RANCHERIASTEREO

lunes, 16 de diciembre de 2019

ALBERTO"BETO" MURGAS


Nació en Villanueva (La Guajira) un miércoles 8 de septiembre de 1948. En la casa donde vio la luz por primera vez Alberto “Beto” Murgas, por el frente entraba la música por los ensayos de la orquesta de Reyes Torres, mientras que por el patio, se colaban las melodías de Juancho Gil, el papá de “El Turco”; y a dos casas de la suya, vivía Emiliano Zuleta Baquero. Se podría decir que Beto Murgas nació arrinconado por la música, que a Beto lo surtió la brisa. Por ese solar, por donde la música abría portillos para untar el oído de Beto, corrieron sus siete hermanos: Enrique, fallecido; Abalis, Rosita, Mary, Eddy y Darío que son músicos y María Irma. Sus padres, ya fallecidos, fueron José Murgas y Rosa Peñalosa.

En el Liceo Colombia hizo la primaria. Sus inicios fueron como los de todos los músicos de Villanueva: un grupo que tocaba con picos de botella ajustados y, en medio, papel celofán; el acompañamiento era con latas, con peinillas… Después, sus idas a La Sierra, un sector finquero donde los abuelos tenían la suya y por donde transitaban los acordeoneros errantes. Sabido de esa circunstancia, Nelson Martínez, un señor que estaba enamorado de una tía suya, se llevó un acordeón muy pequeño, de dos teclados, para que, cuando los juglares llegaran para el 11 de noviembre, día de San Martín y luego para Navidad, le enseñaran a tocar. Aquel sobrino intrépido se lo encontró y empezó “a fregarle la vida al acordeón”. Héctor Gallo, un vecino, se dio cuenta de que “Betico” tenía actitud musical y le enseñó cómo se debía coger el aparato. A los dos meses de estar en La Sierra, cuando Beto bajó de nuevo al pueblo, ya sabía tocarlo para el asombro de sus vecinos y amigos.

Por entonces, aquella camada de prometeros vallenatos formó una agrupación y su primer contrato lo hicieron con Lázaro Morillo, Lacho, por 30 centavos. El compromiso era tocar un caminoteo, en el Carnaval, que consistía en acompañarlos a ellos disfrazados. “¡Nosotros tocábamos por toda la calle, y ellos hacían morisquetas disfrazados…! Nunca le habíamos visto la cara a una moneda propia. Lo primero que hicimos fue comprar un coco, panela y queso, y darnos un banquete. Después, Ezequiela Sánchez quien ya sabía que yo tocaba y no tenía acordeón, fue a Maracaibo y compró un acordeón para que yo se lo pagara con música. Ella hizo una caseta que se llamaba La Mecedora en honor al gallo famoso de Enriquito López. Luego vino la época en la que Emilianito tenía su grupo y yo el mío; los hijos de los ricos armaban bailes y nos ponían a tocar para ver cuál baile se llenaba más. Ahí nos dábamos espuela con quien hoy es el padrino de un hijo mío, Emilianito”. Recuerda Beto Murgas.

Ya en el colegio Roque de Alba, en donde hizo su bachillerato, Beto agarró la onda de la Nueva Ola, pero al final más pudieron sus raíces. En el 65, enamorado, compuso “Amalia” que nunca se grabó, pero que lo hizo conocer: “Un domingo yo estaba en misa y llegó César Mendoza, el rector del colegio El Rosario que tenía un grupo pero no tenía acordeonero, me sacó de la mano y me llevó donde mi mamá para convencerla de que me dejara ir a Bogotá. A mitad de semana nos fuimos y yo me presenté en La Hora Philips. Toqué “Amalia” y dos canciones más. En Valledupar se armó cierto revuelo, la gente preguntaba por qué no habían llevado a Colacho que era el mejor. Lo concreto es que ya todos empezaron a identificar a Beto Murgas. En el 69, cuando ya Alfredo Gutiérrez era Alfredo Gutiérrez, yo le pedí a Fredy Molina que me lo presentara para que me oyera. De esa reunión salió que Alfredo me grabó “Cariñito mío”, lo que me valió entrar por la puerta grande del vallenato”.

Como durante su época de colegio no existía bus escolar y el pueblo era tan chico, los estudiantes se iban a pie a la casa. En esas caminatas siempre iba una muchachita llamada Isabel Cristina Saurith. A ella le decían “La Negra”. “Nos hicimos novios pero ella era muy celosa, entonces le hice: La negra…dice que ya no me quiere, pero, yo sí quiero a mi negrita…”.

