RANCHERIASTEREO

jueves, 12 de septiembre de 2013

ROMUALDO BRITO: EVOCACIÔN A LOS AÑOS DEL INDIO REBELDE

A cincuenta kilómetros al sur de Riohacha, se encuentra incrustado Treinta Tomarrazòn, corregimiento guajiro que  fácilmente podría entrar a los Guiness Records  entre los pueblos con los nombres más insólitos del mundo. En esta recóndita aldea de la vertiente oriental de la sierra nevada de Santa Marta,  fue donde Romualdo Brito pegó su primer  llanto un 15 de Marzo de 1953  el que fue sosegado por los brazos de Carmen Leticia López Pérez y Pedro Esteban Brito Díaz, hogar del que también brotaron 17 vástagos. El contexto local y familiar despertó en aquel niño la sensibilidad por la música. “Me inicié cantando rancheras desde los nueve años de edad, luego me dediqué a componer música vallenata. Mis primeras canciones las hice en un mismo día, en un cumpleaños de mi mamá. Los festejos de mi papá eran de una semana, invitaba a varios juglares, traía chirrínchi de contrabando de Maicao en unos barriles grandísimo, duraban dos semanas bebiendo y hasta que no se gastaran, no se  acababan la fiesta.” En estas famosas parrandas surtía el trago, tocaba la guacharaca y se abría a la creación musical. En un día de “leva”  del  Liceo Padilla de Riohacha  fue a dar a Maicao donde se presentaría el músico Lizandro Meza, al que pidió una oportunidad para tararearle sus canciones. El “rey” sabanero accedió a las insinuaciones del inquieto muchacho. Sorprendido por las capacidades del joven provinciano  al poco tiempo le grabó sus primeras obras: “El Dios cantor”, homenaje al poeta ciego Leandro Díaz, “Mi lamento”, y “Flor de Villanueva”. De ahí en adelante algunas agrupaciones del vallenato como las de los Zuleta, Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Adaníes Díaz, Beto Zabaleta, no dudaron en grabarles.
PICARESCAS, LIRICAS Y PROTESTAS

El que desconozca la creativa y prolífica obra de Indio Romualdo,  podría identificarlo como un autor frívolo que hace apología al hedonismo y la obscenidad. “Parranda ron y mujer”, “No tiene ná”, “Maluquito pero sabroso”, “El santo cachón”, “Suegra présteme a su hija”, “Parrandeando”, “llegó tu marido y “Cabecita loca”;  entre otras, son piezas de  la faceta musical picaresca con la que Romualdo Brito se ha hecho célebre dentro de la música de acordeón. Creaciones controvertidas, polémicas, jocosas,  desabrochadas que probablemente más de uno han censurado. Quien ahonde en la  carrera musical de Brito, cambiará de parecer, encuentra a un artista polifacético y recursivo, profundo  autor de  preciosas obras líricas como: “Amaneceres del Valle”, “Esposa mía”, “Amiga mía”, “Lo más lindo del mundo”, “Cuando la vi”; poéticas que enaltecen nobles sentimientos. Las motivaciones de este músico guajiro, le ha permitido explorar facetas como la de cantante y el perfil de un autor versátil que combina sin confusión ni ambigüedades, el romanticismo, la picardía y la crítica social.

Su extracción campesina y humilde, al igual que la pobreza hiriente entre sus paisanos, logró despertar la sensibilidad por los marginados de las áridas tierras guajiras. Sentimiento que fue madurando con los estudios de secundaria que realizó en el Liceo Padilla durante  los años setenta. La ebullición política de la revolución cubana contagió al imberbe autor, el que apertrechó en su mochila “wayuu”, textos del materialismo histórico de Carlos Marx y Federico Engels, que le ayudó a una mejor estructuración  de su liderazgo estudiantil y de su poesía rebelde,  con las que sorteó senderos espinosos. “En la época del bachillerato conocí a Engel a Marx. Me volví un seguidor, un fanático de esa ideología, de esa filosofía materialista, porque era la época en la que uno se está preguntando, está buscando el origen a las cosas. No es lo mismo cuando a uno le pintan las cosas  espiritualmente que materialmente. Eso influyó mucho. A nosotros  como estudiante, nos perseguían la policía. Nos íbamos al monte a leer esas doctrinas, escondidas de los padres y de los rectores de los colegios. Nos miraron siempre como reaccionario, casi guerrillero.” Las limitaciones propias, las dificultades de los indígenas,  el desempleo, y el abandono ancestral de la Guajira por parte de la clase dirigente local y nacional, hicieron que afloraran canciones de un alto contenido crítico y social.

