RANCHERIASTEREO

sábado, 3 de mayo de 2014

La historia de Romualdo Brito y sus canciones con Diomedes Díaz

La tarde del 22 de diciembre en la que murió Diomedes Díaz, Romualdo Brito estaba en Bogotá, celebraba la canción ‘Ni amigos, ni novios’, grabada en el último trabajo discográfico de ‘El Cacique’.
“La fiesta quedó como dicen por ahí, a medio palo”. Confesó el compositor vallenato en una entrevista en la que habló de su afinidad con el ídolo de la música vallenata.
De sus canciones, ¿cuál fue la primera grabada por Diomedes Díaz?
Romualdo Brito: La primera ocasión fue con el acordeón de ‘Colacho’ Mendoza, pero no me grabó una, sino dos: El Quedao y Así es la vida.
¿Cómo llegó Romualdo Brito a la vida del Cacique de La Junta?
RB: Por intermedio de El Gavilán Mayor (Raúl Gómez). Yo conocía a Diomedes y nos habíamos tratado, incluso, sabía que eramos familia. Resulta que a Jorge Oñate lo habían contratado para tocar en las fiestas patronales de Las Palmas, La Guajira, y entonces solamente fue ‘Colacho’ Mendoza con el conjunto; Oñate no fue. Como no se presentó, El Gavilán me buscó para que remplazara a Jorge Oñate, pero la gente en el pueblo no quería a Romualdo Brito porque había cantado mucho allá. En definitivo, nos fuimos a parrandear en la finca de El Gavilán Mayor y duramos tres días; cantaba Romualdo Brito y Colacho Mendoza tocaba el acordeón.
En esa ocasión ‘Colacho’ Mendoza hacía pareja con Jorge Oñate, entonces, ¿cómo llega Diomedes Díaz al primer Rey de Reyes del Festival Vallenato?
RM: Ese conjunto lo hizo El Gavilán Mayor. Raúl Gómez, en ese entonces, le dio a Diomedes pa’ que grabara con Colacho un bus para el grupo y le regaló a Camilo Torres (bajista) una planta de bajo y un taxi… risas, así nació la agrupación y así grabaron mis canciones; Colacho se había quedado con cinco de miscanciones en aquella parranda en Las Palmas y a la postre las grabó todas.
¿Cuántas canciones le grabó Diomedes Díaz?
RM: Dieciséis. A mí me fue bien en todas las etapas de Diomedes; con Colacho, Juancho Ríos, Cocha Molina, Iván Zuleta y, con Álvaro López me alcanzó a grabar dos.
¿Cómo fueron sus encuentros con Diomedes?
RM: En una época Diomedes me contrató, durante la unión con ‘Juancho’ Rois, para que le ayudara a seleccionar las canciones de los trabajos discográficos. Recuerdo que me iba con ‘Juancho’ para Bogotá con unas cajas repletas de cassettes a escuchar y cuando Diomedes llegaba encontraba las canciones que ibanen el trabajo. Como llegaban muchas canciones románticas, Diomedes me pedía que completara con las rápidas, por eso me grabó muchas alegres.
¿Cuál fue la canción suya que más le gustó a Diomedes?
RB: Creo que fue ‘Parranda, ron y mujer’, le gustaba una barbaridad. Llegó a cantarla antes de grabarla, hasta en una gira por Estados Unidos. Aunque a mí de las 16 grabadas por Diomedes me gustó Yo soy el indio.
Hay anécdotas sobre la actitud de Diomedes para grabar las canciones. Por ejemplo, cuando se empeñó con ‘Amarte más no pude’ de Marciano Martínez. ¿Explíquenos en realidad cómo era su actitud?
RB: Diomedes cuando se enamoraba de una canción demoraba hasta dos días en el estudio de grabación parrandeando con las pistas, para aprenderse las melodías, no tanto la letra, por eso tenía la ventaja de que todo lo que cantaba lo vivía y lo sentía: en el vallenato no hay otro que trasmita tanto como Diomedes Díaz.
En ‘La vida del artista’, último Cd grabado por Diomedes, incluyó Ni amigos, ni novios de su autoría. Cuéntenos sobre esta experiencia.
RB: Con ella pasó lo mismo que cuando ‘Amarte más no pude’; Álvaro López botó el Cd con la canción dos veces; después cuando fuimos a la finca de Diomedes a montarla dijo que no la iba a grabar. Total que Diomedes me dijo “Primo le voy a mandar a mi representante porque me han escondido el Cd y quiero aprenderme esa canción”. A los cinco días me llamó para decirme que me había apartado turno en los estudios con Omar Geles y Rolando Ochoa; Cuando llegué hacer las pistas, Álvaro López llegó corriendo a decirme que si no tenía un Cd porque no le había hecho arreglos. Y no quedó ahí, unos 15 días antes degrabar la voz, volvieron a botarle el Cd y fue directamente a la casa a buscarlo.
Alguna anécdota que no se conozca de Diomedes Díaz con Romualdo Brito.
RB: Cuando quería grabar la canción Ni amigos, ni novios fue a mi casa; el portero llamó a la casa porque en el conjunto donde vivo, para entrar deben de anunciarse, entonces me dijo “oiga maestro aquí hay un señor que dice que es Diomedes Díaz”; luego de entrar, Diomedes me dice “oiga primo estos celadores que usted tiene son los que necesito yo en la finca, muchos diablos que no me querían dejar pasar”.
Por Carlos Mario Jiménez