En Valledupar empezó a trabajar con el entonces Ministerio de Salud como promotor de Saneamiento Ambiental y estudiaba Tecnología Agropecuaria en la que hoy es la Universidad Popular del Cesar, además de estar ennoviado con Rosa. Sin terminar esa carrera, se fue a la Universidad de Antioquia y terminó Saneamiento Ambiental. “Después me vine para Valledupar y me casé con Rosa Durán Porto. Eso fue en 1974”. Con ella tuvo dos hijos y extramatrimonialmente, tuvo cuatro: Alberto, que estudió Administración de Negocios e hizo una especialización en Finanzas Internacionales, pero se inclinó más por la música. Hoy tiene un grupo que se llama Gusi y Beto y su primer éxito fue “La Mandarina”, jóvenes nominados al Grammy Latino categoría Cumbia/Vallenato (2008), “como buen descendiente de un Villanuevero debe estar en el cuento de los Grammys”, afirman los tirapiedras.

Luego están Fernando, que es economista; Enrique, que también es compositor; Milena, es abogada y vive en Tunja; Lina, que es Ingeniera de Sistemas y María José, que cursa bachillerato. Para un compositor tan exitoso y prolífico como Beto Murgas, resulta muy complicado señalar una de sus canciones como la más querida, pero en el curso de la conversación, he notado que “La negra”, por sus muchas versiones en todo el mundo, “La gustadera”, “Después de viejo”, “Corazón bandido”, “Las morochitas”, “El dengue de tu amor”, “La trilla”, “Mujeres como tú” o “Nativo del Valle”, podrían resultar algunas de las que nombra más frecuentemente.

Los Hermanos Zuleta, Jorge Oñate, Rafael Orozco con el Binomio, Los Betos, Diomedes, en general los mejores, y otros muchos grupos, han convertido sus temas en éxitos inmortales. Cuando hablamos de compositores, me deja clara su admiración por El viejo Mile. Su Gota Fría suma casi 50 versiones, entre ellas, las de Julio Iglesias, María Dolores Pradera y Paloma San Basilio. “Eso no es gratis”, asegura. Y en lo que parece ser un consenso entre los más conocedores, Beto también señala a El pollo, Luis Enrique Martínez, como el más grande acordeonero de la historia.

…Ahora que estamos frente a letras efímeras, huecas y con poca verdad, los amantes del Vallenato celebramos que Villanueva haya parido a tantos guajirazos para este canto y que Beto Murgas siga defendiendo a la música vallenata del facilismo y la mediocridad

Miguel A. Chavarro Buriticá

miércoles, 17 de julio de 2019

VALENCIA DE JESÚS, EL EDÉN MUSICAL DE CALIXTO OCHOA CAMPO

Por: José Atuesta Mindiola

En la época prehispánica, Valencia de Jesús era un paraje de indígenas Chimilas; estaba rodeada de fértiles  llanuras, conocidas como Sabanas de Poponí, y en el centro de ellas, un cerro oteaba: al norte, los picos blancos de la Sierra-Madre (La Nevada) y el nacimiento del río Los Clavos; al este, la ruta de frondosos campanos en los caminos al Valle del Cacique Upar; al sur, kilómetros de verdes sinfonías de sabanas y el viaje de su río en busca de las aguas del Cezare; al occidente, bosques  de palmas de corozos y sabanas detenidas en el sol de los venados.

Todo este paisaje virginal fue una tentación para la llegada de los españoles, que se inicia en 1590 con el capitán Antonio Flórez, quien bautiza el lugar con el nombre de Valencia de Jesús, y abre el camino a otros colonizadores. En el siglo XVIII, llegó a ser una villa reconocida por su numerosa población, algunas edificaciones semejantes a la típica arquitectura española, y populosos hatos de ganados mayores y menores que servían de sustento para proveer a la provincia de Cartagena.

Sin embargo en el siglo XIX, Valencia tuvo un notorio retroceso; el sociólogo Ariel Rincones (nativo de esa población) explica una de las causas posibles de esta decadencia: “el resultado de las luchas independentistas en la primera mitad del siglo XIX.

La clase dirigente de Valencia de Jesús en ese entonces estaba conformada por españoles y sus descendientes, los cuales se opusieron y enfrentaron los procesos de liberación en la región. La derrota de la autoridad realista provocó la huida de gran parte de los habitantes de Valencia, contribuyendo además, al desmoronamiento de su economía, como también ocurrió con sus edificaciones”.

De los pocos habitantes raizales y los escasos que más tarde llegaron (criollos y mulatos) surge el mestizaje de una nueva población, que se dedica al trabajo agropecuario. En lo espiritual, la tradición católica, que viene desde del año 1700, cuando construyó la iglesia el señor cura y vicario español, don Domingo Antonio de Mier y Cortines. Hoy la iglesia es Monumento Nacionaly epicentro de una de las celebraciones más tradicionales y reconocidas en toda la región y el país: la Semana Santa.   