“YO SOY EL INDIO”

   El proceso de violencia y expoliación al que fueron sometidos los indios guajiros por parte del conquistador europeo, fueron plasmados en “Yo soy el Indio”. En esta poesía crítica, Romualdo personifica la voz del indio que se rebeldiza contra el invasor y censura la actitud indiferente del Estado y los medios de información frente a los problemas históricos de esta región, obra que fue llevada a la pasta sonora por Diomedes Díaz y Nicolás “Colacho” Mendoza, en el año 1978, en la disquera CBS. “Esta canción es y sigue siendo la realidad de la Guajira, un pueblo donde la clase dirigente tradicional han sido de las más miserables del mundo. Un departamento con tanta riqueza y con tantos contrastes, con mucha miseria. Riohacha tiene más de 450 años y no tiene acueducto, no existe servicios básicos para vivir. Aparece que las vías, las calles, las carreteras  pavimentadas de  5 a 6 veces sin haberlo hecho.” Con voz impetuosa entonó la aguerrida poesía. “Compadre yo soy el indio (Bis)Que tiene todo y no tiene nada, trabajo para mis hijos (Bis)Quemo carbón y pesco en la playa, yo soy el indio oprimido por mi ingrata patria colombiana…

LA MARIMBA GUAJIRA

En la década de 1970 irrumpió el fenómeno de la Bonanza Marimbera. El tráfico ilegal de la hierba alucinógena fue generando un negocio supremamente lucrativo. La frontera de la Guajira, sus extensas zonas baldías, otras desiertas, las vastas costas y playas, con escasa presencia del Estado, posibilitaron condiciones favorables para la libre circulación de  cannabis y todo tipo de contrabando. Esta actividad se constituyó en una empresa que, a pesar de su ilegalidad, fue generadora de grandes dividendos y empleos que el mismo Estado no garantizaba a una población marginada.

 Este contexto social permitió a este guajiro pincelar “El Marimbero”, canción grabada en versión tropical por el inquieto anacobero Daniel Santos y en la propia voz del autor con el marco musical de los Hermanos Meriño. En ella, Romualdo justifica el hecho de que  jóvenes de su generación golpeados por  la falta de oportunidades y el abandono de su región tuvieron que acudir al cultivo y comercialización de “la mala hierba”. “En la Guajira apenas se estaba instalando universidades, los estudiantes salíamos de los planteles del bachillerato y no teníamos casi ninguna oportunidad de estudiar en otra parte. La situación era difícil y apareció la bonanza marimbera y unos se iban para el monte a sembrar marihuana, otros a  distribuirla buscando una solución de vida. El gobierno comenzó a mirar el problema,  a combatir a los narcotraficantes, pero nunca miraron que detrás de ese narcotraficante pudo haber  un jefe de Estado, un ministro, si le hubiese dado la oportunidad de estudiar.” Romualdo, ilustra apartes de la canción protesta.“Hoy me llaman marimbero, por cambiar de situación, olvidan que yo primero fui gamín o pordiosero, sin ninguna educación. Hoy porque tengo dinero, hoy me persigue el gobierno…

TRASNACIONALES Y LA EXPLOTACION DEL  CARBON.

La Guajira, exótica e imponente emerge en el Caribe colombiano con majestuosidad natural. A lomo de burros deambulan  por estepas la desesperanza de  nativos famélicos  de la antigua provincia de Padilla. Sus bondades naturales son explotadas  por poderosas transnacionales que usufrutuan  sus recursos.

