RANCHERIASTEREO

miércoles, 10 de febrero de 2016

EL FUSILAMIENTO MORAL DE DIOMEDEZ DÍAZ


La vida privada del artista tema de debate público en los medios
Por: Enoin Humanez Blanquicett


En Colombia culturalmente hablando han cohabitado históricamente dos países bien definidos: el país andino y el país caribe. El país andino es un mundo apegado a los valores eurocéntricos y devoto de los principios judeocristianos y las tradiciones morales católicas. De la mano de esos elementos las élites sociales e intelectuales han construido una concepción apolínea del mundo, que se esfuerza por resaltar las virtudes y esconder los defectos.

El país caribe, al contrario, se rige por una visión filosófica de la vida gobernada por una moral epicúrea, hedonista y dionisíaca, cuyos postulados podrían resumirse bien en ese verso vallenato que canta Ricardo Maestre y ameniza el acordeón de Julio Rojas: “Yo parrandeo y tomo ron y mujereo sin condición”. Sin embargo, cuando el tema se analiza en detalle, se puede constatar que los costeños no son más borrachos, ni más perezosos, ni más machistas o mujeriegos que los interioranos. Pero a diferencia de ellos están dispuestos a ventilar estos temas en público; y cuando lo hacen: para bien y para mal, se refieren a ellos mismos de manera hiperbólica y absurda, resignificando, como lo sugiere Armando Martínez Gutiérrez, “con ribetes de humor”, aquello que, por su naturaleza, debería ser solemne. En síntesis: el absurdo, la hipérbole y la banalización de lo trascendental son los elementos básicos del imaginario de la gente del Caribe colombiano, que según Gabriel García Márquez, es gente mamadora de gallo, tiene mucho humor y viven en una continua alegría.

Como la cosmovisión de los pueblos sale a relucir en la mitología, en el arte, en la literatura, los dichos, los chistes y el cancionero popular, el vallenato se ha convertido en uno de los vectores que más han explotado los habitantes de la costa norte colombiana, para transmitirle al mundo la visión que tienen de la sociedad, de la vida, del amor y del disfrute. Respecto a este último aspecto, el vallenato parrandero ha sido la mejor vía que ha tomado el temperamento báquico o dionisíaco del habitante de la región Caribe, sin ser este un ser que dedica la vida entera a la bacanal, para manifestarse sin que nadie lo ponga en duda. Ese temperamento báquico emerge de manera vigorosa en el merengue “Viernes cultural”, compuesto por Julio Rojas e interpretado por Los Embajadores Vallenatos, que de manera desvergonzada canta:

Te dije que ya me iba y pues ya me voy
Así que deja la rabia y no friegues más
Es que no te has dado cuenta que el viernes es hoy
Y los viernes no los pelo
Con ansia yo los espero pá salir a vagabundear
Hoy viernes salgo a parrandear
Sábado yo vuelvo a beber
Domingo es pá  descansar
Y el lunes trabajo otra vez
Y no debes preocuparte cuando yo llegue de madrugá
Yo si te quiero bastante así que déjame parrandear

La relación con Dios, que en el país Caribe es ambigua e informal, se resume en los versos sacrílegos de la canción “Alicia adorada”, de Juancho Polo Valencia, en la que se recita de manera irreverente:

Como Dios en la tierra no tiene amigos
No tiene amigos y vive en el aire
Tanto le pido y le pido y siempre me manda mis males

En el fondo el individuo del Caribe colombiano, si nos atenemos al cancionero popular, no está muy convencido de que exista un más allá: una vida eterna. Y —en todo caso— si ésta existe no es mejor que la que llevamos aquí en la tierra. Si no, ¿qué es lo que dice este merengue de Camilo Namén Rapalino, interpretado por los hermanos Zuleta (versión vallenata) y por Johnny Ventura, en la versión de merengue dominicano?:

Me dicen que el 3 de noviembre
La radio una noticia dio
Y así lo gritaba la gente
Un parrandero bueno se murió
Y San Pedro conmigo fue indiferente
Y llegando a la puerta me rechazó
Parece usted muy mala gente
Déjeme consultar esto con Dios

Me quedé esperando la respuesta
Me sentía bastante preocupado
Y me dijo Dios aquí no lo acepta
Porque usted ha cometido mucho pecado
Me mandaron derecho pa’onde el diablo
Y tampoco me quiso abrir la puerta

Cuando iba saliendo me dijo un diablito
El diablo que se vaya pa’la tierra
Que todavía usted está muy jovencito
Y que siga su vida parrandera (...)

Después del sustazo que me llevé
Por todo lo que estuve pasando
En el San Juan de Dios desperté
Con ganas de beber y seguir bailando

Pero yo no sé cómo van a hacer
Esa gente que el diablo está esperando
Que si no se corrigen van a ver
El vainazo que les va mandar ese diablo
Porque yo mi problema ya lo arreglé
Y le juro que de la tierra más nunca salgo



Esa percepción escéptica sobre la vida, la muerte y lo que viene después sale a relucir en una entrevista concedida por el propio Diomedes Díaz a Ernesto McCausland, en la que afirma que no quiere morirse porque no está seguro de que los muertos pasen a un mundo mejor. Según Diomedes, si fuera verdad que la gente tuviera una vida mejor en el más allá, mucha gente estaría dispuesta a morirse en el momento mismo, pero como no se sabe qué hay después de la muerte, nadie quiere morirse de ninguna forma, ni siquiera de viejo.

Es esa visión filosófica del mundo, la que explica por qué las celebraciones de los actos litúrgicos del santoral católico han sido —desde los tiempos coloniales — secundadas siempre por parrandas monumentales, que se organizan bajo el leitmotiv de “esta noche amanecemos / amanecemos parrandeando”. Nada raro —por eso— que una de las canciones emblemáticas en la discografía del desaparecido Diomedes Díaz haya sido un merengue, compuesto por Calixto Ochoa, que canta de manera libertina:

Si la vida fuera estable todo el tiempo
Yo no bebería ni malgastaría la plata
Pero me doy cuenta que la vida es un sueño
Y antes de morir es mejor aprovecharla
Por eso la plata que caiga en mis manos
La gasto en mujeres bebida y bailando

En otras palabras, para los hijos del Caribe colombiano, como reza un viejo son cubano, el eslogan es: “Hay que gozar la vida / porque la vida es corta / gózala como es debido / no hagas otra cosa”. O como lo canta el Gran Combo de Puerto Rico:

Vamos a seguir bailando,
Vamos a seguir contentos
Y sigamos vacilando
Vamos a seguir en esto
Porque un día de estos
Que tú verás que va llegar un demonio atómico
Atracatan, acanganas, y nos va limpiar
Y después de muerto no se puede gozar

Volviendo al tema de fondo: el debate que se desató con ocasión de la muerte de Diomedes entre algunos sectores costeños y cachacos. A través de la historia, a partir de sus respectivas visiones ontológicas, esos dos países: el país caribe y el país andino, han mantenido un debate larvado, que se agita de tiempo en tiempo. En el cruce de opiniones se ventilan los respectivos estilos de vida y concepción del mundo. Partiendo de su bagaje sociohistórico, los dos pueblos han estructurado sus relaciones e intercambios en el plano social y cultural. Sus interacciones, tomadas a la ligera —y vistas desde lo alto—, podrían considerarse como conflictivas y antagónicas.