En la primera mitad del siglo XX, Valencia de Jesús parecía detenerse en el tiempo, los hombres dedicados a las faenas agropecuarias. De esas noches de luna y de silencios en los patios, aparecen dos valencianos, hijos de Cesar Salomón Ochoa López y María Jesús Campo, Rafael Arturo y Juan Bautista, y con sus acordeones llenan de fiesta el corazón de sus paisanos, y detrás de ellos, el hermano menor, Calixto Antonio, quien en edad juvenil descubre su talento musical.

Tal vez, iluminado por el precepto bíblico de que nadie es profeta en su tierra, decide viajar hacia las Sabanas, tierra mítica de los Zenúes, y se queda en (Sincelejo), emporio de música de bandas; y, sin olvidar sus raíces vallenatas, se nutre de estas influencias que fortalecen su capacidad artística hasta alcanzar la talla de maestro de la música popular.

La fidelidad a sus orígenes, y a sus ancestros campesinos, se patentiza en los versos de sus canciones, que son una exaltación del entorno natural. El paisaje de la infancia permanece indeleble en la memoria. ¿Qué hay en ‘Lirio rojo’, su primera canción grabada?, una estela, esencialmente, romántica; un lamento por la pérdida de su amada, pero de alto contenido poético con matices paisajistas.

Yo tenía mi lirio rojo bien adornado

con una rosita blanca bien aparente,

pero se metió el verano y lo ha marchitado

por eso vivo llorando la mala suerte...

Es una evidencia al paisaje; en este caso, de Pueblo Bello, un poblado incrustado en las faldas de la Sierra Nevada, donde conoce a su primera esposa, Carmen Mestre. El verano es la metáfora de la ausencia, de la melancolía que produce la desolación. Hubo un corto noviazgo y un amor efímero. La calidad poética y la sutileza de la melodía son tan sublimes que hay que detenerse con oído atisbador para detectar las lágrimas del autor por el amor perdido. 

En ese mismo tenor poético se ubica la canción, ‘Los sabanales’, que es un canto que recuerda los próvidos momentos de amor y clama por revivirlos; pero también es una profunda añoranza de los sitios frondosos que pincelan los lienzos de la memoria juvenil. 

Cuando llegan las horas de la tarde

que me encuentro tan solo y muy lejos de ti,

me provoca volver a los guayabales

y aquellos sabanales donde te conocí…

En su faceta costumbrista, canta a personajes campechanos, que, en cierta manera, es su vida de campesino frente al asombro de las cosas de la ciudad. ‘El Compae Menejo’, que al salir por primera vez, del monte para la Ciudad, se detiene de estupor al ver la luz eléctrica, y piensa que es un calabacito alumbrador. El pedagogo e investigador de la didáctica de las Ciencias Naturales, Rómulo Gallego Badillo, toma este ejemplo del Calabacito alumbrador para explicar lo que en pedagogía se considera un preconcepto, que no es más que ese saber popular que hay que desaprender para entrar al saber científico.      

El canto vallenato es una escuela de la vida, una crónica contada en versos y una fiesta de la poesía popular para celebrar la vida y alejar la muerte. Calixto era un músico completo: tocaba acordeón, cantaba y componía letras románticas, narrativas, bucólicas y picarescas. También, compuso y cantó con gran maestría  los cuatro aires vallenatos (paseo, puya, merengue y son), que le dieron el aval para coronarse el tercer rey de la Leyenda Vallenata (1970). Además, hizo canciones en los ritmos de porro, cumbia, charanga, fandango, tambora, chandé,   y es el padre del ritmo paseaíto; por eso es reconocido como el compositor de música popular más versátil del Caribe colombiano.

Calixto Antonio Ochoa Campo nació y vivió para la música. Era fiel a sus orígenes: su tierra natal, el paisaje de la infancia, su condición de hombre de campo, su apego a la gente de pueblo, su gratitud por la amistad y su franqueza con la vida. Para él no es válida esta sentencia religiosa: “El hombre es una lámpara apagada, toda su luz se la dará la muerte”. Porque con su  extensa obra musical (más de mil canciones grabadas) hizo de su vida un esplendor de luz y de grandeza, que seguirá brillando por la calidad de sus melodías y de sus versos.  




martes, 11 de junio de 2019

RÊQUIEN POR LA ACADEMIA VALLENATA.