Estas circunstancias conspiraron para que “el indio rebelde” creara una corto punzante obra: “Volvieron los gallinazos”, página musical grababa en ritmo tropical por el Músico Tony Arraut con la orquesta los Caribes, en el sello disquero Fuentes. En ella, Brito, cuestiona a las autoridades políticas nacionales y regionales la forma injusta  como eran entregadas las riquezas minerales del carbón de la Guajira a  una empresa  norteamericana, a quienes identifica como terroristas del mundo.  “Cuando apareció la bonanza del carbón, el primer contrato que hizo el Estado colombiano con una empresa norteamericana costaba más trasportar el carbón  de donde lo cogían para llevarlo a los puertos que el mismo, sumado a una mano de obra barata. Afortunadamente la gestión del senador Amilkar Acosta, de Antenor Durán y otros políticos que salieron  del colegio nacional Padilla se reconsideró la contratación y finalmente se cambió el contrato.” El negro Romualdo con voz acompasada, entona la más rebelde de sus obras: “Volvieron los Gallinazos”. Los terroristas del mundo, de la humanidad. Destruyen todo a su paso, insaciables de riquezas, siembran la maldad…”


 MEDIOS Y FALTAS DE POLITICAS DE ESTADO.

Muchos degustadores de esta tendencia musical: “la canción protesta”, lamentan que las radiodifusoras marginen  aquellas poesías de compromiso social que convidan a la edificación de un mundo mejor. Con frecuencia se acercan  a Romualdo, lo animan a seguir pincelando canciones de corte social.

La acelerada masificación cultural, la comercialización de medios y empresas discográficas  ha influido notoriamente en la creación nuevas necesidades y hábitos hedonistas que estrechan la grabación y difusión de obras con mensajes sociales y humanos. Romualdo,  medita unos segundos. Cuestiona la apatía auditiva y reflexiva de sus compatriotas. “En Colombia, al igual que en otros países existe un fenómeno de pereza auditiva bastante grande. Son muy pocas las personas que analizan el mensaje. Los compositores y cantantes, también tiene responsabilidad en esto. Los cantantes de ahora no tienen formación, dice cualquier barbaridad y si tienen plata pá que esa barbaridad se vuelvan un éxito, existe mucha comercialización en los medios. Este es también un problema de política de Estado, en Colombia no existe una ley que proteja la difusión de la cultura nacional.” Enfatizó el indio guajiro.

El espíritu crítico y el liderazgo del “treintero”  lo llevó a ocupar la presidencia de Sayco durante los años noventa donde abanderó reivindicaciones de los músicos colombianos en especial, la de costeños. En el reñido  mercado musical  vallenato saturado por la Nueva ola y canciones cursis y monotemáticas, aún cosecha obras de contenido social  que aspira que sus colegas algún día decidan llevarlas  al disco, para que de nuevo se le cante a los problemas sociales como elemento esencial de la poesía vallenata.

Autor: Héctor Castillo Castro
Periodista e investigador cultural
Magíster en Historia
hcastillocastro@hotmail.com

lunes, 26 de agosto de 2013

EMILIANITO ZULETA DÍAZ: PROTAGONISTA Y CANTOR DE LA GESTA VALLENATA

Por ARIEL CASTILLO MIER

El nombre de Emilianito Zuleta Díaz suele asociarse de manera casi mecánica con una institución musical: la llamada ‘Universidad del Vallenato’, la dinastía de los Hermanos Zuleta. Dentro de ese binomio, al lado de la voz de su hermano Poncho, ‘pulmón de oro’, están las manos mágicas de Emilianito, quien transformó la historia de la ejecución del acordeón, tras las revoluciones de Luis Enrique Martínez, creador del estilo moderno, en el que el acordeón deja de ser simple acompañante de la letra y se vuelve protagonista de la canción, a través de florituras difíciles que pasan de una hilera a otra, y de Alfredo Gutiérrez, que vistió de esmoquin la música de acordeón para que accediera a otros escenarios más allá de las fincas y de la colita del patio de los patrones.

Con Emilianito Zuleta Díaz, “el músico vallenato de mayor creatividad”, según el acordeonero Israel Romero, surge, de acuerdo con el compositor e investigador Julio César Oñate Martínez, una escuela nueva en el vallenato, que se caracteriza por “las pausas, los reposos previos al lucimiento del acordeonero con su caudal de variaciones y lujos” y en la que figuran reyes tanto vallenatos como sabaneros como Rafael Salas, Beto Villa, Julio Rojas, Freddy Sierra y Felipe Paternina, entre otros.

