RANCHERIASTEREO

lunes, 9 de junio de 2014

TE CANTO CON EL ALMA PAPÁ (HOMENAJE A ADANIES)



Como un homenaje a su padre Adaníes Díaz, Jorge Iván ‘El Churo’ Díaz grabó las canciones más importantes interpretadas por su progenitor, un gran representante del folclor vallenato de los años 80.

Churo y sus amigos’ Silvestre Dangond, Peter Manjarrés y Poncho  Zuleta, engalanarán las notas de las canciones que fueron hitos hace varios años, tales como Marianita, Estrella Fugaz, Bendita Duda, Injusticia, La Pesca, Ya no Eres mi Amor, Pico y Espuela, Morena, Mi Proclama, El Cantor de los Indios, Pase lo que Pase, Volverás, El Cobarde del Pueblo, La Campesinita y El Borracho.

Con cada uno de los cantantes, que también son muy representativos para el folclor vallenato, interpretará una canción de su padre, quienes accedieron a hacer parte de esta importante producción como un homenaje a Adaníes, un hombre que con su muerte truncó el éxito que tenía bien cultivado y que estuvo a la altura de los más grandes del vallenato de la época.

En la producción también hicieron parte los acordeoneros que han representado la cultura vallenata con sus melodías, como Iván Zuleta, Gonzalo Arturo ‘El Cocha’ Molina, Julián Rojas, Alvarito López, Alberto ‘Beto’ Villa, Franco Arguelles, Omar Geles, Juancho De La Espriella y su compañero de fórmula Elías Mendoza.

Con esta producción, El Churo Díaz exalta a su padre por una petición de sus seguidores y del anhelo de su corazón de recordar las canciones que inmortalizaron el nombre de Adaníes Díaz. Los cantantes ni los acordeoneros recibieron retribución económica por hacer parte de la producción y lo hicieron por darle el gusto de hacer este homenaje a una figura del folclor vallenato.

Las grabaciones se realizaron en los estudios de grabación de Leo Record bajo la dirección de Fabián Corrales con un costo cercano a los 24 millones de pesos.

“Yo fui el manager de Adaníes”

Daniel Vega Córdoba, recuerda aquellos días en los que Adaníes se subía a las tarimas y era una importante figura como lo era Diomedes, Poncho y Oñate, en la época.

“Adaníes era una persona responsable, en esa época Héctor Zuleta, su acordeonero, alcazaba a duras penas los 20 años y llegó a llorar en muchas parrandas porque decía que Héctor lo iba a dejar sólo creyendo que se iba a grabar con Diomedes Díaz, con la realidad de que no lo dejó para irse a tocar con el Cacique, sino con un adiós que fue para siempre, y seis meses después, en el año 1982, fue el fallecimiento de Adaníes” relató el que fuera entonces el manager del cantante, y quien recorrió muchos lugares cerca de ellos.

También contó a Rancheriastereo que Sierva María, Volverás y Estrella Fugaz son las canciones que más lo inspiraban, eran supremamente importante presentarlas ante el público,

“Adaníes vivía por el folclor, no le importaba tanto el dinero, primero le pagaba a los integrantes y del bus se bajaban con la plata del toque en la mano, esa era su mayor satisfacción, complacer a la gente, a su corazón y hacer de su agrupación una familia”.

martes, 3 de junio de 2014

CARLOS HUERTAS: EL CAMINO ERRANTE DE LA UNIVERSALIDAD - "EL CANTOR DE FONSECA"



Carlos Huertas en medio de Cepeda Samudio y García Márquez

Por:Abel Medina Sierra (Circulo CORALIBE)

Carlos  Huertas: el gitano mayor


Si algo ha dado impronta indeleble a la espiritualidad del fonsequero es la errancia. Los fonsequeros son reconocidos como los “Gitanos de La Guajira” por siempre estar dispuesto a desplegar sus alas buscando vientos favorables, rastreando oportunidades donde hacer germinar sus proyectos personales. El repaso por los músicos de la generación de Carlos Huertas, así lo evidencia. La creación del Festival del Retorno nace como una manera de propiciar el regreso de todos esos fonsequeros errantes que poblaron el mundo pero que sueñan con el “rumor del ranchería” o paladean con el deseo un guiso de iguana en un patio de fronda acogedora.