Por: Nico Duba.
Faltan pocos meses para que se cumpla el plazo dado por la Unesco para la implementación de acciones que preserven la autenticidad del folclor vallenato y no encontramos en las entidades gubernamentales , ni en las miles de organizaciones afines a la música vallenata, los hechos que nos permitan decir que estamos cumpliendo con el requerimiento de la organización que catalogó nuestro folclor como patrimonio inmaterial de la humanidad.
Por el contrario, asistimos silenciosamente al funeral de una de las pocas personas jurídicas que sin bombos ni platillos cumple- dentro de poco diremos cumplía-, a cabalidad con este mandato. Me refiero a la academia musical del Turco Gil. De allí han salido los mejores exponentes de la música vallenata actual. Los mejores acordeoneros, guacharaqueros, cajeros y cantantes del universo musical vallenato crecieron, se formaron o se pulieron en la academia del Turco. Todos lo reconocen públicamente por lo que no hay lugar a discusión.
Los únicos que no lo reconocen, o a sabiendas se hacen los de la vista gorda, son los entes gubernamentales(gobernación y alcaldía) , o sus mandatarios para ser mas preciso, y paradójicamente la máxima organización del folclor vallenato: la Fundación del Festival Vallenato que tampoco lo reconoce.
La Fundación , desde el comienzo exitoso de la academia del Turco, temerosa ,se apresuró a crear otra academia paralela y a conformar otra organización de "niños del vallenato".
El Turco , en silencio compitió en desventaja, sin apoyos oficiales contra la Fundación ,y con la uñas llevó a sus niños a lugares impensables , en los que para admiración de personajes como Clinton y Chávez, por mencionar unos pocos, dio a conocer el hermoso folclor que nos enorgullece, en manos y en voces de niños y jóvenes talentosos.
Sobraron los aplausos y luego de los mismos el Turco en su soledad y en su vocación siguió cultivando a los muchachos humildes de su academia, con constancia y dedicación. Hermoso espectáculo para mí era llegar como un turista más a ver tanto aprendiz entusiasta de acordeón y otros instrumentos. Era como avistar aves y escuchar sus bellos trinos, esta vez personificadas en jóvenes humildes que se adentraban en el sublime mundo de la música vallenata.
Los gobernadores y los alcaldes no vieron, ni ven al Turco y a su academia desde esa óptica. No lo hacen porque en nuestro medio todo es chabacanería. No hay grandeza de pensamiento. Hay mucho bocón hablando de historia del vallenato y mucho bla bla en los conversatorios pero no hay una voz líder que nos ayude a fortalecer nuestros valores culturales.
La Gobernación de Monsalvo , la de Franco, y la Alcaldía de Tuto, lo que vieron en la academia del Turco fue un mecanismo para utilizarla como entidad intermediaria para ponerla a contratar servicios de terceros y dejarle a él un mínimo porcentaje como contratante.
No miraron a la academia como un semillero de grandes acordeoneros, como instrumento de formación de niños y jóvenes. El hampón y fariseo de Tuto, que tanto habla de familia y que tanto dinero derrocha en programas inocuos de papel y publicidad, nunca llamó al maestro Gil para incorporar su academia a un programa de apoyo a la juventud con su enseñanza musical.
La gobernación menos. Al contrario, apoyaron la creación de otras academias espúreas para darles contratos y robarse cientos de millones con el sofisma de la educación musical.
Los de la Fundación, con Rodolfo a la cabeza, convirtieron a los "Niños del Vallenato del Turco Gil" en un objetivo de guerra comercial, y con competencia desleal y otras prácticas vergonzosas, en mas de una ocasión les causaron daño.
Por esas razones y muchas más, quizás algunas relacionadas con la poca habilidad del Turco en el manejo financiero de lo poco que le entraba, es que la academia mas importante de la música vallenata está a punto de desaparecer.
Existen muchos mecanismos para salvarla, pero en Valledupar no hay grandeza de espíritu para pensar en lo que verdaderamente representa esa humilde academia para la permanencia del folclor . Muchos detractores hoy salen a hablar de los defectos del Turco Gil para obviar lo importante: la permanencia o no de la academia.
Bien podrían la gobernación y la alcaldía implementar sendos programas de apoyo a la educación y formación musical de jóvenes y con becas a cientos de muchachos, ayudar al fortalecimiento financiero de la academia del Turco Gil, que es lo que está a punto de morir.
Finalmente les recuerdo que lo que perduró de Grecia en materia educativa fueron sus famosas "academias" y sus enseñanzas filosóficas. Sus gestores o mentores como Sócrates, Aristóteles o Platón, no fueron valorados por sus virtudes o por sus defectos personales, sino por sus enseñanzas. Hagamos lo mismo con el Turco Gil y con su academia.

jueves, 16 de mayo de 2019

IVO LUÍS DÍAZ RAMOS: LA VOZ AUTÉNTICA DEL VALLENATO


Por: Ramiro Álvarez Mercado.

Nació en San Diego (Cesar) un 15 de Mayo de 1964. Hijo del gran Compositor Leandro Díaz, gloria y leyenda de nuestro folclor. Su fraseo modular, sus inflexiones y tiempo, su cadencia, afinación, voz fuerte, melodiosa y nítida, son cualidades que hoy por hoy, se le reconocen en el ámbito artístico y musical, que lo considera como uno de los más grandes intérpretes que posee el canto vallenato.