Sin embargo, cuando uno se adentra en la realidad colombiana a partir de la manera como los sectores populares y las élites viven su vida y festejan los momentos placenteros de ésta, se da cuenta de que estos dos países, si bien son antagónicos, también son complementarios. Esto fue lo que llevó a los políticos Alfonso López Michelsen y Ernesto Samper Pizano a celebrar sus ancestros vallenatos. Es eso mismo lo que ha llevado a ciertos sectores de la elite bogotana, después de la década de 1990, a peregrinar al festival vallenato y al Carnaval de Barranquilla, y a dejarse tomar fotos en sus parrandas y festejos. Es el deseo de impregnarse del desparpajo caribe lo que llevó a los herederos, los delfines, de varias de las más importantes figuras del poder político y económico interioranas a casarse con mujeres costeñas, luego del ascenso de “un boom de personalidades”, que han tenido éxito en la música, la moda y el deporte.

A través de esa relación conflictiva y de complementación, es como a lo largo de la historia reciente las gentes de las dos regiones se han influido mutuamente y han participado en la construcción de la identidad cultural colombiana. Al mismo tiempo, sin querer queriendo, se han ido mezclando, mientras se mofan y ridiculizan mutuamente, como lo hicieron Tatiana Bernal, “Contra las costeñas”, y Margarita García, “Contra las cachacas”, en la revista Soho.



La muerte de Diomedes Díaz volvió a agitar en los medios tradicionales y alternativos, además de las redes sociales, la confrontación entre esos dos países sobre sus hábitos y mores respectivos. El debate que se desató por los excesos que caracterizaron la vida de Diomedes, hace parte de un debate que remontó a la superficie en los albores del siglo XX y se profundizó a partir de la década de 1930, marcando de manera contundente la dinámica de la vida cultural colombiana. Desde entonces los dos países compiten entre sí por imponerse el uno sobre el otro y por influenciar a los colombianos residentes en las regiones periféricas y menos dinámicas del territorio nacional.

Sobre la incomunicación de esos dos mundos, que vivieron de espaldas el uno del otro hasta la violenta década de 1950, los mejores testimonios los encontramos en la obra literaria y periodística de Gabriel García Márquez. Este escritor, al lado de Lucho Bermúdez, Rafael Escalona y Pambelé, de un lado, y de Daniel Samper Pizano y Alfonzo López Michelsen del otro, se encuentran entre aquellos que provocaron —consciente o inconscientemente— el acercamiento y la exploración mutua entre la gente de esos dos mundos. Retomando a García Márquez podría decirse que hasta el comienzo de la década de 1960, muchas regiones del Caribe colombiano eran zonas “que tenían una vida propia” y “sus contactos eran mucho más frecuentes con Venezuela”, con Curazao y Panamá, “que con el interior del país”. En una ocasión el propio Gabo sostuvo que a raíz de la construcción de la infraestructura carreteril y a las diferentes oleadas de violencia que lo han sacudido desde la década de 1950, llevando gente de una región a otra por la fuerza, Colombia se abrió y “se volvió esta cosa compleja que hoy es”.

Mal educada en temas de cultura nacional: la historia regional y local está aún por reconstruirse, la geografía nacional aguarda por ser descubierta, catalogada y documentada, y la lectura antropológica y sociológica de la sociedad está en su fase inicial, la gente comenzó a reconocerse —y definirse— a través de los prejuicios que existían sobre el otro. Por eso para el país andino el país caribe es un país de indios, negros, zambos y mulatos perezosos, de modales inciviles, de vocación idólatra, de gusto ramplón, de instinto vicioso, de vida perdularia y espíritu parrandero, de cultura machista, de talante botarate, de alma bullosa, de ademanes descomedidos, de gusto ordinario, de costumbres indecorosas. De eso han dejado constancia los opinadores andinocentristas en todos los periódicos del país, dan testimonios los chascarrillos que se cuentan en las plazas de mercado sobre los costeños y dejan constancia los comentarios de los lectores de periódicos electrónicos y las centenas de mensajes que sobre el asunto circulan en las redes sociales. El que quiera comprobarlo —en página y media— puede leer el artículo de Tatiana Bernal “Contra las costeñas”.

A la sazón, uno de los chistes que más circulan en el universo cibernético de los medios andinos cuenta que una vez apareció entre los anuncios de prensa uno que decía: “Costeño trabajador y sin vicios busca pereirana virgen para fines serios”. A continuación se cierra el chiste diciendo: “¡Ni lo uno ni lo otro existe, pues de eso no hay!”. Otro apunte, que sirve de muestra para ilustrar el mismo asunto, lo recuperamos entre los comentarios de El Espectador. Allí un lector apodado SCK sostiene que “los corronchos son tan apocados y carentes de poder cognitivo que ni siquiera sirven para ser líderes de los bandidos”. Eso explica, según él, por qué “los corronchos con su pereza y valores ambivalentes han dado el mayor aporte en el atraso de esta república bananera”.

Por su parte el país Caribe se esmera en presentar al país andino como un territorio habitado por un pueblo de mestizos tristes, violentos y rezanderos; una comarca poblada por gente solapada, que mientras peca, para empatar, reza. En otros términos: una sociedad gobernada por un moralismo pacato, que lleva a la gente a esconder la mugre debajo de la alfombra, aparentando que tiene la casa limpia, para así poder dar lecciones de moral a los demás, mientras practica la inmoralidad. Según los críticos de los cachacos, éstos se van a otras tierras a hacer aquello que siempre han deseado hacer en su tierra y no son capaces de hacer por el temor al qué dirán. Una buena síntesis de ese discurso se encuentra en la página y media que Margarita García escribió “Contra las cachacas”.

En el plano político también hay diferencias que se advierten sin mucho esfuerzo. Mientras el país caribe se ha caracterizado por ser un pueblo de tradición liberal, el país andino se alinea más con las ideas conservadoras.

Con la muerte de Diomedes Díaz, un cantor popular extraordinario, que nunca escondió su estilo de vida disipado, que muchas veces habló sin tapujos de sus vicios y defectos con los periodistas, se alborotaron los adeptos —y detractores— de cada campo, porque para bien o para mal, Diomedes condensó en él solo lo que enorgullece al país caribe y lo que escandaliza al país andino. Por un lado fue, como lo resaltó un comentarista de periódicos electrónicos apodado EGD, “un hombre con una sensibilidad poética excepcional” que “interpretó como pocos los sentimientos y la cotidianidad de todo un pueblo”. Por el otro, fue un “mujeriego, periquero, ostentoso, despilfarrador”, que cuando se le preguntaba por sus vicios decía en tono jocoso: “Yo he probado de todo, he tenido fiestas que pa’qué te cuento”.



Para aquellos que detestan al país caribe, como es el caso de un comentarista de El Espectador apodado Darioiv, “este individuo como artista dejó un legado musical para las personas que gustan de esa música de prostíbulos, de cantinas, de sirvientas, de emboladores, de albañiles y de la chusma de costeños”. En fin, como acota Ali Cates (otro comentarista del mismo diario), Diomedes fue más bien un representante del “antiarte” o un “artista como sea para la corronchería y, en el interior, para los choferes de buseta”. En síntesis, y en palabras de Germanwide, Diomedes fue la expresión natural de “la incultura, la ordinariez, el ídolo de la plebe y el lumpen”.

Del lado de los líderes de opinión reconocidos, que hicieron pública su aversión frente a lo que encarnó Diomedes Díaz y condenaron su legado cultural, por haber vivido una vida privada poco ejemplar, se contaron Salud Hernández Mora, Cecilia Orozco Tascón, María Elvira Bonilla y Eduardo Escobar. Luego de la muerte de Diomedes, estos formadores de opinión pública dedicaron toda su capacidad intelectual a resaltar al “Diomedes que hay que olvidar”, abrigando la esperanza de que el país olvide del todo a Diomedes, porque los tipos como él reflejan, según Orozco Toscón, “a una nación sin cultura política y sin valores ciudadanos, apenas con unas cuantas identidades regionales”.