miércoles, 23 de octubre de 2013

LISTO EL AFICHE FESTIVAL DELA LEYENDA VALLENATA VERSIÓN 47 - 2014 Y EL AFICHE DE LA VERSIÓN 37 DEL FESTIVAL NACIONAL DE COMPOSITORES DE MUSICA VALLENATA SAN JUAN DEL CESAR -GUAJIRA


HOMENAJE A LA DINASTÍA LOPEZ - VALLEDUPAR ABRIL 29 AL 3 DE MAYO -2014

37 VERSIÓN DEL FESTIVAL NACIONAL DE COMPOSITORES DE MÚSICA VALLENATA HOMENAJE A ROSENDO ROMERO OSPINO Y A MIROMEL MENDOZA DICIEMBRE 6-7 Y 8 DE DICIEMBRE.

domingo, 29 de septiembre de 2013

ADIÓS AL ÚLTIMO JUGLAR VALLENATO JOSE VICENTE "CHENTE" MUNIVE COMPOSITOR REY DEL MERENGUE



El cielo vallenato amaneció vestido de gris… los acordeones se silenciaron… y en el murmullo de la música vallenata recordaban al hijo de Guacoche, el Rey del merengue, quien se hacía llamar El último juglar.

“Ay dicen que el mundo se va acabá, yo digo que el mundo se acaba pal' que se muere… esa si es la deuda que yo tengo que pagar, pero a mí me duele morirme por las mujeres… yo no sé que piensa aquel rico miserable, que guarda la plata con tantas mujeres buenas”.

Diomedes Díaz grabó de José Vicente 'Chente' Munive dos canciones: Hombre Parrandero, y La escoba nueva.

Con estas frases de José Vicente 'Chente' Munive, que su amigo Elías Morales dijo que eran inéditas, fue despedido antes de ser sepultado ayer en el cementerio Ecce Homo de Valledupar.

Parado en una esquina de la tumba, con lágrimas en los ojos y la voz quebrada, Morales cantó la frase, a capela, en medio de familiares, amigos, seguidores, paisanos y artistas del folclor vallenato que llegaron para darle el último adiós al compositor, acordeonero y cantante que murió en la madrugada de este jueves en una clínica de Valledupar, víctima de complicaciones renales.

“Ay padrino, mucho dolor… ay mi viejo era tan bueno… yo le decía dónde te duele, ven y te sobo… ay mi viejo bueno, mi viejo querido…”, exclamaba una mujer en medio del llanto que la acongojaba en los momentos en que iba a ser sepultado Munive Redondo.

Antes de ser llevado al cementerio, el cuerpo y la memoria de 'Chente' Munive fue homenajeada con los cantos que él mismo compuso, y que se escucharon en las voces de Jorge Oñate, 'Poncho' Zuleta, Diomedes Díaz y Rafael Orozco, entre otros artistas que marcaron el legado del juglar.