El tercer hijo de Leandro Díaz y Helena Clementina Ramos, considera que ha sido un varón bendecido, pues desde muy temprana edad, tuvo el privilegio de estar rodeado por los grandes Juglares de la época, allegados a su Padre Leandro, tales como: Nicolás “Colacho” Mendoza, Emiliano Zuleta Baquero, Luis Enrique Martínez, Lorenzo Morales, Rafael Escalona, José María ” Chema” Ramos , Nafer Durán etc.

Desde sus inicios estuvo muy bien acompañado por una gama de acordeonistas de primer nivel, como Rafael Salas con quien hizo su primera producción musical titulada ” Mil Caricias” en 1983, con el cual compartió escenarios por espacio de 5 años. Posteriormente se une durante un tiempo corto con el Maestro Calixto Ochoa Campo.

Su carrera ascendente continúa con el Primer Rey de Reyes, Nicolás “Colacho” Mendoza, con quien grabó varios trabajos discográficos y mantuvieron una unión musical de más de 13 años hasta que la muerte los separó.


Si existe una voz representativa del Vallenato clásico, sin lugar para pensarlo, es y ha sido la de IVO DÍAZ, forjada en medio del calor costumbrista de las auténticas parrandas, la fuente donde se nutre esa auténtica tradición, de la cual es ÉL uno de sus mayores exponentes.

Dada la condición de discapacidad (ceguera) que afrontaba su Padre Leandro, IVO se convirtió “en la luz de sus ojos”, y por doquiera que Leandro era llamado para que cantase y/o acompañase a algunos de sus amigos, bien fuese en galleras, fiestas, ferias o parrandas, allí estaba presente el apoyo de su hijo, quien se fue impregnando paulatinamente del canto y comenzando a forjar su propio camino. 

Más tarde se une a Raúl “Chiche” Martínez, con quien graba dos trabajos discográficos y esa unión dura un poco más de 2 años, pero es llamado para formar una llave exitosa con otro Rey de Reyes: Hugo Carlos Granados, con quien hizo una exitosa producción musical titulada “Auténticamente Vallenato”.

Esta dupla maravillosa sirve de plataforma para que IVO se continúe proyectando en el firmamento musical, dado que su Voz combina y encaja perfectamente, con las notas de este otro Rey. Esta llave del Vallenato clásico da mucho que hablar, en sus diversas y variadas presentaciones, tanto dentro como fuera del territorio nacional. 

También ha sido compañero de otro Rey de Reyes: Gonzalo Arturo “Cocha” Molina, en innumerables presentaciones. En la actualidad ha conformado una nueva pareja musical con otro gran Acordeonista, creativo y tradicionalista, perteneciente a una de las mejores Dinastías del folclor del Valle de Upar: Los Granados.

Al lado de Almes Granados, viene cosechando muchos éxitos con trabajos discográficos de la talla de “Homenaje a Los Zuleta” y a ” Rafael Manjarrés Mendoza”. Quien sepa de la música clásica y costumbrista Vallenata, no puede ignorar a la voz de Ivo Díaz, auténtica “prenda de garantía” para salir avante en cualesquier lugar.


Ivo Díaz también ha sido coronado como Rey del Festival Vallenato en dos modalidades, a saber:

1) Rey de la Piqueria (1986)
2) Rey de la Canción inédita (1993)
• Canción titulada ” Dame Tu Alma”, dedicada a su Padre
3) Rey de Reyes de la Canción inédita (2017)
• Con un merengue en homenaje al legendario cajero Pablo López Gutiérrez titulado “El Rey de Los Cajeros”.

Ivo Díaz es toda una institución musical que ha llevado el Vallenato por selectos lugares y escenarios del país. Cuando realiza nuevas versiones de cantos tradicionales y clásicos, los hace con respeto y admiración a la versión original, nunca dañando o modificando su esencia, más bien es todo un museo restaurador, donde el pasado no parece lejano, cuando es atrapado en su voz.

Todo lo que IVO realiza, es para un estrato elevadísimo de vallenatía y siempre que va a hacer un nuevo trabajo de grabación, siempre incluye canciones inéditas, con lo cual logra mantener viva esa esencia y sentir del vallenato.

IVO LUÍS DÍAZ RAMOS

Su preocupación por mantener viva la música Vallenata auténtica es tan marcada, que de forma natural se ha convertido en un soldado defensor del folclor y guarda la esperanza de que otros sigan sus pasos, para que no se pierda el vallenato clásico y tradicional, ese que reclama a gritos la UNESCO, al declararlo “Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad”. Por esto y por su gran talento considero a Ivo Luis Díaz Ramos “La Voz Auténtica del Vallenato”


jueves, 2 de mayo de 2019

EL FESTIVAL NO HA MUERTO


Por: Nico Duba.