Carlos Huertas supo interpretar el legado musical de su pueblo, desde las notas rancias de acordeoneros como Ramón Teobaldo Cárdenas “Tabaquito”, Miguel Carrillo, Juan Solano o los Pitre, pero también las guitarras de Nicolás Deluque, Julio Vásquez o Hugues Peñaranda. Fueron esos los referentes que tuvo en el patio, los contagios primarios, las ramas próximas. Pero más allá, había que desbrozar caminos para desentrañar los secretos más profundos del arte musical. La radio le traía voces distantes, ritmos que llegaban a los pies pero también a las vísceras.

En Fonseca recuerdan a Carlos Huertas como un torrente de vitalidad que paladeó la vida con la certeza de acariciar en ella una guitarra. Sacándole sus mejores notas, recorriendo las cuerdas desde el brillo del éxito o desde la herrumbre de la carencia. Su gesta musical se construyó con arena del patio pero también con abonos de muchas partes. Carlos Huertas el de aventuras impetuosas en Barrancas, el estudioso que en tierras tolimenses arañaba la esquiva disciplina académica de la música. Un camino de huellas perdurables donde fue tomando influencias para vestir su música con el variopinto matiz de la universalidad. Quienes lo recuerdan solo pueden aportar retazos de una vida sin lugar, de un tiempo sin espacio, de las lejanas calendas que solo él podría desenmarañar .Rumores de una vida agotada hasta el delirio, certeza de un cantar nutrido de vivencias, añoranza de una parranda eterna para festejar la amistad y la vida (cada anfitrión de parranda se quedaba con una canción como ofrenda a la amistad).

Al compás de una guitarra


Carlos Enrique Huertas Gómez, el hijo de Dolores Gómez Gómez (Lola la Blanca) y de un vallecaucano que ejecutaba la guitarra, Carlos Modesto Huertas Gómez, guiado por este cordófono recorrió los confines sonoros del país y derribó las fronteras genéricas del vallenato para convertirse en el más universal de nuestros compositores. La guitarra era un puente más natural para dialogar con otras manifestaciones musicales distintas al vallenato. Los músicos y autores vallenatos que interpretan la guitarra sienten una natural inclinación a interpretar otros aires.

Nació en Dibulla, recibió el soplo de vida procelosa. Respiró aire caribe por primera vez el 21 de Octubre de 1934. Desde niño recibió como herencia el culto a la música, en especial a laguitarra. Su abuelo Atinio Huertas había sido director de la Orquesta de Riohacha, su padre tocó con maestría la flauta, el tiple y naturalmente, la guitarra. Aunque a los 14 años ya acompañaba en el bombo a músicos como “Monche“ Brito sentiría el llamado incitador de la guitarra desde las primeras enseñanzas de Rafael Enrique Del Prado, un amigo de su padre que le despejó el camino como autodidacta (Carlos sólo había cursado hasta cuarto de primaria) y le hizo comprometerse de por vida con el dulzor de las cuerdas .

La magia de la guitarra y el lirismo versátil de sus composiciones se nutrieron de toda una tradición folclórica que siempre lo alentó a la dedicación constante .En esa búsqueda inagotable de universalidad musical se fue a Ibagué, la capital musical del país, en el conservatorio tuvo como maestro y mentor al maestro Saldaña. Se hizo músico cabal, capaz de desentrañar los vericuetos pentagrámicos y las galimatías del lenguaje musical. Recorrió los llanos colombianos y venezolanos. Así amplió sus referentes musicales y entendió la universalidad escondida en la guitarra y regada en los caminos lejanos de la casa.

Con el tiempo Carlos Huertas sería reconocido como un ponderado guitarrista de arpegios mágicos y tonalidad magistral. Integró tríos y agrupaciones al lado de músicos como Wilson Choperena, Hughes Martínez, Otoniel Miranda, Lucho Gutiérrez, Julio Vásquez, Enrique Zimmerman, Toño Salazar y Carlos Hernández (El trío Los Tawaras de Maicao), también acompañó a Colacho Mendoza en grabaciones.