En fin, entre los formadores de opinión no faltan aquellos que piensan como Decartonpiedra (comentarista de El Espectador), que odia a Diomedes porque fue uno de los artífices de la popularización del vallenato en todo el país y con el vallenato “Colombia se vulgarizó”. Eso es lo que, palabras más palabras menos, traduce la columna de María Elvira Bonilla cuando resalta que el despliegue que le dieron los medios a la muerte de Diomedes Díaz induce al país a la “confusión” y la “desmemoria”, porque de ese modo se olvida “el repugnante machismo que Diomedes Díaz desplegaba con vulgaridad en la tarima y por fuera de ésta, rodeado de jovencitas que envolvía con la seducción de sus canciones”.

Del otro lado se encuentra un número amplio de personas que nos recuerdan que Diomedes fue, como lo destaca Liliana Martínez Polo en un reportaje póstumo publicado en El Tiempo, “alguien cuya infancia fue dura, pero se dio las mañas” suficientes para convertirse en “el ídolo más grande que ha existido en el vallenato en toda su historia”. Esta proeza resulta más asombrosa si se tiene en cuenta que Diomedes solo fue, en palabras de Ahero93, un campesino con sensibilidad poética, pues aparte de los temas que abordó en sus canciones, en el fondo él nunca fue “un tipo culto y profundo en opiniones”.

La percepción de Cecilia Orozco Toscón sobre el muerto —y de contera sobre la manifestación cultural que representaba Diomedes— concitó entre sus lectores el afloramiento de la visión que el país andino tiene del país caribe. De todos aquellos que comentaron su nota en El Espectador, quien mejor condensó el discurso que retrata a los habitantes del Caribe colombiano como personas de modales inciviles es un lector que comenta bajo el apodo de Fantomas. Según Fantomas, “la ramplonería” es “algo inherente a la idiosincrasia propia de los pobladores de la región atlántica”. Por eso no se puede esperar “algo diferente de los pobladores de esa parte del país” sino el culto a tipos como Diomedes Díaz y Rafael Orozco, los dos cantantes más importantes del “vallejarto”.

En su columna en el influyente diario El Tiempo, Salud Hernández Mora, en el obituario que dedica al difunto, más que resaltar “al artista, el genio, que lo fue”, se centra en recordarnos “el pésimo ejemplo vital que daba”. Según ella el legado cultural de Diomedes Díaz “debería enterrarse con él”, porque representa una “idiosincrasia que sólo genera rencores, tragedias, frustraciones y lágrimas”.

La reacción frente a los tropos de Hernández, que es de origen español, provino del lado del periodista samario Víctor Sánchez Rincones. Desde España, donde reside, Sánchez Rincones, le reclama a Hernández Mora por los conceptos contenidos en su columna. Según él, si bien es sabido que “Diomedes no fue un santo” pues “eso todo el mundo lo sabe”, su vida personal no debe ser usada como rasero “moral”, para ofender a la sociedad costeña. Sánchez Rincones  aprovechó la controversia con Salud Hernández para recordarle al público que la vida privada de Diomedes no fue diferente a la de “Elvis Presley, John Lennon o el propio Michael Jackson, genios de la música que no vinieron a este mundo para dar cátedras de moral”.

Una posición similar a la de Sánchez Rincones esboza Franchi1979, un comentarista de El Espectador que se detiene sobre la columna de Cecilia Orozco Tascón. Según este comentarista, la despedida apoteósica que los seguidores de Diomedes le hicieron fue para rendirle un homenaje póstumo “al gran genio de la música que fue”, lo cual no quiere decir que la gente haya olvidado que él había “cometido errores en su vida”. Destaca el comentarista que, “al igual que admira a grandes como Sinatra, Winehouse y Morrison, entre otros que tuvieron una vida de excesos”, la gente admira a Diomedes, porque como ellos él también fue un grande de la música. En tal sentido, cuando la gente desfiló ante su ataúd y asistió masivamente a su entierro, no lo hizo para celebrar sus pecados. Lo hizo porque “recuerda su talento”, que es lo que al final quiere honrar.

La bloguera Nani Mosquera, tratando de poner las cosas en perspectiva, llama la atención sobre un punto: Diomedes fue un “ícono, ídolo, pero no modelo a seguir”. Para ella, la vida de este artista repite “una fórmula que se repite en muchas estrellas de la canción mundial”. Sobre los motivos de fondo de la controversia, Mosquera sostiene que éstos retratan, de cuerpo entero, la idiosincrasia verdadera del colombiano, que está atravesada por la intolerancia frente a la diferencia, el clasismo o arribismo social y el regionalismo.

Eso es lo que explica, según ella, por qué en los medios capitalinos una tropa de comentaristas —bastante activos— se dio —ordenadamente— a la tarea de descalificar al artista vallenato, llamándolo “corroncho, por su forma de vestir y de actuar” y a denigrarlo por su origen y por los lunares morales que marcaron su vida privada. En efecto, queremos traer a colación uno de esos comentarios, que representan el lado más pesado de la controversia: el comentario de Jaimeur, en El Espectador. Según este lector de periódicos en línea “ni el ñame es comida, ni el vallenato es música”, y la mejor forma de hacer patria es “matar costeños”.

En general Nani Mosquera resalta que hay un alto grado de hipocresía detrás del discurso moralista de aquellos que tratan de descalificar la música y el legado cultural de Diomedes, resaltando su vida desordenada y el escándalo judicial en el que se vio involucrado por la muerte de una de sus amantes, sin detenerse a reparar sobre la calidad de las contribuciones que hizo este cantante en la construcción de la identidad cultural de Colombia. Sobre el particular, la bloguera destaca que Diomedes hizo parte de una oleada de personajes costeños que llevaron a los bogotanos a adoptar como iconos representativos de la colombianidad la música vallenata, el sombrero vueltiao y la mochila arhuaca.

Dentro del fusilamiento moral —como lo llamó Charles8110— que se desató por el cubrimiento mediático, los honores oficiales que se le tributaron a nivel local y el entierro multitudinario del que fue objeto Diomedes, una de las voces más centradas fue la de Catalina Ruiz-Navarro. En una columna en la que separaba al hombre del artista, llamó la atención sobre un hecho: “una cosa es celebrar al músico y otra defender a un hombre, por demás indefendible”, porque no es comprensible “que les hagamos exigencias éticas a nuestros ídolos” del espectáculo, porque “los artistas no tienen por qué ser líderes morales”, ya que “el objetivo del arte y el entretenimiento no es educar éticamente”.

En el fondo el debate ha resultado tirante porque —en general— en Colombia las figuras públicas que están llamadas a ser referentes éticos se han devaluado. Esa devaluación ha llevado a la gente a buscar esos modelos en los individuos que no cumplen esa función, olvidando que los artistas no vienen a este mundo para ser referentes en el campo de la ética sino en el de la estética.

Sobre la manera positiva como se ha evaluado la obra de Diomedes Díaz luego de su muerte, Sebastián Grijalba, lector de Noticias Montreal, sugiere —con cierta frustración— que “definitivamente no hay muerto malo”. Para él, Diomedes fue un “maestro del vallenato pero un asco de ser humano”. Su juicio podría ser enteramente correcto, pero como lo sentencia Yosoyunica, una comentarista de la columna de Catalina Ruiz-Navarro, “a Diomedes se quiere como artista, no como persona”, porque como artista, Diomedes Dionisio Díaz Maestre nos brindó (de eso deja constancia Juan Mesa, otro comentarista de la nota de la misma autora) “felicidad y armonía”.