El reciente fracaso económico del festival no es su final y mucho menos su desaparición como máxima expresión de la música vallenata. Al contrario,creo que como manifestación cultural,refleja los profundos cambios sociológicos que sufre la región y el país;por lo que amerita una inflexión y una reingeniería que lo ponga a tono con la modernidad .

Para comprender lo que puede estar sucediendo en el seno del Festival como organización, debemos remontarnos a sus inicios y evaluar los pro y los contra de sus 52 años de vida. El Festival nace y se reproduce como un apéndice de la política y del tráfico de influencias. No en vano la figura del hábil Alfonso López Miquelsen, aparece como su mentor. La utopía de Consuelo, la juglaría de Escalona, y la errancia mágica y literaria de Gabo, fueron aprovechadas por el político para idearse una fiesta que le generara los buenos dividendos electorales que en otros lares le daba la famosa fiesta del bambuco.

El festival es hijo de la política y al final es ese su talón de aquiles. Los nativos encontraron en el festival la llave maestra para horadar la impenetrable puerta de la politica nacional.

Sabemos que al calor del old parr y del aguardiente antioqueño ,para ser mas exacto, y por supuesto en la envolvente atmósfera musical de las parrandas vallenatas, se han gestado ministerios, candidaturas, descabezamientos y otros menesteres de la politica local y nacional. El caso mas notorio fue el empoderamiento y la proyección de un hombre tan mediocre como Edgardo Maya, a quien lograron posicionar en dos de los mas altos cargos de la vida pública nacional , sin tener mérito académico o profesional alguno; solo a base de tráfico de influencias. Edgardo al día de hoy no sabe ni redactar un poder, y viene de ser Procurador y Contralor General.

Ejemplos como este sobran. Alvaro Araujo Noguera, a quien aprecio , lo sabe mejor que yo, y gran favor nos haría si contara las memorias políticas del Festival y su entorno.


Consuelo, con todos los méritos que se merece, y lo digo sin querer afectar su buen nombre , se dejó permear de la influencia política, que al comienzo manejaba Alvaro y su hijo Sergio, y terminó utilizando el poder del festival para manejar a su antojo el poder político local. Lo hizo aprovechando la falta de personalidad de un hombre venal como Jhony Perez, alcalde de ésa época, a quién a cambio de blindaje judicial, le exigió la entrega de la vasta extencion urbana donde se construiría el Parque de la leyenda. El presupuesto y la asignación millonaria de recursos para la construcción del mal llamado templo de la música vallenata fue logrado al calor de parrandas festivaleras. Pastrana, Uribe, ministros y funcionarios venían al festival y se iban hechizados a dar aprobación a las partidas solicitadas. Lo mismo pasaba con los jefes de los órganos de control, que después se hacían los de la vista gorda frente a la ejecución de los recursos.

Así funcionó el festival por muchos años. Había tráfico de influencias para escoger jurados, para escoger reyes, para asignar kioscos, para los palcos , para regalar boletería. Alcaldes y gobernadores corruptos daban partidas millonarias al festival sin temor alguno porque Maya, ya empoderado, los protegía.

El Festival internamente era una organización de pobre desarrollo gerencial. Con una junta directiva de relleno, con personajes pusilánimes que a todo le decían sí, y que nunca han hecho otra cosa que firmar lo que decidiera la Cacica , y en los últimos tiempos su hijo Rodolfo.

El boom comercial de la música Vallenata, y su generación millonaria de recursos, desplazó los réditos políticos y convirtió al Festival en una mina de oro cuya explotación correspondió a los herederos de la Cacica. A pesar de la ponderación de Rodolfo, a quién le reconozco honradez y constancia, debo decir que en torno a la celebración, todo se mueve por dinero y por amiguismo. Se trata de favorecer a quienes sean mas allegados y se les niega la oportunidad a quienes estén por fuera de su círculo así estén sobrados de mérito. Ejemplo de ello es la visible y múltiple contratación a favor de Carlos Vives y de Silvestre, quienes año tras año vienen por sus millones y nos dejan, en el caso de Silvestre, una narcotizada perorata de peleonero de barrio, hablando sandeces que nada tienen que ver con el espectáculo por el que se le paga.

El Festival no está muerto. Considero que lo que está es vivo y fortalecido. Para aguantar los abusos de hoteleros , taxistas, vendedores y demás abusadores y especuladores hay que estar fuerte ,y el Festival ha demostrado que aún así permanece.

Los malos resultados de este año son producto de una mala organización y de una pésima regulación por parte del alcalde corrupto que tiene la ciudad .Cuantos negociados hay detrás de la aprobación de permisos y licencias para espectáculos? Al Festival lo han ido minando con tantas fiestas alternas, las cuales con alguna excepción como las tradicionales de Rìo Luna, club Valledupar y club campestre no deberían obtener licencia o permisos para esos días.