En las instalaciones de la Sociedad de Autores y Compositores, Sayco, el grupo de los Juglares Vallenatos entregó El merenguito en voz de Isacc Carrillo y Dina López con el acompañamiento de Tomas Alfonso 'Poncho' Zuleta; minutos después, el féretro fue conducido a la iglesia La Concepción, en donde el cantante Jorge Oñate entregó unas palabras como alivio y reconocimiento al excelente trabajo que hizo 'Chente' Munive por el vallenato.

Una caravana fúnebre se encargó de acompañar el cuerpo de José Vicente 'Chente' Munive, que fue trasladado desde la parroquia hasta el cementerio Ecce Homo, al norte de Valledupar.

“Una de las cosas más satisfactoria para mí es el campo; cuando estoy en el campo soy feliz. Porque en el campo encuentro yo aquel rato de esparcimiento”, dijo 'Chente' Munive en declaraciones entregadas para un documental del Festival Vallenato llamado 'Expreso Colombia. Toda una vida'. 

El hombre que partió a los 73 años recibió ayer, al filo del mediodía, su última morada; aunque batalló con una enfermedad que lo mantuvo varios meses en cama, el Hombre Parrandero, ese que encontró un Secreto Raro para enamorar a Carmen, y que algún día comparó a la mujer con La escoba nueva se fue para entonar sus melodías desde el cielo.
El campesino de la canción vallenata

Con el acompañamiento y la solidaridad que ha caracterizado a Jorge Oñate, el cantante hizo presencia ayer durante el sepelio de José Vicente 'Chente' Munive.
“'Chente' Munive diría yo que para el folclor vallenato era una pieza muy importante, él hizo para el vallenato 11 merengues… A mí me unió un acercamiento con 'Chente', yo iba mucho a La Mina (corregimiento), cuando él tenía sus hijos pequeños… se nos fue un cultor, un gran compositor, un campesino de la canción vallenata”, declaró el Jilguero de América.

Para el artista que le grabó junto a los Hermanos López la canción Dina López, “'Chente' era un tipo que lo encontraba yo ordeñando temprano. Él hizo historia en la música vallenata; yo le grabé seis canciones”.

Según expresó Jorge Oñate, la frase que más le gustaba del juglar era “Y el pobrecito de mi acordeón, al verme triste también lloraba… cuando llora el acordeón, que paradoja tan grande”.

Al igual que el Cantor de La Paz, en el sepelio de José Vicente 'Chente' Munive estuvo el cajero Pablo López, el compositor Edilberto Daza, Elder Díaz, y el amigo inseparable del nativo del corregimiento de Guacoche, el compositor Rafael Sánchez Molina.

“Un juglar vallenato tiene que ejecutar el acordeón, cantar y tener sus canciones, y si es el caso hasta hacer un verso; eso es lo que llaman un juglar vallenato”: 'Chente' Munive. 


Por Carlos Mario Jiménez

 carlos.jimenez@elpilon.com.co

jueves, 12 de septiembre de 2013

ROMUALDO BRITO: EVOCACIÔN A LOS AÑOS DEL INDIO REBELDE

A cincuenta kilómetros al sur de Riohacha, se encuentra incrustado Treinta Tomarrazòn, corregimiento guajiro que  fácilmente podría entrar a los Guiness Records  entre los pueblos con los nombres más insólitos del mundo. En esta recóndita aldea de la vertiente oriental de la sierra nevada de Santa Marta,  fue donde Romualdo Brito pegó su primer  llanto un 15 de Marzo de 1953  el que fue sosegado por los brazos de Carmen Leticia López Pérez y Pedro Esteban Brito Díaz, hogar del que también brotaron 17 vástagos. El contexto local y familiar despertó en aquel niño la sensibilidad por la música. “Me inicié cantando rancheras desde los nueve años de edad, luego me dediqué a componer música vallenata. Mis primeras canciones las hice en un mismo día, en un cumpleaños de mi mamá. Los festejos de mi papá eran de una semana, invitaba a varios juglares, traía chirrínchi de contrabando de Maicao en unos barriles grandísimo, duraban dos semanas bebiendo y hasta que no se gastaran, no se  acababan la fiesta.” En estas famosas parrandas surtía el trago, tocaba la guacharaca y se abría a la creación musical. En un día de “leva”  del  Liceo Padilla de Riohacha  fue a dar a Maicao donde se presentaría el músico Lizandro Meza, al que pidió una oportunidad para tararearle sus canciones. El “rey” sabanero accedió a las insinuaciones del inquieto muchacho. Sorprendido por las capacidades del joven provinciano  al poco tiempo le grabó sus primeras obras: “El Dios cantor”, homenaje al poeta ciego Leandro Díaz, “Mi lamento”, y “Flor de Villanueva”. De ahí en adelante algunas agrupaciones del vallenato como las de los Zuleta, Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Adaníes Díaz, Beto Zabaleta, no dudaron en grabarles.
PICARESCAS, LIRICAS Y PROTESTAS