El poeta Eduardo Escobar, una de las plumas más aquilatadas del país andino, afirma “nunca haber entendido que el país lo convirtiera en ídolo”. Para él, “Diomedes nunca pasó de ser más que un formidable aullador, en los escenarios, y por fuera de los escenarios un canalla, indigno de servir de modelo a las generaciones del futuro”. Sin embargo, haber llegado a ser quien fue, a pesar de haber sido, como lo advierte Frank Molano Camargo, un niño colombiano que “tuvo una escolaridad de baja intensidad”, que “escasamente aprendió a leer y escribir”, y de haber perdido un ojo en la infancia, es lo que hace a Diomedes Dionisio Díaz Maestre uno de los diez personajes históricos más importantes del siglo XX en el Caribe colombiano.

Entre sus logros se encuentra el de haber sido capaz de cultivar en el corazón de la gente una alegría genuina, una esperanza romántica y la consolación frente a la adversidad, en medio de la tragedia humanitaria en que se debatió Colombia durante la época en que él hizo carrera. Es por eso que se llora y se lamenta su muerte, a pesar de que un número considerable de personas, como Ampuloso, un comentarista de El Espectador, se lamenten “de que no se haya muerto antes”.


martes, 1 de diciembre de 2015

Vallenato y sus transfusiones " El vallenato Patrimonio Inmaterial de la Humanidad"

Por: Juan Carlos Piedrahíta B.

El Café la Bolsa era el lugar exclusivo del vallenato en Valledupar durante la década del 50. En aquel entonces, el danzón, el filin y el bolero cubano se encargaban de marcar los ritmos en los clubes tradicionales y en los sitios de tertulia del Cesar, mientras que el folclor era una designación casi particular para las zonas rurales y para este cafetín, en el que después de las 5 de la tarde se encontraban algunos artistas y líderes comunitarios listos a debatir sobre el futuro político del país, y cuatro horas más tarde, personajes como Lorenzo Morales, Emiliano Zuleta y Rafael Escalona relataban sus vivencias cotidianas.

Allí la jornada no podía terminar en algo distinto a una gran parranda vallenata y en ellas participaba Hugues Martínez, padre de José Darío y directo responsable de que ‘Chabuco’ hubiera optado por la interpretación de estos clásicos de clásicos.

Nido de amor, de Octavio Daza; La casa, de Carlos Huertas; Así fue mi querer, de Gustavo Gutiérrez Cabello, y A un colega, de Emiliano Zuleta Díaz, son algunos de las piezas entrañables del folclor vallenato que ‘Chabuco’ recopiló en su más reciente producción discográfica, llamada Clásicos Café la Bolsa, en la que lo acompañan Kike Purizaga en los teclados, Diego Valdés en el bajo, Horacio ‘El Negro’ Hernández en la batería y Dayhan Díaz en la trompeta. En este álbum no hay acordeón, pero se insinúa toda la esencia de la tradición folclórica.

“Este formato con el que interpreté la música que me ha acompañado durante toda la vida creo que le da un puesto bonito al vallenato y me parece que es más fácil que se entienda fuera del país”, comenta ‘Chabuco’, quien desde 1998 y por casi cuatro años fue el vocalista del grupo Los Pelaos y después hizo pareja artística con el acordeonero Nicolás de los Ríos.

Como solista, ‘Chabuco’ ha querido impulsar las historias de su tierra, pero innovando en la forma de presentarlas. Por eso en su primer disco, Nació mi poesía, las interpretó con el respaldo de un piano. Ahora en su segundo registro amplió la estructura para intentar que el vallenato ingrese en los festivales de jazz y de música étnica en todos los rincones del mundo. “Valledupar está entre la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta y allí fluye magia. Es una tierra de mucha pasión, por eso brota tanta gente campesina a la que le gusta contar su cotidianidad y sería lindo que el mundo entero se convirtiera en cómplice de esa tradición”, dice ‘Chabuco’, quien además se confiesa seguidor de Pablo Milanés y de los demás integrantes de la Nueva Trova Cubana, pero también, y gracias a su hermano pintor, disfruta del soul y del rock.

Con esta nueva indumentaria, el vallenato no se reserva el derecho de admisión y aunque salió del ‘exclusivo’ lugar del Café la Bolsa, tiene la intención de eliminar las pocas fronteras que todavía se le resisten.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL ADIOS A UN JUGLAR Calixto Ochoa Campos

Calixto Ochoa nació en la población de Valencia de Jesús, departamento del Cesar, el 14 de agosto de 1934. Sus inicios musicales se remontan a su niñez cuando se escapaba de la casa y se iba a las parrandas que se hacían en las fincas del Cesar, donde sus hermanos mayores, buenos acordeoneros, tocaban hasta el amanecer. Según sus propias palabras, le cogía a escondidas el acordeón a sus hermanos Juan y Rafael Ochoa y así aprendió el manejo de este instrumento de origen alemán.

“Con el tiempo y con esfuerzo compré un acordeón y comenzaron a buscarme para que tocara en las fincas y en los pueblos de por aquí. Hasta que en una ocasión un amigo me propuso que saliéramos a recorrer la Costa”. A los 19 años se marchó del hogar y estuvo en San Jacinto, Carmen de Bolívar, Ovejas, Corozal y otras poblaciones, en la época en que el conjunto vallenato sólo estaba compuesto de acordeón, guacharaca y caja.


De pueblo en pueblo, llegó a Sincelejo en 1956 donde realizó su primera grabación, que tuvo muy buena acogida y le abrió las puertas a las grandes disqueras del país. Tenía 21 años cuando grabó su primer disco titulado El lirio rojo para el desaparecido sello ECO. Esta canción, que tuvo muy buena acogida en toda la Costa, le abrió las puertas de las grandes casas disqueras del país. Discos Fuentes fue la primera en llamarlo y fue artista exclusivo de ésta por más de una década. Tras 13 años de trabajar para Discos Fuentes, ensayó con otras empresas, pero siempre volvió a la compañía con la que tantos triunfos construyó.

Se coronó Rey vallenato en el III Festival de la Leyenda Vallenata, que se llevó a cabo en 1970, con los temas El gavilán castigador y La puya regional. Ganó en reñida competencia con personajes de la talla de Náfer Durán y Emiliano Zuleta Díaz. En 1961 fue fundador de la famosa agrupación Los Corraleros de Majagual, junto con Alfredo Gutiérrez, Eliseo Herrera, César Castro, Lucho Pérez y Antonio Cavas. Todos ellos eran jefes de sus propios conjuntos y un buen día decidieron conformar un "conjunto de conjuntos" que agrupara a las principales figuras de ese momento, algo parecido a lo que había hecho la Sonora Matancera en Cuba.

El talento supremo de Calixto Ochoa se evidencia en éxitos como Los sabanales, Playas marinas,  Todo es para ti, La india motilona, La reina del espacio, Marily, La Compañerita, La Llanerita, Palabra Sagrada, Irene, El niño inteligente, Chispita de Oro, La Voz del Pueblo, Cuatro Penas, Si el mar se volviera ron, Angelito (Nubia), Hombre enamorado, Amparito, Mi Color Moreno, Diana, El solterito,  y El africano, entre otros, siendo Diomedes Díaz su máximo interprete.

Calixto Ochoa creó su conjunto con el cual interpreta sus propias obras, que ha compuesto en ritmo de paseo, porro, son, cumbia y paseaíto. Este último, el paseaíto, fue un ritmo creado por él en Cartagena, que es un paseo con un poco de más movimiento.

