RANCHERIASTEREO

viernes, 22 de mayo de 2015

ISRAEL ROMERO OSPINO "EL POLLO ISRA" PREPARA PRIMERA "CUMBRE DEL VALLENATO"



Por Carlos Mario Jiménez

Para nadie es un secreto que la música urbana o el reggaetón, como se conoce popularmente, se quedó con gran parte del espacio ocupado por el género vallenato en las emisoras del país.

Por lo menos en Valledupar esto no sucede, los clásicos vallenatos siguen siendo la bandera de nuestra región, pero en otras ciudades capitales artistas como J. Balvin, Maluma, Nicky Jam, entre otros, son quienes lideran las programaciones de la radio y televisión, mientras que Silvestre Dangond, Jorge Celedón, Peter Manjarrez o Los Gigantes del Vallenato, luchan por mantener la música de acordeón.

Por esta razón, y al sentir preocupación por la falta de armonía en el vallenato, el acordeonero y creador del Binomio de Oro de América, Israel Romero, pretende reunir cantantes, acordeoneros, compositores y demás personas involucradas en esta música, para buscar salidas que ayuden al sostenimiento y crecimiento de las melodías vallenatas a nivel nacional e internacional.

Israel Romero, quiere que desde la ‘Capital Mundial del Vallenato’, el género encuentre una defensa, pero desde los mismos artistas, así como locutores, periodistas y sus seguidores.

“Estoy analizando la fecha en que pueda estar por varios días en Valledupar y organizar un encuentro con mis colegas y amigos de la música vallenata. Es importante resaltar que el género vallenato es el más distinguido en Colombia, por eso cuando el 11 de mayo en el cumpleaños de Javier Fernández vi tantos músicos congregados en un solo lugar, tuve la oportunidad de analizar que se puede dar un paso importante e impulsar nuestro vallenato”, explicó el líder de la dinastía Romero.

Así como Israel Romero, el cantante Peter Manjarrez hizo un análisis que en ciudades como Bogotá, Medellín, Pereira, Bucaramanga, Manizales, inclusive Barranquilla, han dejado de sonar el vallenato en las emisoras “y eso es preocupante para nosotros los artistas de este género, pero no es por falta de música, si no porque a veces no creamos estrategias que nos ayuden a ser indispensables para la radio nacional”.
Israel Romero ve con preocupación cómo en Colombia, el vallenato está perdiendo algunos espacios, porque otros ritmos como el reggaetón y la champeta urbana, son promocionados con fuerza y esto produce que reciban el apoyo de manera internacional.

La primera ‘Cumbre del Vallenato’ tendrá como organizador al locutor y director de la emisora Olímpica Stereo en Valledupar, Javier Fernández Maestre, la fecha se dará a conocer en los próximos días, así como el sitio y los ponentes de tal evento, que pretende ayudar al posicionamiento de la música de acordeón en todo el país.


Fuente: EL PILÓN

Carlos.jimenez@elpilon.com.co

jueves, 21 de mayo de 2015

ENTRE EL BIEN Y EL MAL



Por: Celso Guerra Gutiérrez

Es un secreto a voces que las casas disqueras en su voracidad comercial aprovechaban la inexperiencia y el afán de figurar en la escena musical de nuestros noveles artistas, para hacerles firmar contratos llamados leoninos, por su letra menudita y leguleya, para lo cual necesitaría una lupa grande y conocimiento del derecho autoral, para leerlo y entenderlo.

Estas letras diminutas, que nuestros músicos no leen, y si lo hacen no las entienden, o se hacen los locos, son de las que se valen los pulpos fonográficos de nuestro país para hacer los que le venga en gana con la obra de nuestros intérpretes y compositores, que a través de la historia han sido vilmente golpeados en sus intereses.