El que desconozca la creativa y prolífica obra de Indio Romualdo,  podría identificarlo como un autor frívolo que hace apología al hedonismo y la obscenidad. “Parranda ron y mujer”, “No tiene ná”, “Maluquito pero sabroso”, “El santo cachón”, “Suegra présteme a su hija”, “Parrandeando”, “llegó tu marido y “Cabecita loca”;  entre otras, son piezas de  la faceta musical picaresca con la que Romualdo Brito se ha hecho célebre dentro de la música de acordeón. Creaciones controvertidas, polémicas, jocosas,  desabrochadas que probablemente más de uno han censurado. Quien ahonde en la  carrera musical de Brito, cambiará de parecer, encuentra a un artista polifacético y recursivo, profundo  autor de  preciosas obras líricas como: “Amaneceres del Valle”, “Esposa mía”, “Amiga mía”, “Lo más lindo del mundo”, “Cuando la vi”; poéticas que enaltecen nobles sentimientos. Las motivaciones de este músico guajiro, le ha permitido explorar facetas como la de cantante y el perfil de un autor versátil que combina sin confusión ni ambigüedades, el romanticismo, la picardía y la crítica social.

Su extracción campesina y humilde, al igual que la pobreza hiriente entre sus paisanos, logró despertar la sensibilidad por los marginados de las áridas tierras guajiras. Sentimiento que fue madurando con los estudios de secundaria que realizó en el Liceo Padilla durante  los años setenta. La ebullición política de la revolución cubana contagió al imberbe autor, el que apertrechó en su mochila “wayuu”, textos del materialismo histórico de Carlos Marx y Federico Engels, que le ayudó a una mejor estructuración  de su liderazgo estudiantil y de su poesía rebelde,  con las que sorteó senderos espinosos. “En la época del bachillerato conocí a Engel a Marx. Me volví un seguidor, un fanático de esa ideología, de esa filosofía materialista, porque era la época en la que uno se está preguntando, está buscando el origen a las cosas. No es lo mismo cuando a uno le pintan las cosas  espiritualmente que materialmente. Eso influyó mucho. A nosotros  como estudiante, nos perseguían la policía. Nos íbamos al monte a leer esas doctrinas, escondidas de los padres y de los rectores de los colegios. Nos miraron siempre como reaccionario, casi guerrillero.” Las limitaciones propias, las dificultades de los indígenas,  el desempleo, y el abandono ancestral de la Guajira por parte de la clase dirigente local y nacional, hicieron que afloraran canciones de un alto contenido crítico y social.

“YO SOY EL INDIO”

   El proceso de violencia y expoliación al que fueron sometidos los indios guajiros por parte del conquistador europeo, fueron plasmados en “Yo soy el Indio”. En esta poesía crítica, Romualdo personifica la voz del indio que se rebeldiza contra el invasor y censura la actitud indiferente del Estado y los medios de información frente a los problemas históricos de esta región, obra que fue llevada a la pasta sonora por Diomedes Díaz y Nicolás “Colacho” Mendoza, en el año 1978, en la disquera CBS. “Esta canción es y sigue siendo la realidad de la Guajira, un pueblo donde la clase dirigente tradicional han sido de las más miserables del mundo. Un departamento con tanta riqueza y con tantos contrastes, con mucha miseria. Riohacha tiene más de 450 años y no tiene acueducto, no existe servicios básicos para vivir. Aparece que las vías, las calles, las carreteras  pavimentadas de  5 a 6 veces sin haberlo hecho.” Con voz impetuosa entonó la aguerrida poesía. “Compadre yo soy el indio (Bis)Que tiene todo y no tiene nada, trabajo para mis hijos (Bis)Quemo carbón y pesco en la playa, yo soy el indio oprimido por mi ingrata patria colombiana…