La vida errante

Fue tan fuerte el soplo de vida que recibió del mar dibullero que lo aventó a una errancia que lo llevó por diversos confines de La Guajira como Lagunitas, donde vivió junto a Leandro Díaz y sus parientes y lugar donde según el mismo Leandro fabricó con sus propias manos su primera guitarra y compuso su primera canción “Lagunitas” .Siguió su errabundo trajinar por Fonseca, Distracción, Barrancas, Hatonuevo, Papayal, Camarones, Carraipía y Maicao. Vivió por poco tiempo muchas regiones del país como Valledupar, San Diego, Santa Marta el Tolima y por los lejanos caminos de Venezuela donde estuvo en el conservatorio de música, descubriendo sabores y colores que luego vestirían contagiándose así de riqueza su prolifera producción musical. Esa errancia encuentra su más viva expresión en su canción más famosa “El cantor de Fonseca” (Jorge Oñate y los Hermanos López 1973) 
El cantor de Fonseca 

“El cantor de Fonseca” es el himno de su errancia, la canción de esa búsqueda de claves existenciales. Los referentes motivacionales surgirían en Santa Marta a inicios de los 70´s . Había llegado de Ibagué con los bolsillos vacíos y la ausencia de patria reclamándolo desde Fonseca. Allí, guitarra en mano hizo complacencias a varios turistas “cachacos” que admiraron la forma como éste guajiro interpretaba joropos, pasillos y galerones con destreza y propiedad. Esto obligó a uno de los desconcertados observadores a preguntar por su origen. La respuesta de Carlos originó la célebre canción que le dio renombre al pueblo de San Agustín y sirvió para bautizar al autor en el concierto artístico nacional: desde entonces sería” El cantor de Fonseca”.

La nostalgia por Fonseca

Fonseca, su lar placentero, la tierra que inundó con ráfagas de brisa fresca su vena musical. En cada retozo en las aguas del ranchería, con el olor a guiso de iguana que se solazaba en los umbrosos patios, con la picardía del primer “amor”: la burra llamada por el mismo “avispita” alimentó su arraigo hacia la tierra de San Agustín. . Este sentimiento terrígena aflora en una de sus canciones, en la cual, la distancia y el tiempo le reclaman un lamento de ausencia por la patria (Jorge Oñate y los hermanos López , 1973)

También en Fonseca fraguó la hermandad con la guitarra y el acordeón. En Fonseca se dejó contagiar por unos pellizcos que hacían que las guitarras destilaran alegría de vivir, eran las manos de Julio Vásquez, Bienvenido Martínez, Natalio Ariza y Raúl Parodi. Fonseca ya era el epicentro de la escuela ribana del acordeón, emporio de cantores donde se cultivaba el más acendrado vallenato en figuras como Santander Martínez y su hijo Luis Enrique (el primero en grabarle una canción a Carlos: “El cantor de Fonseca”); Juan Solano, Luis Pitre, Fortunato Peñaranda entre otros.

Muy a pesar de su actitud errabunda y espíritu peregrinante Carlos Huertas siempre guardaba un recodo para anidar la nostalgia por la tierra fonsequera y La Guajira en general. Mientras más recorría territorios difusos más reafirmaba su ligazón raizal hacia el pueblo que le sembró canciones en sus fibras más emotivas. Nadie supo cantarle tanto y tan sentidamente a Fonseca como Carlos Huertas. En las canciones dedicadas al pueblo que lo acogió, recoge con mágico colorido toda una reafirmación de principios de territorialidad, ponderando sus raíces musicales, el entorno natural y la esencia cultural y folclórica de este pueblo que quiso hasta el final y donde exigió ser sepultado. Producto de ésta exaltación de la cultura fonsequera, nace las décimas con las cuales dio trascendencia al “Festival del Retorno”, fiesta tradicional del pueblo que en esta nueva denominación reclama su carácter musical (Zuletas, 1978) 


Después de tanta errancia, sacándole el jugo a una existencia plena en goce, el viaje a la semilla se hizo obsesión. En la casa tenía el sosiego para su fuego indeclinable. Se ancló en Maicao, preso de la sabia paciencia de su esposa Leila Larios y del inquieto encanto de sus hijos. Maicao era una ventana que terminaría por ensanchar sus referentes musicales. Al igual que su paisano Roberto Solano (nacido en El Hatico), en Maicao encontró la diversidad cultural, la amalgama musical, el crisol social y musical que terminó alentando su propuesta musical con otras motivaciones genéricas. Allí integró el Trío Los Tawaras con Carlos Hernández y Toño Salazar, allí compuso muchas canciones granadas en Venezuela que hoy son dignas de rastrear. El serenatero mayor, el parrandero consumado, en errante de mil caminos sosegó su espíritu de trotamundos en ese Fenicia moderna que es la ciudad de Maicao.