Creemos que eso es lo que está pasado con Diomedes Díaz y su eterna disquera, que sin ninguna consideración y sentimiento con el artista que más le aportó y le sigue dando dinero a sus arcas, durante cerca de cuarenta años de actividad musical, salga ahora con tremendo despropósito: publicar un canto desentonado, asmático, carente de toda cadencia rítmica y además inconcluso, al faltarle la última estrofa, producto de un ensayo a capela de Diomedes, a manera de calentamiento y entretenimiento en el estudio de grabación, donde hizo ‘El Cacique’ su última producción discográfica y que fue extraído para agregarle los disqueros la instrumentación que allí escuchamos, y mostrarla a sus seguidores como si fueran grandes mecenas de nuestro folclor, al aparentar que ellos son los que mantienen vivo el recuerdo del ídolo más grande del vallenato.

Dice un adagio criollo que “por el desayuno se sabrá como va ser el almuerzo”, el resto del álbum que se publicará el 26 de mayo, día del cumpleaños de Diomedes, no esperemos nada novedoso, será más de lo mismo, o tal vez peor, según nos dijo José Zequeda, manejador de Díaz, por cerca de 15 años, y quien estuvo todo el tiempo pendiente de lo que hacía su pupilo en este y otros menesteres.

La invitación a los hijos de Diomedes, Rafael Santos y Martin Elías, para hacer parte de este disco, es para omitir las fallas protuberantes en el canto de Diomedes Díaz, quien jamás se imaginó que un calentamiento de garganta suyo, o su voz fingida en las pistas de las otras canciones que vendrá en ese nuevo disco, fueran a ser convertidas en negocio lucrativo por parte de su disquera, que está desesperada al quedar huérfana de un verdadero ídolo que sacie su sed de dinero.

Según la legislación autoral, “las disqueras o editoras serán dueñas de la obra musical del artista durante ochenta años más, después de su muerte”, es este punto el que le da todo el derecho a la disquera de seguir explotando y ahora distorsionando la imagen del cantautor más taquillero y vendedor de disco en la historia de la música vallenata. A pesar de ello, les exigimos a ellos más respeto por el folclor del Valle que tanto les ha dado.


Fuente: http://elpilon.com.co/entre-el-bien-y-el-mal/

miércoles, 13 de mayo de 2015

"CUANDO LOS ANGELES CANTAN" JULIO MURILLO




Por Jesús Vides

Este es uno de los tantos casos en que la historia de la música vallenata está en deuda.

El maestro Julio Morillo nos enseñó a cantar y cuando digo a cantar es a cantar de verdad. Los que de una u otra manera estamos en la música sabemos que oír a Julio Morillo en los más de 300 discos en los que ha participado como corista, haciendo voces en la música vallenata que antes de él no habíamos oído porque no existían y no existían porque nacieron a partir de él.

Él lo inventó, él fue su creador. Antes de Julio Morillo las Voces de los coros vallenatos no se grababan así. Solo nosotros sabemos cuanto nos enseñó, cuanto le debemos en la formación de nuestro oído musical. Gracias Maestro.

En mi caso particular recuerdo con mis amigos de infancia escuchando los primeros discos de Diomedes Díaz y los de Jorge Oñate con Juancho Rois y los muchos más que siguieron de otros artistas, etc., esperábamos los coros de Julito y tratábamos de hacer esa voces maravillosas, eternas, mágicas, sublimes, casi celestiales. Nos poníamos una mano en el oído a manera de retorno porque lo veíamos a él en las casetas haciendo eso, lo imitábamos, competíamos para ver quien lo hacía mejor, quien se parecía más a Julio Morillo. Los más adelantados musicalmente nos olvidábamos de la Voz líder del disco, de las primeras voces, del acordeón, nos olvidábamos de todo, queríamos escuchar las diferentes voces que hacía Julio. No era fácil, ese don lo traen pocos y cada vez los retos eran más difíciles, cada nuevo disco nos sorprendía con algo extraordinario. Julio Morillo nos dijo sin decirlo: “Así se hacen los coros”. Las diferentes variantes melódicas y “caídas” de sus segundas, terceras ó sus sextas voces siempre fueron insospechadas, innovadoras, increíbles. Yo era como un niño entrando en una juguetería, en una dulcería, no sabía cual Voz escoger, todas las quería para mi. Yo era Julio y me sentía orgulloso. Confieso que caí rendido a sus pies cuando escuché “El Dilema de mi vida”, “Mujer marchita”, “El gavilán mayor”, etc. Todavía al escuchar algunos de sus coros memorables me pregunto: Por Dios! Como hizo?. Es que hoy en día es fácil, casi todo el mundo tiene acceso a conservatorios, academias y escuelas de música, hasta por internet puedes aprender a solfear, pero es que Julio Morillo lo trajo en el corazón, en las venas, en la sangre, está en su ADN. Es el Pionero. El Maestro. Estoy seguro que enseñó a muchos cantantes a cantar. Nunca lo ha dicho pero por mi experiencia como Productor Musical sé que es así, no se necesita ser adivino para saberlo.