LA MARIMBA GUAJIRA

En la década de 1970 irrumpió el fenómeno de la Bonanza Marimbera. El tráfico ilegal de la hierba alucinógena fue generando un negocio supremamente lucrativo. La frontera de la Guajira, sus extensas zonas baldías, otras desiertas, las vastas costas y playas, con escasa presencia del Estado, posibilitaron condiciones favorables para la libre circulación de  cannabis y todo tipo de contrabando. Esta actividad se constituyó en una empresa que, a pesar de su ilegalidad, fue generadora de grandes dividendos y empleos que el mismo Estado no garantizaba a una población marginada.

 Este contexto social permitió a este guajiro pincelar “El Marimbero”, canción grabada en versión tropical por el inquieto anacobero Daniel Santos y en la propia voz del autor con el marco musical de los Hermanos Meriño. En ella, Romualdo justifica el hecho de que  jóvenes de su generación golpeados por  la falta de oportunidades y el abandono de su región tuvieron que acudir al cultivo y comercialización de “la mala hierba”. “En la Guajira apenas se estaba instalando universidades, los estudiantes salíamos de los planteles del bachillerato y no teníamos casi ninguna oportunidad de estudiar en otra parte. La situación era difícil y apareció la bonanza marimbera y unos se iban para el monte a sembrar marihuana, otros a  distribuirla buscando una solución de vida. El gobierno comenzó a mirar el problema,  a combatir a los narcotraficantes, pero nunca miraron que detrás de ese narcotraficante pudo haber  un jefe de Estado, un ministro, si le hubiese dado la oportunidad de estudiar.” Romualdo, ilustra apartes de la canción protesta.“Hoy me llaman marimbero, por cambiar de situación, olvidan que yo primero fui gamín o pordiosero, sin ninguna educación. Hoy porque tengo dinero, hoy me persigue el gobierno…

TRASNACIONALES Y LA EXPLOTACION DEL  CARBON.

La Guajira, exótica e imponente emerge en el Caribe colombiano con majestuosidad natural. A lomo de burros deambulan  por estepas la desesperanza de  nativos famélicos  de la antigua provincia de Padilla. Sus bondades naturales son explotadas  por poderosas transnacionales que usufrutuan  sus recursos.

Estas circunstancias conspiraron para que “el indio rebelde” creara una corto punzante obra: “Volvieron los gallinazos”, página musical grababa en ritmo tropical por el Músico Tony Arraut con la orquesta los Caribes, en el sello disquero Fuentes. En ella, Brito, cuestiona a las autoridades políticas nacionales y regionales la forma injusta  como eran entregadas las riquezas minerales del carbón de la Guajira a  una empresa  norteamericana, a quienes identifica como terroristas del mundo.  “Cuando apareció la bonanza del carbón, el primer contrato que hizo el Estado colombiano con una empresa norteamericana costaba más trasportar el carbón  de donde lo cogían para llevarlo a los puertos que el mismo, sumado a una mano de obra barata. Afortunadamente la gestión del senador Amilkar Acosta, de Antenor Durán y otros políticos que salieron  del colegio nacional Padilla se reconsideró la contratación y finalmente se cambió el contrato.” El negro Romualdo con voz acompasada, entona la más rebelde de sus obras: “Volvieron los Gallinazos”. Los terroristas del mundo, de la humanidad. Destruyen todo a su paso, insaciables de riquezas, siembran la maldad…”


 MEDIOS Y FALTAS DE POLITICAS DE ESTADO.

Muchos degustadores de esta tendencia musical: “la canción protesta”, lamentan que las radiodifusoras marginen  aquellas poesías de compromiso social que convidan a la edificación de un mundo mejor. Con frecuencia se acercan  a Romualdo, lo animan a seguir pincelando canciones de corte social.