Tanto con Los Corraleros de Majagual como con sus propios conjuntos, ha cumplido actuaciones en diferentes países del exterior de los cuales se destacan Venezuela, Estados Unidos, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Nicaragua y República Dominicana.

Con su propio conjunto, Calixto logró mantenerse en la cima con éxitos como “El africano”, “Listo Calixto”, “Muriendo lentamente” (cantado por el desaparecido Luis Cuadro) y “Las flores”, este último interpretado por el cantante de salsa colombiano Saulo Sánchez, vocalista de la orquesta Los Titanes, de Barranquilla.

La salsa se nutrió de varias obras de Calixto Ochoa; y cito, por ejemplo, al tema “Manantial del alma”, que fue grabada por la orquesta de Roberto Roena y su Apollo Sound, cantado por Sammy González, y que le fue cambiado el nombre por “Cui cui”.

Fruko y sus Tesos hizo una versión de la “Charanga campesina”, que fue muy exitosa al comienzo de los ochenta, la cual fue interpretada por el cantante cartagenero Joseíto Martínez.

Era un intérprete polifacético en la materia musical. AL mismo tiempo se le reconoce su capacidad de intérprete clásico del vallenato, también le adornan cualidades extraordinarias para componer e interpretar aires musicales que cultivan la atención de sus seguidores por el contenido picaresco de sus versos, cuyo argumento se adapta a todos los públicos del universo. 'La Ombligona', 'Compae Menejo', 'Todo es para Ti', 'El Africano', 'Martha', 'Marily', 'Lirio Rojo', 'Los Sabanales', Son algunos de los títulos que han inmortalizado su talento más allá de las fronteras patrias. Su obra ha sido interpretada por los conjuntos de los Hermanos Zuleta, Jorge Oñate, Diomedes Díaz y los Corraleros de Majagual, entre otros. En el plano internacional la difusión de sus composiciones ha correspondido a Franck Pourcel, Wilfrido Vargas y Paul Murriat. En los primeros años de vida profesional vivió en el municipio de Codazzi - Cesar y posteriormente se radicó en Sincelejo - Sucre por allá en el año de 1956. Para el máximo trofeo debió vencer a Nafer Durán y Emilianito Zuleta. Los sabanales, El calabacito, El viejo del sombrerón, El pirulino, La medallita, y muchos otros clásicos de la música tropical colombiana, tienen nombre propio, el de una leyenda del folclor como Calixto Ochoa. 

Hasta que en una ocasión un amigo le propuso que salieran a recorrer la Costa”. A los 19 años se marchó del hogar y estuvo en San Jacinto, Carmen de Bolívar, Ovejas, Corozal y otras poblaciones, en la época en que el conjunto vallenato sólo estaba compuesto de acordeón, guacharaca y caja. De pueblo en pueblo, llegó a Sincelejo en 1956 donde realizó su primera grabación, que tuvo muy buena acogida y le abrió las puertas a las grandes disqueras del país. Tenía 21 años cuando grabó su primer disco titulado El lirio rojo para el desaparecido sello ECO. Esta canción, que tuvo muy buena acogida en toda la Costa, le abrió las puertas de las grandes casas disqueras del país. Discos Fuentes fue la primera en llamarlo y fue artista exclusivo de ésta por más de una década. Tras 13 años de trabajar para Discos Fuentes, ensayó con otras empresas, pero siempre volvió a la compañía con la que tantos triunfos construyó.

Tanto con Los Corraleros de Majagual como con sus propios conjuntos, ha cumplido actuaciones en diferentes países del exterior de los cuales se destacan Venezuela, Estados Unidos, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Nicaragua y República Dominicana.

Ha partido hoy 18 de noviembre de 2015 en la ciudad de Sincelejo departamento de Sucre paz en su tumba.

Información y prensa: dfprensa@discosfuentes.com

martes, 29 de septiembre de 2015

CON EL VIENTO A MI FAVOR LO NUEVO DE IVO LUIS DIAZ Y ALMES GRANADOS


El disco fue lanzado el sábado 26 de septiembre, en el Club Valledupar, ante la prensa y un numeroso grupo de invitados especiales, entre los que estabán presentes los defensores del vallenato clásico.

Un espectacular lanzamiento realizaron Ivo Díaz y Almes Granados, quienes presentaron su álbum musical ‘Con el viento a mi favor’ con una nutrida asistencia.

El evento se realizó con un excelente escenario con luces y efectos especiales que matizaron la brillante actuación de  Ivo Díaz y Almes Granados, quienes interpretaron las 15 canciones del nuevo repertorio.

Al evento asistieron los compositores Gustavo Gutiérrez, autor de la canción ‘Poquito a poco’; Mateo Torres, Beto Murgas, Deimer Marín, entre otros, quienes elogiaron la elegante presentación de los artistas en un escenario muy bien decorado que le dieron elegancia al evento organizado por  Ruby López, esposa de Ivo Díaz.

La escogencia del material fue consultada, previamente, con conocedores del arte musical, quienes fueron los responsables de seleccionar el repertorio, manifestaron los protagonistas: Almes e Ivo Luis.

Quince compositores de los llamados Clásicos del Vallenato, aportaron sus obras para el nuevo disco de Ivo Díaz y Almes Granados, titulado ‘Con el viento a mi favor’, que salió al mercado el jueves 10 de septiembre.



 Los temas y los autores son los siguientes:

1. Con el viento a mi favor (Marciano Martínez)
2. De poquito a poco (Gustavo Gutiérrez Cabello)
3. Campanitas de mi pueblo (Emiro Zuleta)
4. Cincuenta (Ivo Díaz)
5. El Aventurero (Leandro Díaz)
6. Cuento de Hadas (Fernando Dangond Castro)
7. Paloma Blanca (Romualdo Brito)
8. Me equivoque contigo (Juan Manuel Gutiérrez)
9. Como puedes olvidar (Rafael “Taty” Jácome)
10. El ultimo corazón (“Poncho” Cotes Jr.)
11. El Pintor (Adolfo Pacheco)
12. Una lagrima de amor (Wilson Gutiérrez)
13. Gracias papá (Mateo Torres)
14. Me lo dijo mi mamá (José Carlos Guerra “Pitalua)
15. La carta (Carlos Huertas).

La selección musical de este CD fue consultada, previamente, con exigentes calificadores del arte musical que escogieron este selecto contenido.

El disco se presentó en un gran evento el sábado 26 de septiembre, en el Club Valledupar, ante la prensa y un numeroso grupo de invitados especiales, entre los que estuvieron presentes, importantes amantes y defensores del vallenato clásico.

Fue un evento sin precedentes por su contenido y despliegue en la historia de las publicaciones de discos en Valledupar.

lunes, 14 de septiembre de 2015

CARLOS MELO SALAZAR “MERECE UN HOMENAJE POR PARTE DEL FESTIVAL VALLENATO”

Concierto Vallenato, ahora desde la Radio de la Universidad Nacional de Colombia.


Por: Martha Yaneth Ruíz y Gabriel Jiménez Pallares
Lapislázuli Periódico


Lapislázuli Periódico hace un reconocimiento por toda una vida de gestión cultural y promotor artístico a Carlos Melo Salazar, un ser humano privilegiado de voz natural, firme y pausada, la voz del locutor que desde el nivel del mar subió los cerros andinos hace cerca de medio siglo para difundir desde la capital colombiana los aires del folclor Vallenato y dejar aquí arraigados en el corazón de nacionales y foráneos esta expresión musical de los sentimientos de un pueblo.