El Festival no está muerto y hay que ponerle su mejor vestido para que el año entrante brille y sea reivindicado como nuestra máxima expresión folclórica.

viernes, 26 de abril de 2019

SABANEROLOGíA


Por: Luis Carlos Ramirez Lascarro

El libro “Sabanerología, Fundamentos de la música sabanera, Tomo I”,  de coautoría de Alfonso Hamburguer y Víctor Uribe, editado en 2016, me suscitó una gran expectativa, por la posibilidad de encontrar una disertación que, apoyada de manera transversal en varias disciplinas, permitiera no sólo conocer los orígenes y fundamentos de la música hecha en las sábanas y sus interacciones con las del resto de la región y el país, sino una especie de inventario cultural que procurara la reafirmación cultural en torno a los valores de esta subregión del caribe colombiano más allá de la respuesta en tono de piqueria, que de inmediato sugiere su título, al libro Vallenatología de Consuelo Araujonoguera y a los demás textos conexos a este.

Siendo claro y directo: el libro me decepcionó.

El libro es, básicamente, la exposición de una postura regionalista en reacción a otra y esto no conduce a nada. El regionalismo no es malo en esencia, pero esperaba fuera superado por un discurso que buscara no sólo la reivindicación de unos valores que se sintieron y se sienten atacados, degradados y menospreciados, sino la superación de los distanciamientos causados por la formulación intencionada y desinformada de un discurso que en base a la subjetividad apasionada y la exacerbación del etnocentrismo se ha convertido en hegemónico sin aportar la claridad conceptual necesaria para sustentar sus propios fundamentos. Este libro tampoco supo aportar esa claridad conceptual y, por tanto, no logró superar la subjetividad desbordada ni el etnocentrismo exacerbado sufrido por la mayoría de los textos publicados sobre vallenato, incluso desde antes del libro pionero de Araujonoguera y que han creado su historia y sus referentes.

El libro está lejos de  ser un vehículo para defender y divulgar los valores, costumbres y modos de expresión del sabanero, llegando a ser, a duras penas, una descripción del proceso de conformación de una Red de Sabaneros que busca defender el difuso concepto de la Sabanerología. Una descripción que, por lo general, resulta tediosa debido a la innecesaria y excesiva enumeración de nombres y oficios de los miembros de la red y sus constantes reuniones, así como de los elementos culinarios, etílicos y mobiliarios que las caracterizan, además de los continuos desencuentros y decepciones en el proceso muchas veces ingrato de gestión cultural llevado a cabo en los territorios de las sabanas del viejo Bolívar.

El libro tiene problemas de edición que se reflejan en errores de configuración de algunas páginas, mostrando parte del título de un capítulo al final de una y el complemento al inicio de la siguiente. Tienen muy pocas citas bibliográficas, llegando a considerar que faltan por lo menos unas 90 que permitan rastrear algunos textos o investigadores que referencian de manera somera e inadecuada, cosa que le resta rigor y credibilidad al texto y sus planteamientos, como en los casos en los que se habla de los “indios farotos” citados por Pacheco en La hamaca grande, o cuando se alude a periodistas sabaneros que, sin darse a conocer en otras latitudes, se trenzaron en duelo ideológico con “La Cacica” sin detallarse ni los periodistas ni sus textos o cuando se asegura que Aniceto Molina vende en el mundo mucho más que cualquier grupo vallenato, sin aportar estadísticas, y que la palabra acordeonero existe en el Diccionario de la Lengua Española, aprobado por la RAE, definida como: “Persona que arregla el acordeón” sin especificar la edición del diccionario donde aparece esa definición específica.

Un grave error de edición puntual se identifica en la página 15, donde se comenta que se ha escrito mucho sobre vallenato, sin citar los textos, 3 y 33 años después de la aparición de las obras: “En cofre de plata” y “Vallenatología”, lo que sitúa a la obra en el 2006, debiendo haberse escrito 13 y 43 años puesto que el libro aparece editado en 2016, así desde 10 años antes se haya redactado este fragmento del segundo capítulo.

En cuanto a su redacción, sufre de ser un texto repetitivo con párrafos inconexos, principalmente en los primeros tres capítulos, que dificultan el seguimiento del hilo argumentativo que se pierde con frecuencia por la inadecuada distribución de párrafos y los cambios de voz discursiva no marcada o marcada con poca claridad. El tono es informal, más cercano al de una conversación de café que a la exposición de unas tesis derivadas de una investigación sociocultural. En ocasiones se excede en el uso de expresiones coloquiales que son innecesarias y no terminan aportándole o  enriqueciendo de manera significativa al texto, sino lo contrario.

