversos artistas y agrupaciones del orden nacional e internacional.
De esa manera la canción se convirtió en éxito y con varias versiones hasta una en inglés, sobresaliendo la grabada por Diomedes Díaz.
El maestro Adolfo Echeverría en sus últimos años de vida sufrió serios quebrantos de salud, pero de la misma manera se le rindieron diversos homenajes por su invaluable aporte como cantante, compositor y precursor de la música tropical en Colombia.
Así la grabó Diomedes
Diomedes Díaz Maestre, no solamente le dio un nuevo aire a la mencionada canción de Adolfo Echeverría en la producción musical de ‘Fiesta vallenata’, que se entregaba cada año por la Sony Music, sino también lo hizo con ‘Matilde Lina’ (Leandro Díaz), ‘Vení, vení’ (Isaac Villanueva), ‘Lucero espiritual’ (Juancho Polo Valencia), ‘El muerto borrachón’ (Miguel Beltrán), ‘Color moreno’ y ‘Diana’ (Calixto Ochoa), entre otras.
La historia es como sigue. Cuando se acercaba el remate del año Diomedes Díaz en sus presentaciones solía cantar canciones de la temporada como ‘Cantares de Navidad’.
El cajero José del Carmen ‘Tito’ Castilla, cuñado de Diomedes Díaz, en una ocasión le sugirió que cantara ‘Las cuatro fiestas’ y estuvo de acuerdo.
“Cuando la escuchó dijo que esa iba para el disco de ‘Fiesta vallenata’ y habló con Juancho Rois, para que hiciera lo suyo. De ahí arrancó todo y vea que se convirtió en soberano éxito que a pesar del paso del tiempo no ha dejado de sonar”, comentó Tito.

Después citó el hecho que no estaba en el cronograma de la grabación y era incluirle un clarinete. “Llegó un músico bastante lleno de años, y nosotros decíamos, será qué ese veterano dará la talla en la grabación. El hombre nos tapó la boca porque lo grabó de una sin equivocarse. Después, supimos que era ‘Muñecón’ el mismo que había grabado la primera versión”.
En inglés
La mencionada canción se fue bien lejos porque hasta fue interpretada en inglés llevando ese mensaje musical a distintos lugares del mundo.
Lo jocoso de ese tema fue que nunca se pudo traducir la palabra “Traqui, Traqui”, que es un fuego artificial que se lanza comúnmente en el mes de diciembre durante la Navidad.
‘Las cuatro fiestas’ no dejan de escucharse, principalmente en la voz de Diomedes Díaz, porque es el hilo conductor para saber que las alegrías suenan en todos los corazones provocando esa natural nostalgia, principalmente en este bendito diciembre.

@juanrinconv