Carlos Melo se define como un hombre sencillo de la Costa Caribe Colombiana, más exactamente de Santa Marta. Nació en un hogar humilde, cuando su papá trabajaba con la United Fruit Company en la zona bananera del Magdalena. No obstante sus padecimientos de asma crónica, con gran esfuerzo pudo terminar el bachillerato en el Liceo Celedón de su ciudad natal; viajó a Bogotá para estudiar Derecho en la Universidad Libre, pero al no alcanzarle el dinero necesitó trabajar.

Traía la iniciativa de la radio desde el momento que se expresó en un micrófono suelto, sin darse cuenta que el parlante estaba en la oficina de la secretaria, previo al acto de izada de la bandera en el colegio “Usted tiene la voz de locutor!” dijo ella. “Eso se me encendió en el alma, en el pensamiento… yo no me hice ninguna pregunta, pero cuando llegué a Bogotá saqué la licencia de locutor”, comenta.

Primero estuvo en la Radio Mundial. Luego se propuso divulgar los aires del Vallenato en Bogotá. A algunos costeños amigos que les comentó le respondieron: “estás loco, esa música tan corroncha que va a pegar aquí!” Con su poca experiencia y gracias al apoyo del director, arrancó Concierto Vallenato en Radio Juventud; en esta emisora estuvo diez años. Después hizo Estampas Vallenatas en la Radio Cadena Nacional durante 17 años, tiempo que alternó con la presentación de música clásica en la Radio HJCK, de eso hace más de cuarenta años, y sigue trabajando con la HJCK, y ahora en la Radiodifusora de la Universidad Nacional “Es una tarea bonita, sobre todo hecha con mucho criterio, con mucha responsabilidad y mucho respeto”, asegura.

Para Carlos Melo el Vallenato es una música sencilla, con mensajes claros que nació en el valle del río Cesar, y en cierta manera “nos representa a nosotros los costeños”. El Vallenato se interpreta con tres instrumentos, acordeón, caja y guacharaca, en cuatro ritmos: el paseo, el merengue, el son y la puya. Ahora, como la gente tomó posiciones menos críticas, aceptan como Vallenato todo lo que se toca con acordeón, pero insiste, eso no es así, porque tienen sus diferencias grandes…y tiene sus instituciones respetables, como la parranda, reunión de amigos para escuchar la música con mucha devoción, donde se respeta al artista; la gente no habla ni baila, cuando el grupo vallenato está haciendo su presentación.

Ha asistido al Festival de la Leyenda Vallenata desde el año de 1970, y ahora se prepara para asistir a la cuadragésima cuarta edición este año de 2011. Al preguntarle cómo observa la evolución del Festival, afirma que en sus primeros años creaban sorpresa para los ajenos a la música, y delirio, sobre todo para la juventud, porque estaban contentos con la inauguración del departamento del Cesar en el año de 1967. Actuaban con una pasión grande porque se decían que esa música era de ellos, y que tenían que apoyarlas. Llovían las invitaciones para parrandear con conjunto vallenato. El Vallenato era una fiesta bonita; recuerda que en los primeros festivales, como representante de un medio de comunicación, no pagaba nada; le daban el pasaje, el hotel, la comida; ahora no.

Carlos Melo siente con orgullo haber sido pionero en la divulgación del Vallenato en Bogotá “Eso nadie me lo quita…” Y lo hizo sin ninguna pretensión, con mucha sinceridad y cree que ha perdurado a raíz de que eso lo traía en el alma “De pronto me da como vaina decir que yo llegué a ser como figura en este comienzo de la divulgación del Vallenato, porque es que no había más nadie”. En ese entonces, todo el mundo lo saludaba, le hacían entrevistas, le daban a conocer, y como ha sido una persona “muy penosa” entonces, se sentía incómodo.

Al preguntarle a Carlos Melo sobre qué reconocimientos ha tenido por su trabajo de promotor cultural, confiesa: “Por ahí me han dado diplomas… no más!” y cuando insistimos por conocer cuál es el más significativo para él, asegura: “… el aplauso que me prodigaron las generaciones de los años 60 y 70, porque todo el mundo hablaba de la gestión que hice del Vallenato”.

Esta labor ha sido permanente en su vida, sin descanso, desde el momento que inició su difusión radial en 1968. Hoy, el Vallenato es la música popular con más seguidores en Colombia, en todo el territorio nacional, y aún en el exterior. Carlos Melo continúa en esta labor, haciendo el reconocimiento a los artistas del Vallenato, comentando con anécdotas las vivencias de los verdaderos juglares, enseñando a las viejas y nuevas generaciones de oyentes las diferencias de estos aires musicales. Esto lo hace en las audiciones desde la U.N. Radio, de la Universidad Nacional, los domingos a la una de la tarde, en su Concierto Vallenato, retomando el nombre de aquella vieja audición que realizaba en Radio Juventud; y en la HJCK.com, en un programa que se llama Caminos de Macondo “Que se enteren de estos buenos programas que recorren toda la geografía colombiana y la geografía mundial para traer a personas que han sido importantes en valores culturales en Colombia!”, exclama.


Ahora es muy casero, no le gusta salir en la noche, y asegura que las parrandas deben ser de día. Después de tantos años vive sin afanes, con tranquilidad, con su familia. Cree que las labores que se acomete en la vida deben juzgarla los demás, no que nos aplaudan. “Yo quiero felicitarlos cordialmente, ya tengo la dirección de la página de Lapislázuli, voy a tenerlos muy en cuenta, voy a leerlos, a pesar de que soy un poquito reticente al computador” concluye.

jueves, 10 de septiembre de 2015

LUIS ENRIQUE MARTINEZ "EL POLLO VALLENATO"

Luis Enrique Martínez, Rey Vallenato 1973

Cuando se realice el 49 versión del Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a los Hermanos Zuleta Díaz en abril del 2016 se habrá conmemorado los 21 años de la muerte de uno de los juglares del vallenato, Luis Enrique Martínez. Se está trabajando en la organización de una nueva versión, pero…

- Se le estará preparando un homenaje póstumo al 6 Rey que ha tenido el Festival quien murió el 25 de marzo de 1995 en la ciudad de Santa Marta? Si lo han pensado, bien hecho; sino, deberían hacerlo porque fue una de las glorias de ese hermosa modalidad a través del son, merengue, paseo, puya y hasta cumbia al estilo del Pollo Vallenato, que siempre lo fue volviendo al ruedo en la tierra de Pedro Castro. Cuando Luis Enrique Martínez ganó en 1973 coronándose como Rey Vallenato, lo hizo como aficionado Egidio Cuadrado, en Infantil Raúl “El Chiche” Martínez , la canción vallenata inédita fue de la autoría de Armando Zabaleta “ No voy a Patillal”.

Como antesala a esta celebración de ese nuevo aniversario de la muerte del maestro, los 21 años de su partida, hemos querido en CARIBE HOY destacarlo como a uno de los más ilustres representantes de este folclor; Luis Enrique Martínez que le dio al vallenato renombre a través de sus sones, merengues, y ritmos que enaltecieron a esta región caribe y a nuestro país. Es parte de la historia de lo que fue este personaje. LUIS ENRIQUE MARTINEZ… “El Pollo Vallenato”. En una ocasión lo hicimos en una página completa del periódico El Heraldo , un mes y cinco días de su muerte en la Sección Panorama Costeño , bajo el Titulo Así Era “ EL POLLO VALLENATO”, domingo 30 de abril de 1995

Antes de que se celebre los 21 años del viaja al más allá de este valor guajiro, dedicamos con todo cariño esta crónica al pueblo guajiro, al pueblo vallenato, al pueblo magdalenense y a la costa caribe en general, porque lo nuestro merece destacarse, porque no somos de Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Sincelejo, Valledupar, Monteria, Riohacha o San Andrès, sino ciento por ciento caribeño.