La variedad genérica

Carlos Huertas mantiene unas doscientas canciones inéditas, un filón portentoso de manifestaciones que recogen una vida de penurias económicas pero de alegres parrandas, de existencia gozosa, la nostalgia por su tierra, los amigos y la familia, todo un mapa de su territorio vital hecho canciones.

Les robó inspiración a los llanos venezolanos y a las tierras del Zulia para componer gaitas como: “Maracaibo de Baralt”, “Canto a la Guaira”, y algunos pasajes, “Echa pa´lante”, “La chinca” y el célebre pasaje “Mi hermano y yo”. Son temas que han recibido el reconocimientoen el vecino país.

Se ha podido evidenciar su incursión en géneros tropicales como la variedad del porro orquestado en canciones como “Tierra feliz” y “Sultana del mar” que se asevera que es un bolero como la anterior, dedicado a Riohacha. En un arduo trabajo de arqueología musical que ha venido emprendiendo su hijo Carlos Huertas se ha podido identificar que compuso un son montuno titulado “sabor a idilio”.

Conviene un denodado esfuerzo por rastrear muchas canciones, de las cuales se tienen testimonios pero no certeza de su autoría y que demuestran su prolija capacidad para ofrecer canciones de mucha altura musical y lírica en géneros tan variados como el bolero, la ranchera, pasillos, tangos entre otros.




Su temática, su condición humana

Carlos Huertas fue un músico a plenitud, pletórico de motivaciones cantoriles y fecundo en su producción artística. Sus composiciones se pueden categorizar en las siguientes líneas temáticas:

La nostalgia por la tierra y su folclor: Esta línea lo hizo famoso en los festivales de la región, se resalta el arraigo e identidad hacia Fonseca y La Guajira en general. Pertenecen a éste género: “El cantor de Fonseca”, “Tierra de cantores”, “Orgullo guajiro”, “Guitarras y acordeones”, “Iguana y maíz tostao”, “Así es Fonseca”, “Documental guajiro”, “Hermosos tiempos”, “Del tamaño de la luna”, “Tierra feliz” , “Mi primer merengue” entre otros.

La amistad y la exaltación personal: Fue recurrente en la manifestación de afectos a sus compañeros y amigos que bajo el ritual de la parranda disfrutaron de su alegría y cimentaron su aprecio. Dentro de ésta temática se enmarcan producciones como “Tierras del Sinú “, “Cerro Peralta”, “Al compás de una guitarra”, “Lola la negra” , “Lontananza”, “Buena parranda” y “Abrazo guajiro” .

El sentimiento y vida romancera: Aunque Carlos Huertas no se inclinó mucho a plañir sus sentimientos como muchos compositores del meloso vallenato moderno, no se sustrae, como poeta al fin, de la manifestación de sus suspiros como enamorado, lo que se expresa en temas muy vallenatos como “Mis delirios”, “Porqué”, “Después de pascua”, “Ay mama”, “Clemencia”, “Ojazos bellos” , “Dominguito” , “Lindo vergel”, “La casa”. 

La reflexión filosófica y el cuestionamiento: En algunas composiciones adoptó el tono sentencioso propio de los compositores de amplia experiencia vivencial, capaces de formular leyes para la vida, latigazos de moral a los deshonestos y consejos para los jóvenes. Producto de sus reflexiones sobre el carácter veleidoso de la mujer, surgen paseos como “Qué vaina las mujeres”, “La casa”, “La Biblia”.

Las sustanciales diferencias entre el y su hermano Amilkar le motivaron “Mi hermano y yo”, una profunda reflexión sobre la contradicción existencial y moral entre ellos, entre su vida errante, aventurera y hasta “plebeya” y la sosegada vida de un letrado esclavo del status. Establece así un paralelo entre dos formas distintas de crianza como claves para entender la actitud hacia la vida: una apolónica (su hermano) y otra dionisiaca (la de él ) . En este paseo refleja Carlos Huertas su arraigada condición humana, la sutil ironía y la reflexión filosófica a través de la alegoría:

Mi hermano y yo

Dicen que mi hermano y yo

Llevando la misma tinta

Somos dos cosas distintas

Debe haber una razón

Pues el es doctorado

Y yo soy aventurero

Soy trovador guitarrero

El es un señor letrado



Yo de mi vida sólo hago
Lo posible en la ocasión

En cambio él hace de don

Porque sabe y es pudiente

Somos cosa diferente

Dicen de mi hermano y yo

Somos dos polos opuestos 
El vulgo se encarga de ello 
Dizque yo soy plebeyo

Él , un señor de respeto 
Yo tal comentario acepto

Aunque es tal versión contrita 
Y que sea otro quien repita 
En mi ausencia o mi presencia

Que opuestos hasta en conciencia 
Llevando la misma tinta

Desde el punto zodiacal

Nuestra imparidad se opone

Nos coloca en dos renglones

Por razones desigual

Yo nací frente al mar

El día de San Juan Bautista

O un veinticuatro cualquiera

Esto explica que a manera

Somos dos cosas distintas

Desde que trina la zuira 
Hasta cuando el gallo canta

Lapso en que el cuerpo alcanza 
Descanso y la mente gira

Se enciende la inmensa pira 
De mi alma y sin pasión

Me paso a la conclusión

Que es como ir del oro al cobre 
Él es rico y yo soy pobre


Las guitarras también saben quejarse, ellas añoran las diestras manos que nutrieron de arpegios los más reticentes silencios y tristezas. La parranda seguirá con su ritual dionisiaco, pero un recodo de ausencias reclamará por esa voz ríspida, esa guitarra sentida y la inspiración fecunda. Allá en Fonseca, el aliento de los higuitos y “el rumor del ranchería” entonan unos cantos con sabor a provincia y a vida que Carlos Huertas les enseñó.


lunes, 2 de junio de 2014

JAIRO DIAZGRANADOS "EL LEGENDARIO" FOLCLORISTA´Y VALLENATOLOGO

Por: Oswaldo Gomez Toledo


Los recuerdos, siempre nos trasladan por rutas diferentes a la nostalgia y a la fantasía, sobre todo en nosotros los provincianos sensibles de alma y alegres de corazón; muchas veces, cada día de nuestra vida, deseamos regresar al pasado, es por eso que recreamos en nuestro anecdotario esa libreta mental llamada remembranzas o reminiscencias. Es ahí donde la historia es la fábula de nuestras vidas, porque “La historia es para escribirla y sus hechos, por muy insignificantes que sean, deben ser plasmados, para poder darle realidad al futuro”.

Esto es lo que está haciendo JAIRO DIAZ GRANADOS ACUÑA, quien recopilando todas esas anécdotas de la vida parrandera de nuestra provincia, con sus cantos que forman parte del sentir vallenato, sus tertulias y parrandas, está amontonando con sus anécdotas provincianas, la historia, porque escribir y contar como él lo hace, es formar parte de la bitácora para el futuro de nuestro folclor.

JAIRO DIAZ GRANADOS ACUÑA, ha sido un fiel contador de anécdotas provincianas, de parrandas, compilador de hechos folclóricos, como también de la bohemia, pues heredó de sus ancestros esa forma repentista de decir y manifestar sanamente las experiencias vividas, moldeándolas con manos de alfarero, como hicieron Rafael Escalona, Hernando Marín, Carlos Huertas, Fredy Molina, Leandro Díaz, Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez, Julio de la Ossa, Andrés Landero, Lorenzo Morales, Emiliano Zuleta Baquero y Máximo Móvil, con sus composiciones.

Gracias a estas anécdotas, el legendario, como cariñosamente llamamos a JAIRO, se ha convertido en la verdadera enciclopedia del folclor regional, quien como trovero de la historia nuestra, se dedica a transmitir las vivencias de tiempos idos de parranda en parranda y de tertulia en tertulia, lo que han hecho con versos y canciones los grandes juglares de nuestra música vallenata.

Leer detenidamente al Legendario, es alimentar la vida y abrirse fácilmente al goce sano, a las costumbres arraizadas y a la inspiración que puedan terminar siempre en un canto; porque el arte musical y poético a su manera se convierte, sin proponérselo, en “Usted lo sabe, pero no se acuerda”. Es además, un acérrimo cultor del vallenato ortodoxo, con sus raíces del son acompasado, del paseo cadencioso, del merengue rítmico y de una puya amarrada a los arpegios de una cadera vallenata.