También investigué algo sobre él y hay otra faceta que el mundo musical, la historia vallenata desconoce o no le ha dado la gana de reconocer: Su faceta como Productor Musical. Julio Morillo ha sido el primer y más grande Productor musical que ha tenido la música Vallenata. Óigase bien. Julio Morillo dirigió musicalmente y Produjo musicalmente muchos de esos discos vallenatos antológicos e irrepetibles que cimentaron la historia de nuestra música. Diomedes Díaz, refiriéndose a su disco “La Locura” que grabó con Juancho Roís, en uno de los versos de su bella canción “Mi Vida Musical” dice: ”A mi todavía me dicen que es el mejor”. Y yo le digo a la historia: Ese disco, el que dicen que fue el mejor de Diomedes Díaz lo dirigió Julio Morillo. Pero desafortunadamente no aparecía en los créditos y me atrevo a asegurar que no obtenía tampoco remuneración económica alguna como Productor Musical, porque eran épocas que nadie sabía que eran un Crédito Musical, ingenuidad e ignorancia puramente provinciana que además siempre fue aprovechada por los directivos de las diferentes disqueras para aparecer ellos y terminaron haciéndose famosos a raíz del trabajo silencioso, maravilloso y enorme de Julio Morillo. Entonces conocimos “Directores Artísticos y Musicales” como Rafael Mejía, Humberto Vesga, Gabriel Muñoz, Alfonso Abril, Fernando López, etc., quedándose tal vez sin mala intención con los créditos del trabajo del verdadero Productor Musical y Director Musical, Julio Morillo. Estos “Directores” apenas y de vez en cuando asomaban sus caras por los Estudios de Grabación. Julio les entregaba el trabajo hecho. Nadie me lo ha dicho pero soy Productor Musical y sé como funciona esto. Pueden analizar que hoy en día el Crédito de Productor Musical se respeta y ninguno de estos señores aparecen como tal. No desconozco y esto que quede bien claro, que son muy buenos Productores Ejecutivos. Pero la Producción Musical es otra cosa.

Por eso rindo este pequeñísimo homenaje al MAESTRO, con letras grandes y en mayúsculas, JULIO MORILLO. Algún día la historia le reconocerá el inmenso aporte que le dio a la música vallenata, algún día le enseñaremos a las nuevas generaciones el aporte de un PIONERO, en los Coros, en la formación de cantantes y en la Dirección y Producción Musical, llamado Julio Morillo, quien sembró valiosísimas semillas de mucho de lo que hoy se hace en materia de vallenato. Por eso cuando los nuevos talentos en materia de canto me preguntan sobre algún referente para seguir aprendiendo, les digo: “Si quieren aprender a cantar y a hacer voces escuchen a The Beatles y busquen a Julio Morillo en los coros de los discos vallenatos más importantes, cuando dominen eso, ya aprendieron”.

No conozco al maestro Julio, pero debe ser una persona de carácter humilde, ya que si no lo fuera hace rato hubiese hecho alarde de todo lo que hizo y le aportó a los más grandes cantantes del folclor vallenato. Espero pues que los Dirigentes de nuestra tierra vallenata pongan a Julio Morillo en el sitial que se merece. Su obra es palpable, ahí están los discos como evidencia donde brilla su inconfundible Voz y su impecable y exitosa Dirección Musical.