A partir de Emilianito, la ejecución del acordeón en el vallenato es otra: en adelante, los dedos que antes se atropellaban como potros desbocados por las hileras de la lira alemana, ahora se detienen y respiran y emprenden un raudo periplo en picada por el teclado, sin perder la armonía. Hoy por hoy, cuando se vive en el vallenato el comienzo de una nueva etapa de cambios liderados por la sombra inmortal de Juancho Rois y la inventiva interminable de Omar Geles, Emilianito es un clásico, un punto de referencia insoslayable y de respeto.

No obstante, hay un aspecto en la trayectoria artística de Emiliano Alcides Zuleta Díaz, ‘el gago de oro’, su obra como compositor, prácticamente ignorado, pese a ser el único Rey de Reyes de la Canción Inédita en el Festival de la Leyenda Vallenata. Emilianito Zuleta es, para decirlo de una buena vez, uno de los mejores compositores vivos de la música vallenata, al lado de sus maestros
Emiliano Zuleta Baquero, Rafael Escalona, Calixto Ochoa y Leandro Díaz, y de sus contemporáneos Adolfo Pacheco y Camilo Namén, entre otros.

A diferencia de sus maestros y modelos, a quienes les ha grabado de manera ininterrumpida a lo largo de treinta y cinco años, Emilianito, “sin salirse de la calle”, alcanza una complejidad mayor: su palabra, que no se aparta del todo de ciertas fórmulas de la tradición, incorpora de manera equilibrada, sin rebuscamientos aparatosos ni refinamientos ridículos, un lenguaje acorde con su formación universitaria. En un contraste con cualquier compositor actual, se destaca, al rompe, la versatilidad de su lira de numerosas cuerdas frente a la monocorde y quejumbrosa de hoy, reducida a los amores infelices y despechados, coronados de frondosos cuernos que se exhiben perfumados y brillantes, incluso con cierta satisfacción y orgullo consentidos. Para no mencionar la autenticidad y la calidad de las letras de Emiliano, nacidas del respeto por la palabra composiciones grabadas de 1968 a nuestros días, hecho que contrasta con la prolífica producción de muchos de sus contemporáneos o de sus colegas, “El acordeonista de hoy a la luz de tres genios”

En este interesante testimonio acerca de su formación musical, Israel destaca, con la autoridad que le confiere la ejecutoria del acordeón, la significación histórica de Luis Enrique Martínez, Alfredo Gutiérrez y Emilianito Zuleta Díaz. Hoy, que pasan del centenar de canciones –algunos impúdicamente se acercan o pasan del millar–, y ya no parece que componen, sino que ponen cantos.


Un estudio comparativo de las letras de Emilianito Zuleta con las de sus predecesores y contemporáneos podría no solo revelarnos la singularidad de este compositor villanuevero, sino el sitial de honor que se merece en la galería de los mejores compositores del vallenato. Ante la imposibilidad de desarrollar en breves páginas semejante estudio, nos limitaremos a esbozar algunos de los rasgos que le confieren no solo un perfil al universo verbal y musical de las composiciones de Emilianito Zuleta Díaz, tan nítido que basta con la introducción musical o unos cuantos versos para identificar, sin riesgo de error, una composición suya. ¿Cuántos compositores nuevos resistirían esta prueba de la originalidad y el derecho a un puesto de privilegio en el mundo historial de la música vallenata?

Los invito a seguir leyendo desde este enlace:

miércoles, 7 de agosto de 2013

FESTIVAL CUNA DE ACORDEONES


El próximo mes de Septiembre sonarán nuevamente los acordeones, cajas, guacharacas, guitarras y los cantos vallenatos que engalanarán a la tierra de ensueño, que año tras año realiza el gran evento, simbolizando su esencia natural, esa misma que la caracteriza como la gran madre del talento vallenato.