Posee, además de su mente prodigiosa, un fonógrafo o tocadiscos y una fonoteca de archivos sonoros (acetatos), allí en su kiosco se escuchan versos, se escuchan cantos de parrandas con guitarras y acordeones y muchas risas. Por cierto, también tiene alma de bombero y en sus entrañas sabor a tierra mojada.  
  

lunes, 12 de mayo de 2014

38 FESTIVAL NACIONAL DEL PORRO SAN PELAYO-CORDOBA

Desde ya la administración del municipio de San Pelayo se alista para la versión 38 del Festival Nacional del Porro que se realizará del 25 al 30 de junio del presente año. 

En la ciudad de Montería el alcalde de San Pelayo, José Jaime Pareja Alemán, presentó oficialmente la junta organizadora para esta versión del Festival, al tiempo que socializó con los medios de comunicación el megaproyecto del Complejo Cultural María Varilla que se construye en San Pelayo, el cual será el nuevo escenario para el evento cultural. 

Esta es una obra que supera los 11 mil millones de pesos y que se adelanta en un terreno de 3 hectáreas y media, a 600 metros de la cabecera municipal de San Pelayo. 

El alcalde precisó que el nuevo escenario del Festival estará listo en el mes de marzo de 2015.

Para este año 

Para esta versión la Junta Directiva quedó establecida de la siguiente forma: Presidente, José Mendoza Garrido; vicepresidente, Raymundo Plaza Espitia; tesorero, Vicente Conde; fiscal, Carlos Pereira Espinoza; secretario, Manuel Núñez Ramírez; contador, Luis Ernesto Galván, y coordinadores de comité, Marta Orozco, Jhony Plaza, Josefa Mendoza, Armando Banda Arteaga y Clara Polo. 

Próximamente en San Pelayo empezará la inscripción de bandas a participar en el Festival.