“Nunca pensó en la muerte, pues amaba mucho la vida “Su mujer, hijos y nietos eran todo para él. “Las visitas de amigos eran permanentes y esto para Luis Enrique Martínez lo llenaba de satisfacción, orgullo y felicidad. “Las mejores regalías de su éxito “La tijera” las recibió del samario Carlos Vives dijo.

Dice el viejo proverbio: “Ningún muerto fue malo”. Pero aquí con Luis Enrique Martínez, “El Pollo Vallenato”, no cabe porque la realidad es una sola, el Sexto Rey Vallenato era una persona amable, que cuando lo visitaban en su residencia en Santa Marta no cabía en su pellejo, se llenaba de felicidad contando sus anécdotas, su historia de amor con su Rosalbina del alma, o Rosita como cariñosamente la llamaba.

Fue en una ocasión cuando su nieto Johnny Pérez, quien cumplía años, me lo presentó. Había una parranda en casa de “El Pollo” por este acontecimiento, animaban los hermanos Manuel y Algemiro Rivaldo. Me saludó con efusividad y con tono alegre me dijo: “Bienvenido a esta tu casa” Esa era su forma de ser, sencillo y por eso tenía amigos por montones.

A pesar de haber nacido en Los Haticos, corregimiento de Fonseca, en el Departamento de La Guajira, donde nació el 24 de febrero de 1923, Luis Enrique, de origen particularmente campesino, residió por muchos años en la capital del Magdalena, donde se destacó por su espíritu parrandero, por la forma de tomar la vida, a la que amaba, especialmente desde que se unió a Rosalbina Serrano, la que conoció en el Copey, donde se casaron en 1.947 el mismo año en que se inició en este arte.

Dueño de un estilo característico para ejecutar los aires vallenatos como el paseo y el merengue; confesó en muchas ocasiones haber asimilado tan dignificante arte como el de ejecutar el acordeón, de grandes maestros como el de Francisco “ Pacho “ Rada de quien le aprendió sus sones, mientras que asimiló de los juglares Lorenzo Morales, Emiliano Zuleta y Chico Bolaños, lo que quedó sentado en el libro “ Cultura Vallenata” del connotado autor Tomas Darío Gutiérrez , en la que también éste célebre personaje confiesa haber conocido a "Francisco El Hombre”.

Hombre sencillo, bondadoso y bonachón, las características más importantes en su personalidad, hasta el punto que le decían “ El pacificador” porque siempre e intervenía entre las discusiones de los músicos de la épocas para bajarles los ánimos que terminaban en un abrazo.

José Ceferino Nieves Orozco en su anecdotario del Folclor Vallenato lo sostiene que su aporte a la música vallenata radica en la innovación que dividió en dos la evolución de este ritmo; por un lado la agilidad sorprendente en la agitación del acordeón y por otro la agitación musical ataviada de adornos, notas brillantes , nuevos movimientos, giros y compases que lo convierten en un revolucionario que logra sacar al acordeón de la ejecución monorrítmica que logran posicionarlo en los años 50 por su genialidad con la creación de innovados pasos musicales dándole prestigio en este aspecto tanto en lo comercial como en lo musical, porque sabía tocar, cantar y componer al mismo tiempo, una característica muy importante de un artista.

LUIS ENRIQUE MARTINEZ

Luis Enrique Martínez Argote nace en el hogar conformado por Santander Martínez un hombre que combinaba el oficio de hacer techos de palma, con el de acordeonero, y acompañaba a su hijo con las maracas o con el redoblante en las alegres colitas y Natividad Argote una mujer igualmente trabajadora y hacendosa quien lo llevó a Fundación, en busca de las nuevas oportunidades que le podría brindar la bonanza bananera, se especializó en aserrar madera, actividad que alternó con la música por esa razón dedicó a ese importante municipio del departamento del Magdalena el que admiró y quiso mucho, “ Jardin de Fundación” recibiendo la retribución de sus habitantes.

En esa población cuyo nombre original no fue el de Fundación si no el de la Envidia, en razón a que las primeras viviendas que se levantaron en ese lugar fueron construidas en una de las divisiones de la finca "San Francisco de Fundación" que llevaba ese nombre, aprendió del destacado maestro acordeonero Francisco “ Pacho” Pacho Rada, el autor de “ La Lira” y adquirió los conocimientos musicales los que perfeccionó con los música de la Provincia , dedicándose con seriedad a su nuevo oficio que ejercía donde lo solicitaban. Después Fundación por notorio crecimiento y connotación regional sus habitantes le cambiaron ese despectivo nombre para ellos por el de "Fundación" que más tarde para Luis Enrique Martínez, a la Esquina del Progreso como también se le conoce al municipio, para él la califica como un verdadero. Con el pasar del tiempo “ El Pollo Vallenato “llegó al Banco-Magdalena donde conoció a Juan Madrid quien lo enseñó a cantar y a acompañarse con la guitarra

EL POR QUÈ LO DEL POLLO VALLENATO

Este gran valor del caribe colombiano, guajiro de nacimiento, pero magdalenense de corazón, quien tocaba magistralmente con un estilo envidiable fue bautizado como “ El Pollo Vallenato” por sus notas picarescas y claras, las que adornaba con su sapiencia en forma asombrosa ; promovía poemas satíricos, combinándolos con lo sensible ,lo que le mereció el honroso título de “ El Pollo Vallenato”, porque sus admiradores y escritores sostenían que se asemejaba en las parrandas a un gallo fino que nunca pierde una pelea y siempre se mostraba firme venciendo en las piquerias, razón por la que compuso un tema considerado desafiante, una letra en honor a su renombre; “El pollo Vallenato”

“Oiga muchacho, yo soy Enrique Martínez/que nunca tiene miedo si se trata de tocar/Luis Martínez es el “El Pollo Vallenato”/y es candela lo que van a llevar.”

Y Luis Martínez “ El Pollo Vallenato” tarareaban sus seguidores.-Nunca se le veía desesperado y a todos los familiares y amigos les daba ánimo porque decía que la vida era una sola y había que saber vivirla, por eso desde muy niño, desde los 15 años de edad cuando se dedicaba a su trabajo de machetero, alternaba estas labores con el acordeón, contando con el apoyo de sus progenitores, quienes lo ayudaron para que comprara uno de dos teclados por doce pesos

Sus padres nunca pensaron que este jovencito que se le veía por las calles del pueblo animando las parrandas o bailes, sería más tarde un maestro del vallenato y en varias ocasiones fue exaltado por Guillermo Buitrago, su amigo, por ese talento propio para componer temas.

SU PRIMERA GRABACION

Se forjó como profesional en 1.947 y en 1948 realiza su primera grabación incluyendo temas como “Seis días de la semana” y “Recuerdos de Emilianito”. Este trabajo tuvo acogida y de ahí en adelante todo fue fácil para el cantautor, a quien más tarde le toco alternar con otros artistas de la talla de Abel Antonio Villa, Emiliano Zuleta “El Viejo”, Pacho Rada, Alejandro Durán y Alfredo Gutiérrez.

De él se decía que tenía una mente de poeta, una voz parrandera y una gran maestría al ejecutar el acordeón, ganándose el respeto de los demás colegas de todas las generaciones. Se dio el lujo de grabar para todas las casas disqueras y para el sello Costeño de Codiscos graba el trabajo que fue titulado “Los tres grandes del acordeón “vallenato”, con Abel Antonio Villa y Alfredo Gutiérrez.