Particularmente uno de mis sueños como músico de mil batallas es conocerlo personalmente, escucharlo y a lo mejor tener una tertulia para exprimirle algo de ese conocimiento y talento natural que solo pudo haberlo traído del cielo. Espero algún día lograrlo.


Julio Morillo, el Más grande en su oficio, no tengo la menor duda. Mis respetos MAESTRO. Su Voz nos enamoró y nos sigue enamorando, cuando en mi casa acá en Bogotá lejos de mi amada tierra cesarence, escucho lo que muchos tal vez no oyen… su inigualable talento. Cuando usted con esa voz de ángel y esa magia da una “Serenata” y le dice a la vida: “Buenas noches mi amor, aquí está tu enamorado”.

Fuente: http://portalvallenato.net/

viernes, 13 de marzo de 2015

48 VERSIÓN DEL FESTIVAL VALLENATO HOMENAJE A LA DINASTÍA LOPEZ

Hubo duelo de reyes vallenatos para homenajear a la Dinastía López.
Los reyes vallenatos 2014 se trenzaron en un duelo variopinto de acordeones para homenajear a la dinastía de los hermanos López durante el lanzamiento en Bogotá de la 48 versión del Festival de la Leyenda Vallenata que, como desde hace cinco años, tuvo como escenario al Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo.
El paseo El chanchullito de Diomedes Díaz, ejecutado por Sebastián Sepúlveda, rey infantil, abrió el concierto de notas heredadas de Francisco el Hombre. 
Al más pequeño de los monarcas le siguieron José Camilo Mugno, Camilo Molina Luna y Gustavo Osorio Picón, actual rey de la categoría profesional.


sábado, 28 de febrero de 2015

EL ACORDEÓN DE LOS LÓPEZ MENSAJE PACIFICO


Crónica |Por Juan Rincón Vanegas
Desde siempre la Dinastía López ha estado ligada al acordeón, partiendo desde Juancito López Molina, pasando por Juan López Gutiérrez, Pablo Rafael López Gutiérrez y sus hijos Pablo, Miguel, Juan Alfonso, conocido como ‘Poncho’, Elberto ‘El Debe’, hasta llegar a Álvaro, Navín, Román, Augusto, Álvaro Miguel, Harold, Jader, Navín Jesús y Carlos Javier.
Capítulo aparte merece Dagoberto López Mieles, quien fue el compositor y cantante de esta gran dinastía, y se conoció como ‘El clarín del Cesar’.
Todo sucedió una mañana de sábado donde la brisa le daba la bienvenida al sol y entonces se dispuso llevar a cabo en La Paz, Cesar, una jornada con la finalidad de tener las piezas necesarias para adelantar la promoción del 48 Festival de la Leyenda Vallenata y los invitados fueron Pablo, Miguel, Álvaro y Navín López.
La locación no podía ser otra, el patio de la tradicional casa donde fueron célebres las parrandas del siglo pasado.
Al llegar, Navín López, Rey Vallenato en tres categorías: Infantil, 1977; Aficionado, 1980 y Profesional en 2002, estaba tocando un acordeón nuevo.
Al terminar el ejercicio que tanto le gusta declaró: “En lo único que soy agresivo es tocando el acordeón para que salga la nota precisa y que tenga la esencia del vallenato puro”.
Después recordó la canción de su papá Dagoberto: ‘Mis hijos y mis canciones’ que grabaron Poncho y Emiliano, los hermanos Zuleta.
Yo quiero a mis canciones
como quiero a mis hijos,
y aspiro a que to’ el tiempo
sean menores de edad
pa tener sobre la patria potestad
cantarlas como son