Villanueva, la tierra de las dinastías del folclor, se prepara para realizar una nueva edición, esta vez la 35º del Festival Cuna de Acordeones, que como cada decenio realiza el concurso Rey de Reyes.

Los acordeoneros, verseadores y compositores ganadores de ediciones anteriores se darán cita este año para en franca lid para llevarse el honor de ser el mejor de la década y coronarse como Reyes de Reyes en el cuna de acordeones.

La versión 2013 del Festival Cuna de Acordeones será en homenaje a uno de los grandes exponentes de nuestra música, el artista más internacional y con mayor representatividad en el mundo. Por todo lo cosechado en su vida musical Jorge Celedón, otro ilustre hijo de las grandes dinastías villanueveras, conocido en su pueblo natal como “songo”, recibirá el reconocimiento del público asistente por ser el gran exponente del folclor vallenato y del gran talento que desde Villanueva se ha dado a conocer a Colombia y al mundo.


Villanueva los espera del 19 al 22 de septiembre de 2013 para que con  cantos y melodías de los paseos, sones, merengues, puyas y romanzas vallenatas, nuestro folclor se dé cita en la cuna de los grandes exponentes de la música vallenata.

martes, 6 de agosto de 2013

LA OREJA DE JUANCHO POLO VALENCIA


Por: JULIO OÑATE MARTÍNEZ

Esta es una historia, que tal vez, la mayoria de seguidores del folclor desconocen, sobre el reconocido Juancho Polo Valencia, el cual vivió durante la época de la bonanza bananera, donde él con su acordeón animaba las famosas ‘quincenas de la zona’.

Durante la bonanza del oro verde que vivió la zona bananera en las primeras décadas del siglo anterior, era ésta la región que imantaba la atención de músicos, aventureros, obreros y campesinos de todo palambre que hasta allí se desplazaban desde los confines de nuestro litoral e incluyendo los pueblos de la Gran Provincia de Padilla.

En estos años dorados del banano, la generosidad del cultivo le permitía a la United Fruit Company brindar una halagadora remuneración a todo aquel que supiera blandir una chambelona a la hora de la zafra.

El billete traqueaba a la par del dólar y existen evidencias de aquellas lujuriosas noches de cumbiamba en que las espermas al extinguirse eran reemplazadas por fajos de billetes ardiendo que cualquier borracho le ofrecía a una voluptuosa hembra de caderas insolentes.

La compañía pagaba cada 15 días y fueron muy famosas ‘las quincenas de la zona’, un tipo de jolgorio a todo nivel, donde siempre de la mano, el ron, las damiselas y la plata, se derrochaban a placer.

Uno de los grandes animadores de aquellas quincenas macondianas fue el maestro Lorenzo Morales durante el par de años, que allí en la zona estirando el fuelle del ‘guacamayo’, dejó la huella de su maestría musical que hasta nuestros días ha perdurado.

‘La compañía’ como todos llamaban a la United Fruit, tenía esplendidos comisariatos diseminados en todas las áreas de cultivo y sus trabajadores poseían un carnet para retirar con ellos víveres y abarrotes, cuyo valor era descontado al momento de la paga.

Los precios estaban por debajo de las tiendas secundarias o particulares las cuales hacían su agosto entre los obreros al cambiarles el cupo del carnet por físico ron y revendiendo entonces los productos adquiridos a través del leonino cambalache.

Por otra parte ‘la compañía’ manejaba una importante explotación ganadera en tierras aledañas que tenían la limitación del riego, con el fin de abastecer la demanda de carne de los empleados y a la vez aprovechar el rechazo del banano y los desechos de la plantación en la ceba de novillos que nunca bajaron de 10 mil según algunos mayores que vivieron aquella época.


Juancho Polo Valencia fue otro de los acordeoneros que merodearon por la zona en la década del 40 y era muy frecuente verlo en Arácataca, donde vivía ‘La niña Mane’, una de las musas inspiradora de sus cantos.

Cualquier noche de quincena en la cercana vereda El Cauca, equidistante entre ‘Cataca’ y El Retén, animaba Juancho Polo una parranda para un grupo de admiradores, la mayoría vaqueros en los hatos de la compañía. Un ‘latoso’ de los que nunca faltan en una ‘bebeta’, término fajándose a las trompadas con Polo Valencia, que era hombre quisquilloso y de muy pocas pulgas.