Se destacó en esa larga duración un mosaico al estilo de “El Pollo”, “Hombre divertido”, “Merenguito sabroso”, “El vallenato” y “Cumbia cienaguera” todos temas de su autoría, así como “La caja negra”, de Rafael Valencia, “El reparto” de Camilo Namen y “La piña” de Nola Mestre, los cuales ejecutó con verdadera maestría.

Sus letras eran vivencias que refería con sentimiento para que cada mensaje llegara a la gente. Cuando fue elegido Rey Vallenato sus seguidores, familiares y amigos expresaron sus satisfacción porque se lo tenía bien merecido, porque ejecutaba con maestría entre otros el son y el verdadero merengue vallenato dejando como legado varias escuelas que sifuieron ejemplarmente sus enseñanzas.

Sus composiciones se cree superaron las ciento veinte como autor e intérprete, destacándose entre otras famosas "El Jardín de Fundación", "El Pollo Vallenato", "La Tijera", que hizo famosa posteriormente Daniel Celedòn y el “ Pollo Isma ”, Ismael Rudas, en la época donde el vallenato estaba en su apogeo en algunas ciudades como Barranquilla, y la versión internacionalizada de "La Cumbia Cienaguera" “ Mi despedida “, “ No me hagas sufrir”, “ Zunilda”, “ La Niña Esquiva” , “ El Caribe”, “ El Resentido”

LA LEYENDA VALLENATA

Luis Enrique Martínez se coronó Sexto Rey Vallenato el 30 de abril de 1.973, cuando fue escogido por el jurado con el respaldo del pueblo, después de haberlo intentado por varias ocasiones lo que no se logró por diferentes motivos, entre ellas: en el Primer Festival, cuando se aseguraba que iba a ganar, fue derrotado por su compadre Alejandro Duran, ocupando el tercer puesto; año 1.968

En el Segundo Festival, que también era el favorito, no se presentó por estar celebrando anticipadamente y ganó Nicolàs “Colacho” Mendoza. Cuando por fin ganó tuvo una competencia reñida con Julio de la Ossa y Andrés Landeros; ejecutó los sones de la puya, el merengue y el paseo, haciendo vibrar de emoción a los asistentes a la Plaza Alfonso López, en la tarima “Francisco El Hombre”.

LAS BODAS DE PLATA

Este tema de su autoría narra lo que en verdad sucedió en abril de 1.972. en “Las bodas de plata” de Luis Enrique con Rosalbina, cuando se hizo una fiesta bonita, con música vallenata, porque aquí “El Pollo Vallenato” echó la casa por la ventana, como se dice popularmente, pues esta fiesta duró una semana completa y a ella asistieron, entre otros, Alejandro Durán, Andrés Landeros, Calixto Ochoa, “Colacho” Mendoza, Emiliano Zuleta y Pacho Rada.

Como en las grandes celebraciones, hubo ron, aguardiente, whiskey y cervezas. De comida se ofreció carnero, gallina y pavo y como complemento, porque todo se había acabado, terminaron comiendo pescado. Sus amigos y sus amigas, todos fueron a su casa y salieron satisfechos, y más contento estaba Luis Enrique con su Rosita, porque no todos los días se cumplen 25 años felices de casados.

SU MUERTE

La muerte de Luis Enrique fue sorpresiva, ocurrió el 25 de marzo de 1995 en la ciudad de Santa Marta, capital del Magdalena. Ese día su nieto Johnny había dialogado en la mañana con él, lo ayudó a afeitarse, se jugó con su abuelo querido y se marchó con sus amigos a visitar una finca de la familia. Al regresar a su casa encontró en medio de la sala el ataúd con los restos mortales del Sexto Rey Vallenato. Al momento de su deceso contaba con 73 años, los cuales vivió “bien vividos”, aseguran sus hijos y nietos, quienes le celebraban todo lo que éste hacia: era el consentido de la casa” hasta el punto de que 6 meses antes de su fallecimiento, dejó de tomar por prescripción médica y él seguía acompañando a su familia en sus parrandas.

A la hora de su muerte se encontraban además de sus familiares sus verdaderos amigos que se mostraban satisfechos porque éste en estos tiempos, por su tema “La tijera” estaba recibiendo buenas regalías; las mejores en todas las épocas y esto se debe al éxito que tuvo Carlos Vives con su composición.

Todas las emisoras de la Costa comenzaron a difundir la noticia y Armando Zabaleta, que se encontraba en Barranquilla, tomó un carro expreso y fue el primero en llegar y así, uno a uno fueron llegando Consuelo Araujo, “La Cacica” “El Debe” López , Miguel López , Jorge Oñate, Álvaro López, Alfredo Gutiérrez, Maribel Cortina y Abel Antonio Villa, entre otros.

De tantos años de trabajo, por tantos temas compuestos, Luis Enrique Martínez, al igual que muchos compositores, solo recibió prácticamente limosnas; por eso en su sepelio los músicos costeños dijeron que ya estaba bueno de tantos homenajes póstumos, que estos se hacían en vida… “Después de muerto para que”, aseguraron sus compañeros quienes dijeron en una sola vez que ellos enriquecieron el folclor y otros se beneficiaban.

Sus amigos, hermanos y nietos heredaron de él su amor por la música, pues casi todos ejecutan el acordeón, caja o guacharaca. Este ilustre hombre les dejó una gran herencia musical.

Los organizadores del Festival de la Leyenda Vallenata en su primer mes de muerto le rindieron póstumo que seguramente lo harán en esta ocasión “El pollo” seguirá disfrutando en el cielo en su descanso eterno al lado de otros grandes que también han dejado esta tierra y es por eso que sus memorias no deben ser olvidadas, sus canciones deben ser mensajes que quedaron garbados en las regiones del caribe colombiano, en la historia del folclor colombiano.
  
El Pollo Vallenato

Oigan muchachos yo soy Enrique Martínez
Quien nunca tiene miedo si se trata de tocar
Soy Luis Martínez el pollo vallenato
Y es candela lo que van a tomar
Oigan muchachos
Oigan la nota
Como toca
El vallenato
.
Hago los fandangos con mi pañuelito rojo
Y mi acordeón en la mano dispuesto para tocar
Soy Luis Martínez el pollo vallenato
Y es candela lo que van a llevar
.
Oigan muchachos
Oigan la nota
Como toca
El vallenato
.
Ando por la calle con mi acordeón en la mano
En busca de mis amigos dispuesto pa' parrandear
Soy Luis Martínez el pollo vallenato
Es candela lo que van a tomar
.
Oigan muchachos
Oigan la nota
Como toca
El vallenato


Varios temas de autoría y temas interpretado por este personaje Luis Enrique Martinez: El pollo vallenato, La tijera, La dejó el tren, No me hagas sufrir, El jardín de Fundación, Gavilán sin alas, Secreto raro, Villa del Rosario, El gallo jabao, La ciencia oculta, No te da dolor, Alegre golondrina, El hombre modelo, Linda morena, Cereteñita, Zunilda, Sueño español (Adriano Salas), El cantor de Fonseca, Tragedia del destino (Adriano Salas), Cumbia cienaguera, La carta, Crucita, Avión de nieve (Adriano Salas),Adiós corazoncito ,Morenita de ojos negros, Inesita, Ave silvestre, Qué te pasa corazón, Mi despedida, Me voy de la montaña, Donde quiera que vaya, Lengua viperina, Cariñito, Alcirita, La tengo dominá, Los bandoleros, El guarapo,. No me guardes luto, A orillas del mar (Carlos Vélez), Cumbia fonsequera.

Por: Wilber Fábregas MolinaHISTORIA MUSICAL VOL 1 Y VOL 2