La acelerada masificación cultural, la comercialización de medios y empresas discográficas  ha influido notoriamente en la creación nuevas necesidades y hábitos hedonistas que estrechan la grabación y difusión de obras con mensajes sociales y humanos. Romualdo,  medita unos segundos. Cuestiona la apatía auditiva y reflexiva de sus compatriotas. “En Colombia, al igual que en otros países existe un fenómeno de pereza auditiva bastante grande. Son muy pocas las personas que analizan el mensaje. Los compositores y cantantes, también tiene responsabilidad en esto. Los cantantes de ahora no tienen formación, dice cualquier barbaridad y si tienen plata pá que esa barbaridad se vuelvan un éxito, existe mucha comercialización en los medios. Este es también un problema de política de Estado, en Colombia no existe una ley que proteja la difusión de la cultura nacional.” Enfatizó el indio guajiro.

El espíritu crítico y el liderazgo del “treintero”  lo llevó a ocupar la presidencia de Sayco durante los años noventa donde abanderó reivindicaciones de los músicos colombianos en especial, la de costeños. En el reñido  mercado musical  vallenato saturado por la Nueva ola y canciones cursis y monotemáticas, aún cosecha obras de contenido social  que aspira que sus colegas algún día decidan llevarlas  al disco, para que de nuevo se le cante a los problemas sociales como elemento esencial de la poesía vallenata.

Autor: Héctor Castillo Castro
Periodista e investigador cultural
Magíster en Historia
hcastillocastro@hotmail.com

lunes, 26 de agosto de 2013

EMILIANITO ZULETA DÍAZ: PROTAGONISTA Y CANTOR DE LA GESTA VALLENATA

Por ARIEL CASTILLO MIER

El nombre de Emilianito Zuleta Díaz suele asociarse de manera casi mecánica con una institución musical: la llamada ‘Universidad del Vallenato’, la dinastía de los Hermanos Zuleta. Dentro de ese binomio, al lado de la voz de su hermano Poncho, ‘pulmón de oro’, están las manos mágicas de Emilianito, quien transformó la historia de la ejecución del acordeón, tras las revoluciones de Luis Enrique Martínez, creador del estilo moderno, en el que el acordeón deja de ser simple acompañante de la letra y se vuelve protagonista de la canción, a través de florituras difíciles que pasan de una hilera a otra, y de Alfredo Gutiérrez, que vistió de esmoquin la música de acordeón para que accediera a otros escenarios más allá de las fincas y de la colita del patio de los patrones.

Con Emilianito Zuleta Díaz, “el músico vallenato de mayor creatividad”, según el acordeonero Israel Romero, surge, de acuerdo con el compositor e investigador Julio César Oñate Martínez, una escuela nueva en el vallenato, que se caracteriza por “las pausas, los reposos previos al lucimiento del acordeonero con su caudal de variaciones y lujos” y en la que figuran reyes tanto vallenatos como sabaneros como Rafael Salas, Beto Villa, Julio Rojas, Freddy Sierra y Felipe Paternina, entre otros.

A partir de Emilianito, la ejecución del acordeón en el vallenato es otra: en adelante, los dedos que antes se atropellaban como potros desbocados por las hileras de la lira alemana, ahora se detienen y respiran y emprenden un raudo periplo en picada por el teclado, sin perder la armonía. Hoy por hoy, cuando se vive en el vallenato el comienzo de una nueva etapa de cambios liderados por la sombra inmortal de Juancho Rois y la inventiva interminable de Omar Geles, Emilianito es un clásico, un punto de referencia insoslayable y de respeto.

No obstante, hay un aspecto en la trayectoria artística de Emiliano Alcides Zuleta Díaz, ‘el gago de oro’, su obra como compositor, prácticamente ignorado, pese a ser el único Rey de Reyes de la Canción Inédita en el Festival de la Leyenda Vallenata. Emilianito Zuleta es, para decirlo de una buena vez, uno de los mejores compositores vivos de la música vallenata, al lado de sus maestros
Emiliano Zuleta Baquero, Rafael Escalona, Calixto Ochoa y Leandro Díaz, y de sus contemporáneos Adolfo Pacheco y Camilo Namén, entre otros.