y escucharlas yo mismo.
En los últimos años Navín se ha dedicado a ser instructor de acordeón, especialmente a niños y jóvenes que aspiran a coronarse reyes en distintos festivales. “Por estos días tengo tantos alumnos que cerré el salón de clases”. Entonces indica que le manda alumnos al buen profesor Almes Granados.
El segundo en llegar a la cita fue Miguel López, Rey Vallenato en 1972, el cual lideró el grupo de Los Hermanos López, en compañía del cantante Jorge Oñate.
De salida le llamó la atención el sonido del instrumento. “Ve y ese acordeón si suena es bonito”. Y enseguida Navín se lo prestó y aparecieron los famosos bajos de Miguel López y las melodías de canciones como: ‘La Paz’, (Emiro Zuleta), ‘Rosa jardinera’, (Idelfonso Ramírez), ‘Tiempos de la cometa’, (Freddy Molina), ‘El cantor de Fonseca’ (Carlos Huertas), ‘No voy a Patillal’, (Armando Zabaleta), ‘Mi gran amigo’ (Camilo Namén) y ‘La Loma’ (Samuel Martínez). Luego de ese recorrido melódico preguntó: ¿Quieren más? Y soltó su carcajada característica.
Dentro del ramillete de recuerdos manifestó que grabó nueve discos con Jorge Oñate. De igual manera lo hizo con Freddy Peralta, Gustavo Bula y Estela Durán Escalona.
Seguidamente, de un cuarto de esa inmensa vivienda salió el cajero Pablo López, pero como le sucedió a Miguel, también le llamó la atención el acordeón y comenzó a tocarlo y le sacó las notas de canciones como: ‘El mundo’ (Lorenzo Morales Herrera), ‘El monte de la rosa’ (Emiliano Zuleta Baquero), ‘El pechichón’ y ‘El chupaflor’ (Alejo Durán Díaz).
Después recordó que antes de ser cajero fue acordeonero y acompañó por varios países, siendo el más lejos, Japón, al Ballet de Delia Zapata, e interpretaba ‘La piña madura’ y ‘La danza de los indios’. También ejecutó el tambor con Los gaiteros de San Jacinto.
De igual manera, el rey supremo de la caja, en el Festival de la Leyenda Vallenata, en la categoría de acordeoneros profesionales acompañó como a tres Reyes Vallenatos. En 1972 a su hermano Miguel López; en 1974 a Alfredo Gutiérrez y en 1987 a Nicolás ‘Colacho’ Mendoza (primer Rey de Reyes). También  en 1970 cuando Emiliano Zuleta se coronó como Rey Aficionado.
Un dato importante para destacar es que en el Festival de la Leyenda Vallenata de 1972, cuando Miguel ejecutaba la puya, a Pablo se le ocurrió hacer malabares con su caja, sin la compañía del acordeón, ni la guacharaca. Desde ese momento en los distintos festivales vallenatos no falta el famoso solo de caja.
El último en llegar fue Alvaro López, quien se ha coronado en tres ocasiones en el Festival de la Leyenda Vallenata, dos en la categoría de aficionado1976 y 1979 y una como profesional en 1992. Ha grabado con grandes cantantes de la música vallenata: Jorge Oñate, Rafael Santos, Silvestre Dangond y Diomedes Díaz, de quien fue su último compañero.
Alvarito también tomó el acordeón de Navín e hizo un paseo por grandes éxitos de su carrera musical y se quedó finalmente con ‘Ay la vida’ (Marciano Martínez).
La Dinastía López es un sello en la música vallenata, y por eso del 28 de abril al dos de mayo se le rendirá el más grande homenaje en el 48 Festival de la Leyenda Vallenata.
 El segundo pan del mundo
 Cuando el trabajo periodístico, fílmico y grafico había concluido aparecieron las deliciosas almojábanas que todos degustaron. A esas almojábanas en el pueblo más querido por los López, La Paz, las conocen como el segundo pan del mundo, y el periodista Miguel Aroca Yepes, señaló que el primero le ganó por una mínima diferencia.
Lo cierto es que el primero en la tradicional casa de los López, es el acordeón. Y muy bien lo dijo Gabriel García Márquez: “No sé que tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento”.