Juancho tenía una derecha demoledora, pero el ‘latoso’ le salió ‘buen gallo’ con la zurda y en un intercambio de puños, mordisco y ‘patá’, rodaron abrazados por el suelo y el fulano de una feroz dentellada le cerceno un pedazo de la oreja derecha, tragándosela en actitud desafiante.

El juglar, bañado en sangre, aullaba de dolor y el grupo de vaqueros enfurecidos enlazaron al aprendiz de caníbal, arrastrándolo con las bestias por todo el vecindario hasta causarle la muerte, para luego fugarse en la oscuridad de la noche.

Valencia agarró el acordeón y fue a parar a la carrera hasta San ángel, refugiándose en la finca de su amigo ‘El Mono’ Meza durante una larga temporada, hasta que las cosas se aclararon y arreglaron.

A partir de entonces Juancho comenzó a usar el sombrero siempre ladeado hacia la derecha ocultando así el ‘boquete’ en su auricular, lo que lo mortificó y acomplejó, por el resto de su vida.

En el ocaso de su carrera, ya olvidado y despreciado por la gente del pueblo a quien tanto alegró, los muchachos traviesos allá en Fundación, se mofaban de él al tumbarle una estrambótica gorra con orejeras que usó en sus últimos días a falta de un buen sombrero vueltiao con el que siempre se distinguió en su época de gloria.



lunes, 15 de julio de 2013

CODAZZI FESTIVAL DE MUSICA VALLENATA EN GUITARRA

La fundación organizadora del Festival de Música Vallenata en Guitarra, abrió la etapa de promoción para lo que será la versión número 27, prevista para realizarse del 15 al 18 de agosto del presente año en la capital agroenergética de Colombia, Agustín Codazzi, municipio del Cesar.

La primera acción que pretende ejecutar el consejo directivo, en cabeza del presidente ejecutivo, Orlando Saavedra Zuleta, es la invitación a todos los artistas, ya sean pintores, dibujantes, diseñadores gráficos, publicistas, reporteros gráficos o cualquier persona empírica en arte artístico, para que participen en el concurso que permita seleccionar el afiche promocional de esta edición; evento que se ha convertido en la manifestación artística y cultural más representativa en su estilo en el ámbito nacional, y se ha consolidado como el segundo evento en importancia socioeconómica en el departamento del Cesar, después del Festival de la Leyenda Vallenata.

 El afiche está inspirado en la conmemoración del 27 festival en guitarra, resaltando la particularidad folclórica y cultural, el eslogan será un ‘Un festival diferente', los participantes que aspiren a la convocatoria deberán presentar obras originales e inéditas, cuyo tamaño será de 50 centímetros de ancho por 70 de alto, además el diseño debe incluir el nombre y el logotipo de la Fundación Festival de Música Vallenata en Guitarra y el respectivo espacio para los patrocinadores. 

martes, 9 de julio de 2013

CHELITO DE CASTRO SIGUE CONQUISTANDO AL MUNDO CON SU ACORDEÓN LATINO

Asumiendo su rol de director de sus propias producciones ‘Chelito’ de Castro entrega con su acordeón su nueva producción la que llega con aires exclusivo de distintos países.

Diez años estuvo vinculado ‘Chelito’ de Castro en la orquesta de Joe Arroyo, lo que le abrió las puertas a otras alternativas musicales.

El nombre de ‘Chelito’ de Castro siempre ha sido afín a la música de la Costa Caribe, es un músico que ha hecho carrera con muy buen resultado en la ejecución del piano y arreglista de varias orquestas, pero también tiene su lado para el vallenato y por eso acá se le referencia con trabajos musicales donde su acordeón no tiene nada que envidiarle a cualquier ejecutor de la provincia.

Ha sido productor de varios grupos de la región entre los que se destacan Iván Villazón, Carlos Vives, ‘Beto’ Zabaleta. También ha acompañado en infinidad de ocasiones presentaciones donde ejecuta vallenato.