sábado, 3 de mayo de 2014

La historia de Romualdo Brito y sus canciones con Diomedes Díaz

La tarde del 22 de diciembre en la que murió Diomedes Díaz, Romualdo Brito estaba en Bogotá, celebraba la canción ‘Ni amigos, ni novios’, grabada en el último trabajo discográfico de ‘El Cacique’.
“La fiesta quedó como dicen por ahí, a medio palo”. Confesó el compositor vallenato en una entrevista en la que habló de su afinidad con el ídolo de la música vallenata.
De sus canciones, ¿cuál fue la primera grabada por Diomedes Díaz?
Romualdo Brito: La primera ocasión fue con el acordeón de ‘Colacho’ Mendoza, pero no me grabó una, sino dos: El Quedao y Así es la vida.
¿Cómo llegó Romualdo Brito a la vida del Cacique de La Junta?
RB: Por intermedio de El Gavilán Mayor (Raúl Gómez). Yo conocía a Diomedes y nos habíamos tratado, incluso, sabía que eramos familia. Resulta que a Jorge Oñate lo habían contratado para tocar en las fiestas patronales de Las Palmas, La Guajira, y entonces solamente fue ‘Colacho’ Mendoza con el conjunto; Oñate no fue. Como no se presentó, El Gavilán me buscó para que remplazara a Jorge Oñate, pero la gente en el pueblo no quería a Romualdo Brito porque había cantado mucho allá. En definitivo, nos fuimos a parrandear en la finca de El Gavilán Mayor y duramos tres días; cantaba Romualdo Brito y Colacho Mendoza tocaba el acordeón.
En esa ocasión ‘Colacho’ Mendoza hacía pareja con Jorge Oñate, entonces, ¿cómo llega Diomedes Díaz al primer Rey de Reyes del Festival Vallenato?
RM: Ese conjunto lo hizo El Gavilán Mayor. Raúl Gómez, en ese entonces, le dio a Diomedes pa’ que grabara con Colacho un bus para el grupo y le regaló a Camilo Torres (bajista) una planta de bajo y un taxi… risas, así nació la agrupación y así grabaron mis canciones; Colacho se había quedado con cinco de miscanciones en aquella parranda en Las Palmas y a la postre las grabó todas.
¿Cuántas canciones le grabó Diomedes Díaz?
RM: Dieciséis. A mí me fue bien en todas las etapas de Diomedes; con Colacho, Juancho Ríos, Cocha Molina, Iván Zuleta y, con Álvaro López me alcanzó a grabar dos.
¿Cómo fueron sus encuentros con Diomedes?
RM: En una época Diomedes me contrató, durante la unión con ‘Juancho’ Rois, para que le ayudara a seleccionar las canciones de los trabajos discográficos. Recuerdo que me iba con ‘Juancho’ para Bogotá con unas cajas repletas de cassettes a escuchar y cuando Diomedes llegaba encontraba las canciones que ibanen el trabajo. Como llegaban muchas canciones románticas, Diomedes me pedía que completara con las rápidas, por eso me grabó muchas alegres.
¿Cuál fue la canción suya que más le gustó a Diomedes?
RB: Creo que fue ‘Parranda, ron y mujer’, le gustaba una barbaridad. Llegó a cantarla antes de grabarla, hasta en una gira por Estados Unidos. Aunque a mí de las 16 grabadas por Diomedes me gustó Yo soy el indio.
Hay anécdotas sobre la actitud de Diomedes para grabar las canciones. Por ejemplo, cuando se empeñó con ‘Amarte más no pude’ de Marciano Martínez. ¿Explíquenos en realidad cómo era su actitud?
RB: Diomedes cuando se enamoraba de una canción demoraba hasta dos días en el estudio de grabación parrandeando con las pistas, para aprenderse las melodías, no tanto la letra, por eso tenía la ventaja de que todo lo que cantaba lo vivía y lo sentía: en el vallenato no hay otro que trasmita tanto como Diomedes Díaz.
En ‘La vida del artista’, último Cd grabado por Diomedes, incluyó Ni amigos, ni novios de su autoría. Cuéntenos sobre esta experiencia.
RB: Con ella pasó lo mismo que cuando ‘Amarte más no pude’; Álvaro López botó el Cd con la canción dos veces; después cuando fuimos a la finca de Diomedes a montarla dijo que no la iba a grabar. Total que Diomedes me dijo “Primo le voy a mandar a mi representante porque me han escondido el Cd y quiero aprenderme esa canción”. A los cinco días me llamó para decirme que me había apartado turno en los estudios con Omar Geles y Rolando Ochoa; Cuando llegué hacer las pistas, Álvaro López llegó corriendo a decirme que si no tenía un Cd porque no le había hecho arreglos. Y no quedó ahí, unos 15 días antes degrabar la voz, volvieron a botarle el Cd y fue directamente a la casa a buscarlo.
Alguna anécdota que no se conozca de Diomedes Díaz con Romualdo Brito.
RB: Cuando quería grabar la canción Ni amigos, ni novios fue a mi casa; el portero llamó a la casa porque en el conjunto donde vivo, para entrar deben de anunciarse, entonces me dijo “oiga maestro aquí hay un señor que dice que es Diomedes Díaz”; luego de entrar, Diomedes me dice “oiga primo estos celadores que usted tiene son los que necesito yo en la finca, muchos diablos que no me querían dejar pasar”.
Por Carlos Mario Jiménez

miércoles, 23 de octubre de 2013

LISTO EL AFICHE FESTIVAL DELA LEYENDA VALLENATA VERSIÓN 47 - 2014 Y EL AFICHE DE LA VERSIÓN 37 DEL FESTIVAL NACIONAL DE COMPOSITORES DE MUSICA VALLENATA SAN JUAN DEL CESAR -GUAJIRA


HOMENAJE A LA DINASTÍA LOPEZ - VALLEDUPAR ABRIL 29 AL 3 DE MAYO -2014

37 VERSIÓN DEL FESTIVAL NACIONAL DE COMPOSITORES DE MÚSICA VALLENATA HOMENAJE A ROSENDO ROMERO OSPINO Y A MIROMEL MENDOZA DICIEMBRE 6-7 Y 8 DE DICIEMBRE.

domingo, 29 de septiembre de 2013

ADIÓS AL ÚLTIMO JUGLAR VALLENATO JOSE VICENTE "CHENTE" MUNIVE COMPOSITOR REY DEL MERENGUE



El cielo vallenato amaneció vestido de gris… los acordeones se silenciaron… y en el murmullo de la música vallenata recordaban al hijo de Guacoche, el Rey del merengue, quien se hacía llamar El último juglar.

“Ay dicen que el mundo se va acabá, yo digo que el mundo se acaba pal' que se muere… esa si es la deuda que yo tengo que pagar, pero a mí me duele morirme por las mujeres… yo no sé que piensa aquel rico miserable, que guarda la plata con tantas mujeres buenas”.