viernes, 14 de noviembre de 2014

38 FESTIVAL NACIONAL DE COMPOSITORES DE MÚSICA VALLENATA


Por: Alexander Lewis Delgado|
Siguen los homenajes al cantautor, Diomedes Díaz.  Esta vez, los integrantes de la junta directiva de la versión 38, del Festival  Nacional de compositores de música vallenata, que se realiza en el municipio de San Juan del Cesar, sur de la Guajira eligieron al Cacique de la Junta para que sea reconocido, como uno de los más grandes del folclor vallenato. El evento se estará efectuando del 12 al 14 de diciembre del 2014.
Recordando a Diomedez
Recordando a Diomedez
Los preparativos para el evento, marchan con mucho optimismo y cuenta con el apoyo del alcalde de este municipio, Carlos Julio Orozco Guerra, que logró gran parte de su financiación  y aportó a este festival, la suma de $ 70 millones de pesos. El presidente del evento, Rafael Daza, dijo estar satisfecho por el apoyo de la alcaldía y que también espera contar con el apoyo del gobernador de la Guajira, José María Ballesteros.
 El crecimiento del festival a traído como consecuencia de que la plaza Santander, sitio donde está la tarima Juancho Rois y donde se desarrollan todas las actividades que conlleva la celebración, se quedó pequeña, por eso este año sólo se harán allí, concursos y expresiones culturales. Los espectáculos musicales y presentación de conjuntos se harán en las antiguas instalaciones del Idema, en la salida hacia el municipio del Molino
 Se estableció que en la modalidad de concursos, sólo se presentarán; canciones inéditas profesionales y aficionadas y la piquería infantil y menores. “Debido a los problemas que se han tenido para la financiación, el concurso de compositores clásicos que se creó hace tres años, este año, en asamblea general, decidimos no realizarlo, por la difícil situación económica que afronta la región”, expresó el presidente de la Junta Organizadora, Rafael Daza.

lunes, 13 de octubre de 2014

Una muerte como en el paseo “SUEÑO TRISTE”



Por: Enoin Humanez Blanquicett

Mi primer contacto con la música de Diomedes Díaz sucedió en la escuela rural del caserío de San Francisco, cabecera urbana de la vereda donde nací. Allí, a pocos pasos de la escuela, había una cantina. Su dueño había traído de Venezuela, a donde había ido a trabajar en una matera, un tocadiscos que funcionaba con baterías y dos bocinas, que se podían escuchar a varios kilómetros de distancia. Esa festiva posesión hacía de él la única persona, en varias leguas a la redonda, capaz de animar de manera moderna las parrandas de los adultos perdularios de la comarca de mi infancia.

El artefacto había convertido al tipo en un empresario próspero y apreciado por los tarambanas del villorrio. Para celebrar la vida o para ahogar las penas, los hombres de la región —pocas veces las mujeres, vale la pena aclararlo— llegaban a cualquier hora del día o de la noche y solicitaban que se hiciera sonar en la radiola, por un peso la hora, su música favorita. Entre los temas que los emparrandados hacían repetir hasta el cansancio estaba el paseo “Sueño triste”, compuesto por Calixto Ochoa. La canción encierra un mensaje agorero, que sólo Diomedes Díaz y Colacho Mendoza pudieron transmutar en aire alegre. A veces estábamos tratando de aprender a sumar, cuando la voz de Diomedes nos llegaba en todo su esplendor, pregonando desde la copa del mango del patio vecino, donde estaba amarrada una de las bocinas:

En la revelación de un sueño yo presenciaba mi cadáver
Pero esto tenía un misterio porque yo amanecí grave
El día que muera este negro quedará de luto el valle

Reconstruyendo los hechos que rodearon su deceso, la agencia Colprensa reportó que, después de haber oficiado como pontífice principal de una parranda celebrada en una discoteca de Barranquilla, a donde fue a lanzar su última grabación, que solo cinco días antes había salido al mercado, “El Cacique voló como el cóndor herido”, cuando hacía una siesta. Según dicho reporte, como presagiando la llegada de la hora final, en medio de su última farra le dijo a uno de sus acompañantes: “Compadre, estoy cansado, me les voy a morir en la tarima”. Al día siguiente, al llegar a su casa en Valledupar, volvió a vaticinar el presagio fatídico. “No me dejes solo porque me voy a morir”, le dijo a su mánager. Sin embargo el hombre partió y el hecho aciago se produjo. El cantante murió en la soledad de su alcoba.