A diferencia de sus maestros y modelos, a quienes les ha grabado de manera ininterrumpida a lo largo de treinta y cinco años, Emilianito, “sin salirse de la calle”, alcanza una complejidad mayor: su palabra, que no se aparta del todo de ciertas fórmulas de la tradición, incorpora de manera equilibrada, sin rebuscamientos aparatosos ni refinamientos ridículos, un lenguaje acorde con su formación universitaria. En un contraste con cualquier compositor actual, se destaca, al rompe, la versatilidad de su lira de numerosas cuerdas frente a la monocorde y quejumbrosa de hoy, reducida a los amores infelices y despechados, coronados de frondosos cuernos que se exhiben perfumados y brillantes, incluso con cierta satisfacción y orgullo consentidos. Para no mencionar la autenticidad y la calidad de las letras de Emiliano, nacidas del respeto por la palabra composiciones grabadas de 1968 a nuestros días, hecho que contrasta con la prolífica producción de muchos de sus contemporáneos o de sus colegas, “El acordeonista de hoy a la luz de tres genios”

En este interesante testimonio acerca de su formación musical, Israel destaca, con la autoridad que le confiere la ejecutoria del acordeón, la significación histórica de Luis Enrique Martínez, Alfredo Gutiérrez y Emilianito Zuleta Díaz. Hoy, que pasan del centenar de canciones –algunos impúdicamente se acercan o pasan del millar–, y ya no parece que componen, sino que ponen cantos.


Un estudio comparativo de las letras de Emilianito Zuleta con las de sus predecesores y contemporáneos podría no solo revelarnos la singularidad de este compositor villanuevero, sino el sitial de honor que se merece en la galería de los mejores compositores del vallenato. Ante la imposibilidad de desarrollar en breves páginas semejante estudio, nos limitaremos a esbozar algunos de los rasgos que le confieren no solo un perfil al universo verbal y musical de las composiciones de Emilianito Zuleta Díaz, tan nítido que basta con la introducción musical o unos cuantos versos para identificar, sin riesgo de error, una composición suya. ¿Cuántos compositores nuevos resistirían esta prueba de la originalidad y el derecho a un puesto de privilegio en el mundo historial de la música vallenata?

Los invito a seguir leyendo desde este enlace:

miércoles, 7 de agosto de 2013

FESTIVAL CUNA DE ACORDEONES


El próximo mes de Septiembre sonarán nuevamente los acordeones, cajas, guacharacas, guitarras y los cantos vallenatos que engalanarán a la tierra de ensueño, que año tras año realiza el gran evento, simbolizando su esencia natural, esa misma que la caracteriza como la gran madre del talento vallenato.

Villanueva, la tierra de las dinastías del folclor, se prepara para realizar una nueva edición, esta vez la 35º del Festival Cuna de Acordeones, que como cada decenio realiza el concurso Rey de Reyes.

Los acordeoneros, verseadores y compositores ganadores de ediciones anteriores se darán cita este año para en franca lid para llevarse el honor de ser el mejor de la década y coronarse como Reyes de Reyes en el cuna de acordeones.

La versión 2013 del Festival Cuna de Acordeones será en homenaje a uno de los grandes exponentes de nuestra música, el artista más internacional y con mayor representatividad en el mundo. Por todo lo cosechado en su vida musical Jorge Celedón, otro ilustre hijo de las grandes dinastías villanueveras, conocido en su pueblo natal como “songo”, recibirá el reconocimiento del público asistente por ser el gran exponente del folclor vallenato y del gran talento que desde Villanueva se ha dado a conocer a Colombia y al mundo.


Villanueva los espera del 19 al 22 de septiembre de 2013 para que con  cantos y melodías de los paseos, sones, merengues, puyas y romanzas vallenatas, nuestro folclor se dé cita en la cuna de los grandes exponentes de la música vallenata.

martes, 6 de agosto de 2013

LA OREJA DE JUANCHO POLO VALENCIA


Por: JULIO OÑATE MARTÍNEZ

Esta es una historia, que tal vez, la mayoria de seguidores del folclor desconocen, sobre el reconocido Juancho Polo Valencia, el cual vivió durante la época de la bonanza bananera, donde él con su acordeón animaba las famosas ‘quincenas de la zona’.