Diomedes Díaz grabó de José Vicente 'Chente' Munive dos canciones: Hombre Parrandero, y La escoba nueva.

Con estas frases de José Vicente 'Chente' Munive, que su amigo Elías Morales dijo que eran inéditas, fue despedido antes de ser sepultado ayer en el cementerio Ecce Homo de Valledupar.

Parado en una esquina de la tumba, con lágrimas en los ojos y la voz quebrada, Morales cantó la frase, a capela, en medio de familiares, amigos, seguidores, paisanos y artistas del folclor vallenato que llegaron para darle el último adiós al compositor, acordeonero y cantante que murió en la madrugada de este jueves en una clínica de Valledupar, víctima de complicaciones renales.

“Ay padrino, mucho dolor… ay mi viejo era tan bueno… yo le decía dónde te duele, ven y te sobo… ay mi viejo bueno, mi viejo querido…”, exclamaba una mujer en medio del llanto que la acongojaba en los momentos en que iba a ser sepultado Munive Redondo.

Antes de ser llevado al cementerio, el cuerpo y la memoria de 'Chente' Munive fue homenajeada con los cantos que él mismo compuso, y que se escucharon en las voces de Jorge Oñate, 'Poncho' Zuleta, Diomedes Díaz y Rafael Orozco, entre otros artistas que marcaron el legado del juglar.

En las instalaciones de la Sociedad de Autores y Compositores, Sayco, el grupo de los Juglares Vallenatos entregó El merenguito en voz de Isacc Carrillo y Dina López con el acompañamiento de Tomas Alfonso 'Poncho' Zuleta; minutos después, el féretro fue conducido a la iglesia La Concepción, en donde el cantante Jorge Oñate entregó unas palabras como alivio y reconocimiento al excelente trabajo que hizo 'Chente' Munive por el vallenato.

Una caravana fúnebre se encargó de acompañar el cuerpo de José Vicente 'Chente' Munive, que fue trasladado desde la parroquia hasta el cementerio Ecce Homo, al norte de Valledupar.

“Una de las cosas más satisfactoria para mí es el campo; cuando estoy en el campo soy feliz. Porque en el campo encuentro yo aquel rato de esparcimiento”, dijo 'Chente' Munive en declaraciones entregadas para un documental del Festival Vallenato llamado 'Expreso Colombia. Toda una vida'. 

El hombre que partió a los 73 años recibió ayer, al filo del mediodía, su última morada; aunque batalló con una enfermedad que lo mantuvo varios meses en cama, el Hombre Parrandero, ese que encontró un Secreto Raro para enamorar a Carmen, y que algún día comparó a la mujer con La escoba nueva se fue para entonar sus melodías desde el cielo.
El campesino de la canción vallenata

Con el acompañamiento y la solidaridad que ha caracterizado a Jorge Oñate, el cantante hizo presencia ayer durante el sepelio de José Vicente 'Chente' Munive.
“'Chente' Munive diría yo que para el folclor vallenato era una pieza muy importante, él hizo para el vallenato 11 merengues… A mí me unió un acercamiento con 'Chente', yo iba mucho a La Mina (corregimiento), cuando él tenía sus hijos pequeños… se nos fue un cultor, un gran compositor, un campesino de la canción vallenata”, declaró el Jilguero de América.

Para el artista que le grabó junto a los Hermanos López la canción Dina López, “'Chente' era un tipo que lo encontraba yo ordeñando temprano. Él hizo historia en la música vallenata; yo le grabé seis canciones”.

Según expresó Jorge Oñate, la frase que más le gustaba del juglar era “Y el pobrecito de mi acordeón, al verme triste también lloraba… cuando llora el acordeón, que paradoja tan grande”.

Al igual que el Cantor de La Paz, en el sepelio de José Vicente 'Chente' Munive estuvo el cajero Pablo López, el compositor Edilberto Daza, Elder Díaz, y el amigo inseparable del nativo del corregimiento de Guacoche, el compositor Rafael Sánchez Molina.

“Un juglar vallenato tiene que ejecutar el acordeón, cantar y tener sus canciones, y si es el caso hasta hacer un verso; eso es lo que llaman un juglar vallenato”: 'Chente' Munive. 


Por Carlos Mario Jiménez

 carlos.jimenez@elpilon.com.co