La conmoción social generada por la noticia se manifestó de inmediato en las redes sociales y en las ventanas de comentarios de los portales de los medios nacionales e internacionales. De ello dejó constancia el corresponsal de BBC Mundo en Colombia, Arturo Wallace. En su reportaje dio cuenta de la manera como sus seguidores lamentaron su muerte, valiéndose de todos los medios que encontraron a su alcance. El rastreo de ese dolor en el universo electrónico confirma lo que de él decían los titulares de prensa: “Diomedes como artista fue grande” y para el folclor vallenato él es una figura “irreemplazable”.

En Sincelejo —afirma un testigo de excepción—, cuando se supo la noticia, las parrandas del moribundo domingo se volvieron ambiguas, porque en el Caribe colombiano, como lo canta un verso sin dueño, cuando la gente está en la parranda no se acuerda de la muerte. Siguiendo esa lógica, con el propósito de rendirle tributo y para que el duelo no dañara el espíritu de la navidad, se armó una parranda colectiva, en la que entre la música, el licor y los chistes “todos expresaban algo sobre el Cacique”.

En la maraña de comentarios de los medios virtuales, la congoja que inundó el corazón de sus devotos se evidenció en frases como las de Constanza, que escribió en el espacio destinado por la BBC a sus lectores: “Oooh, Dios, qué tristeza por esta gran pérdida”. Por su parte Hugo Polanco Bohórquez sentenció para consolarse por la “irreparable pérdida” en la ventana de comentarios de El Espectador: “Se marchó Diomedes dejando muchas canciones que en nuestro corazón perdurarán. Se fue Diomedes Díaz, el mejor cantante y compositor, dejando junto a sus hijos y sus canciones un pueblo que en silencio lo llorará”.

Por su lado Hollando (también comentarista de El Espectador) sostiene que el Cacique de la Junta fue “aquel hombre que le cantó a su tierra, a sus costumbres, a sus gentes, a su familia, a sus amigos, a sus tristezas, a sus desengaños, a sus alegrías; aquel cuya música ya es casi que obligatoria desde hace casi 40 años”. Resignado frente a la fatalidad, Álex Ramírez, un feligrés devoto de la religión de la parranda, escribió debajo de una de sus canciones en YouTube: “Aquí no hay más que hacer sino beber, escuchar sus canciones y despedirlo con alegría”.

En realidad los parajes virtuales, más que las propias notas de prensa, resultaron ser el mejor lugar para recabar los testimonios sobre la saudade que embargó el espíritu de la fanaticada, por la muerte de ese a quien el cronista Salcedo Ramos llamó “el espantapájaros más gracioso de nuestra historia”. Fue allí donde los observadores especializados en fenómenos sociales de masa debieron haberle tomado el verdadero pulso al estado de postración emocional en que se sumergió el alma de la cofradía parrandera, que hizo de ese campesino sin abolengos su gurú, su guía espiritual.

En mi caso, mi primera zambullida en ese luto colectivo sucedió en el muro de Facebook de William Fortich. De manera sucinta y emotiva, quien fuera mi profesor de filosofía de la historia en la licenciatura de Ciencias Sociales registró compungido el hecho. “Colombia entera llora a Diomedes Díaz”, escribió sin rodeos el profesor.

Sus palabras encontraron de inmediato eco en el sentimiento de Roger Pereira Espinosa, uno de sus contactos, que reaccionó a su comentario en tono grandilocuente: “Diomedes de por sí era, es y será siempre un homenaje a la música, al folclor y al amor. Ya está muerto pero será siempre eterno su legado y jamás dejará de ser ese gran músico, eximio cantor y compositor. Perdemos a un gran artista. El mejor homenaje será seguir escuchándolo con alegría”. La reflexión fue complementada por Clito Self Mogollón, quien minutos más tarde agregó: “Se fue el más grande entre los vallenatos”.