En el texto se asegura, de manera incorrecta, que el acordeón fue inventado por Buchman, quien realmente inventó la Mundarmonika, usurpándole, de paso, la paternidad de ésta a Demian. Se asegura, también erróneamente, que Carlos Martelo es de Guamal, Magdalena, siendo realmente de El Piñón y que éste creó el Paseaito, ritmo atribuido a Calixto Ochoa, en vez del Jalaito, ritmo por el cual se le da crédito al director de la famosa banda de Los Hermanos Martelo.

En lo argumentativo, el texto no pasa de ser una reacción al discurso hegemónico del vallenato, repitiendo las inconsistencias de este que han incomodado u ofendido a los sabaneros y centrando la defensa de estos, principalmente, en los planteamientos de Pacheco Anillo en varias de sus canciones, siendo la más famosa de estas La hamaca grande. No se presentan más argumentos y se comete el error de reducirse la musicalidad sabanera, que es polirrítmica, a la música de acordeón cultivada en esta región, a pesar de que con frecuencia se aluden varios otros formatos instrumentales, como los de Pitos y Tambores o los de las Bandas y Orquestas.

La descripción de los instrumentos es muy simple y no habla de su aparición en la región ni de su evolución, si es que la hubo. La descripción de los ritmos no es técnica ni desde el ámbito musicológico y, por tanto, las diferencias estilísticas entre los vallenatos y los sabaneros tampoco lo son y se limitan a ser “marcadas” aludiendo a la obra de un acordeonero de cada región o a la de algunos compositores, cometiendo el error de hablar de manera genérica de “narrativa vallenata” y “poética sabanera” sin definir ambos conceptos ni tener en cuenta que en ambas regiones se presentan obras que se pueden inscribir en los mismos géneros literarios.


El ser sabanero se asimila en el libro como ser nacido en los territorios pertenecientes a la antigua provincia de Cartagena, aunque casi siempre se excluye de esta denominación a los atlanticenses, que también hicieron parte de dicha provincia, en contraposición al ser vallenato que se asimila con ser nacido en los territorios pertenecientes a la antigua provincia de Santa Marta, cosa incorrecta, aunque a veces se limita esta denominación a los guajiros y cesarenses haciendo eco a la división arbitraria e injustificada hecha por Araujonoguera en su libro pionero.

La ubicación de la “tierra sabanera” es imprecisa, así como la descripción de los supuestos fundamentos de la música sabanera, la de sus ritmos, bailes e instrumentos típicos, al igual que la descripción de la idiosincrasia que caracterizaría a los pobladores de estas tierras que, sinceramente, no es muy diferente a la de la mayoría de los pobladores de las zonas rurales de la mayor parte de la costa caribe colombiana a ambos lados del río Magdalena, accidente geográfico que en ocasiones es tenido como barrera y en otras como puente entre dos regiones políticas que, en realidad, no son tan distintas culturalmente como se pretende hacer ver desde ambos lados.

El objetivo de definir para defender los conceptos fundamentales de la cultura y la música sabanera no fue cumplido a lo largo del libro y deja abierta, con sus fallas, la invitación a la revisión minuciosa del concepto de Sabanerología y sus implicaciones, así como de las formas adecuadas y eficaces para su formulación y sustentación formal y académica.



Luis Carlos Ramirez Lascarro

A tres tabacos

Luis Carlos Ramírez Lascarro nació el 29 de junio de 1984 en la población de Guamal, Magdalena, Colombia. Es técnico en Telecomunicaciones y tecnólogo en Electrónica. Estudia actualmente Ingeniería de Telecomunicaciones y trabaja para una empresa nacional de distribución de energía eléctrica. Finalista de la cuarta versión del concurso Tulio Bayer, Poesía Social sin Banderas, 2005, en cuya antología fue incluido con el poema: Anuncio. Finalista también del Concurso Internacional de Micro ficción “Garzón Céspedes” 2007. Su texto El Hombre, fue incluido en el libro “Polen para fecundar manantiales” de la colección Gaviotas de Azogue de la CIINOE, antología de los finalistas y ganadores de dicho concurso, editado en 2008. El poema Monólogo viendo a los ojos a un sin vergüenza, fue incluido en la antología “Con otra voz”, editado por Latin Heritage Foundation. Esta misma editorial incluyó sus escritos: Niche, Piropo y Oda al porro en la antología “Poemas Inolvidables”, de autores de diversos lugares a nivel mundial. Ambas ediciones del 2011. Incluido en la antología Tocando el viento del Taller Relata de creación literaria: La poesía es un viaje, 2012, con los poemas: Confidencia y guamal y con el texto de reflexión sobre poesía: Aproximación poética. Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía: Luna de Locos de Pereira (2013) e incluido en la Antología nacional de Relata, 2013, con el poema: Amanecer.

Es autor del libro, publicado de manera independiente: El Guamalero: Textos de un Robavion y de los libros aún inéditos: Confidencia y Libro de sueños