Durante la bonanza del oro verde que vivió la zona bananera en las primeras décadas del siglo anterior, era ésta la región que imantaba la atención de músicos, aventureros, obreros y campesinos de todo palambre que hasta allí se desplazaban desde los confines de nuestro litoral e incluyendo los pueblos de la Gran Provincia de Padilla.

En estos años dorados del banano, la generosidad del cultivo le permitía a la United Fruit Company brindar una halagadora remuneración a todo aquel que supiera blandir una chambelona a la hora de la zafra.

El billete traqueaba a la par del dólar y existen evidencias de aquellas lujuriosas noches de cumbiamba en que las espermas al extinguirse eran reemplazadas por fajos de billetes ardiendo que cualquier borracho le ofrecía a una voluptuosa hembra de caderas insolentes.

La compañía pagaba cada 15 días y fueron muy famosas ‘las quincenas de la zona’, un tipo de jolgorio a todo nivel, donde siempre de la mano, el ron, las damiselas y la plata, se derrochaban a placer.

Uno de los grandes animadores de aquellas quincenas macondianas fue el maestro Lorenzo Morales durante el par de años, que allí en la zona estirando el fuelle del ‘guacamayo’, dejó la huella de su maestría musical que hasta nuestros días ha perdurado.

‘La compañía’ como todos llamaban a la United Fruit, tenía esplendidos comisariatos diseminados en todas las áreas de cultivo y sus trabajadores poseían un carnet para retirar con ellos víveres y abarrotes, cuyo valor era descontado al momento de la paga.

Los precios estaban por debajo de las tiendas secundarias o particulares las cuales hacían su agosto entre los obreros al cambiarles el cupo del carnet por físico ron y revendiendo entonces los productos adquiridos a través del leonino cambalache.

Por otra parte ‘la compañía’ manejaba una importante explotación ganadera en tierras aledañas que tenían la limitación del riego, con el fin de abastecer la demanda de carne de los empleados y a la vez aprovechar el rechazo del banano y los desechos de la plantación en la ceba de novillos que nunca bajaron de 10 mil según algunos mayores que vivieron aquella época.


Juancho Polo Valencia fue otro de los acordeoneros que merodearon por la zona en la década del 40 y era muy frecuente verlo en Arácataca, donde vivía ‘La niña Mane’, una de las musas inspiradora de sus cantos.

Cualquier noche de quincena en la cercana vereda El Cauca, equidistante entre ‘Cataca’ y El Retén, animaba Juancho Polo una parranda para un grupo de admiradores, la mayoría vaqueros en los hatos de la compañía. Un ‘latoso’ de los que nunca faltan en una ‘bebeta’, término fajándose a las trompadas con Polo Valencia, que era hombre quisquilloso y de muy pocas pulgas.

Juancho tenía una derecha demoledora, pero el ‘latoso’ le salió ‘buen gallo’ con la zurda y en un intercambio de puños, mordisco y ‘patá’, rodaron abrazados por el suelo y el fulano de una feroz dentellada le cerceno un pedazo de la oreja derecha, tragándosela en actitud desafiante.

El juglar, bañado en sangre, aullaba de dolor y el grupo de vaqueros enfurecidos enlazaron al aprendiz de caníbal, arrastrándolo con las bestias por todo el vecindario hasta causarle la muerte, para luego fugarse en la oscuridad de la noche.

Valencia agarró el acordeón y fue a parar a la carrera hasta San ángel, refugiándose en la finca de su amigo ‘El Mono’ Meza durante una larga temporada, hasta que las cosas se aclararon y arreglaron.

A partir de entonces Juancho comenzó a usar el sombrero siempre ladeado hacia la derecha ocultando así el ‘boquete’ en su auricular, lo que lo mortificó y acomplejó, por el resto de su vida.

En el ocaso de su carrera, ya olvidado y despreciado por la gente del pueblo a quien tanto alegró, los muchachos traviesos allá en Fundación, se mofaban de él al tumbarle una estrambótica gorra con orejeras que usó en sus últimos días a falta de un buen sombrero vueltiao con el que siempre se distinguió en su época de gloria.