Los contactos del profesor siguieron su diálogo dolorido, en el que intervención tras intervención se iba dejando constancia de que la obra musical de Diomedes Dionisio Díaz Maestre, como lo sostuvo Oliden Pérez Mora, “es un legado cultural, de filosofía popular y de la expresión de los pueblos, en su diario vivir”. Ese aspecto fue reforzado por Marly Luz Nieves Díaz, quien afirmó que “sus canciones son historias de la vida real”. Para orientar la catarsis colectiva el profesor volvió sobre el tema anotando: “Las canciones de Diomedes son una fuente para conocer el alma colombiana. Diomedes Díaz fue un monumento a la cultura popular”.

Sobre sus minutos finales, la BBC Mundo, que cita como fuente a su mánager, José Sequeda, informó que “el músico falleció poco después del mediodía”, cuando dormía en su casa de Valledupar. Como lo evocamos anteriormente, la manera como murió Diomedes es sin duda un guiño a los versos de “Sueño triste”. Ésta es una de las canciones que lo convirtieron en reverendo de la secta de tarambanas, que ya, rendida a sus pies, cantaba cuando sus canciones no se escuchaban más allá de los lugares, a donde llegan las ondas hercianas de las emisoras de la frecuencia AM del CARIBE colombiano:

He tenido un sueño raro y triste donde la muerte me ha llamado
Yo recuerdo que le dije: déjeme viví otros años

Desafortunadamente en esta ocasión la muerte no aceptó ningún pacto con el cantor. Éste, al contrario de aquella ocasión, no despertó llorando como en el sueño raro y triste que narra el paseo. En secreto el misterio de la muerte se consumó. Su vuelo al más allá, en medio de los festejos de fin de año, dejó en la orfandad a una “tribu de fanáticos” que no se cansó de lamentarlo y de gritarle “al mundo” durante su funeral “lo mucho que extrañarán al artista”. Abatido por la congoja varios de sus seguidores escribieron en las colillas de comentarios de los periódicos virtuales y en las redes sociales: “¡Diomedes, te tiraste la navidad, viejo man! Por tu muerte la fiesta de fin de año será un velorio”.

Sobre la coincidencia azarosa y funesta de su funeral con la fiesta de Nochebuena, Alfonso Hamburger sostuvo que de todas las bromas de Diomedes, a quien le gustaba jugarle bromas a la gente, “la última”: morirse en navidad, fue la “más dolorosa”. Por ese chasco, durante las festividades decembrinas el Valle y la música de acordeón estuvieron de luto. Su fanaticada y su morena lo lloraron de manera desconsolada mientras era sepultado el 25 de diciembre. En la radio y en las fiestas no sonaba del mismo modo “Mensaje de Navidad”, canción que en los barrios populares, los caseríos y los villorrios del Caribe colombiano es más popular que cualquier villancico centenario. Por causa de la partida inesperada del Cacique de la Junta fueron pocos los que cantaron colmados de la alegría:

Unos dicen: “Qué buenas las navidades
Es la época más linda de los años”

Como Vadinho, el personaje central de la novela de Jorge Amado Doña Flor y sus dos maridos, Diomedes ha muerto en pleno festejo. Para despedirlo el país entero ha parado por un instante la parranda. A su sepelio han concurrido por igual —con evidente rictus compungido— los buenos y malos hijos de la patria. Sin saludarse, se han detenido en silencio un minuto delante de su féretro para encomendarle su alma a Dios. Parafraseando un párrafo de la novela de Amado podría decirse que durante el festejo, en el Cesar y la Guajira, en señal de duelo, en los edificios públicos, en los clubes de la gente bien y en los burdeles de buena y mala muerte, la bandera nacional se izó a media asta.