Luego de ese largo trasegar por agrupaciones, se ha lanzado hace algún tiempo como cabeza de su propia agrupación, por lo que ha tenido una gran aceptación internacional, es por eso que está anunciando su nueva producción musical, ‘Latin Acordion’ que no es más según él que un viaje musical a Latino Americano interpretado con el instrumento alemán.

Trae este trabajo canciones exclusivas para diferentes países tales como Brasil, Perú, Cuba, Chile y su natal Colombia. Entre estos cortes vienen ‘Tico, Tico’ para los cariocas, y ‘Amarraditos’ para los peruanos.

‘Lamento Borincano’, ‘El Negrito del Batey’, ‘Al Oscuro’, ‘Compadre Pedro Juan’, ‘Palo Bonito’, ‘La Chica de Ipanema’, ‘La Pollera Colora’, ‘La Cumbia Cienaguera’. Entre otros que han sido temas grabados en anteriores trabajos de ‘Acordeón Latino’.


¿Sabía usted que…

‘Chelito’ de Castro ha grabado y acompañado en presentaciones a Julio Iglesias, José Luis Rodríguez, Ana Gabriel, Amparo Sandino, Carlos Vives y Juanes, Rubén Blades, ‘La India’ entre otros?


Por: William Rosado Rincones/VANGUARDIA

lunes, 1 de julio de 2013

ADOLFO PACHECO El compositor sabanero de "La hamaca grande"

Después de que el sanjacintero Adolfo Pacheco Anillo saboreara la fama como el compositor de los Montes de María y se internacionalizara con La hamaca grande, El viejo Miguel, El mochuelo y Mercedes, entre otras canciones, cayó en cuenta de que su papá tenía razón: debía estudiar Derecho. Fue por ello que ingresó a la Universidad de Cartagena a los treinta y seis años de edad y se graduó de abogado a los cuarenta y tres años.

En su juventud sólo soñaba con ser músico; y el viejo Miguel (su papá), a quien le compuso precisamente la canción que se titula así, se empecinó en no apoyarlo. Él asociaba la música con el ron.

Y así se la pasó hasta que un día tuvo que aceptar que su hijo había nacido para la música. Todo se dio cuando el negocio de víveres que tenía en San Jacinto empezó a decaer. Para ese entonces, Adolfo había terminado su bachillerato en el Colegio Fernández Baena en Cartagena y estaba estudiando Ingeniería Civil en la Universidad Javeriana en Bogotá, donde cursó hasta segundo año y de paso aprovechó sus ratos libres para tomar clases de guitarra.

El viejo Miguel tenía que sostener a cuatro mujeres que le habían dado diecisiete hijos y no podía seguir costeando sus estudios en la capital. Esta situación obligó a Adolfo a regresar a su pueblo, donde empezó a trabajar como maestro de primaria.

El magisterio lo alternó con la música. No paraba de componer canciones, y los fines de semana los dedicaba a cantar sus temas en los pueblos aledaños, al lado de sus entrañables amigos Nasser Sir (guitarrista de Los Isleños), Nelson Díaz (saxofonista), Andrés Landero (acordeonero y cantante) y su compadre Ramón Vargas. De la gran amistad que tuvo con el último de ellos nació en 1969 la célebre canción La hamaca grande. Fue a raíz de la exigencia de su compadre, de que Adolfo le compusiera un vallenato. Por eso la primera versión de esta canción decía: Compadre Ramón no me esté diciendo que yo le componga vallenato al son.

Después la cambió por la que hoy es el paseo que lo ha hecho famoso en el mundo hispano y lo han grabado Andrés Landero, Johnny Ventura y Carlos Vives. El título del tema se lo puso Edgardo Pereira durante una parranda en su finca en San Jacinto. Él dijo: Pero si el nombre está en la canción. La hamaca grande.

Cada composición de Adolfo, de las ciento veintiséis que lleva grabadas, tiene su propia historia. El viejo Miguel es un canto a la nostalgia. El tema lo escribió cuando su papá dejó al pueblo por la ciudad. Escogió a Barranquilla, y allá en San Jacinto se quedó él, con muchos de sus hermanos, y su mamá, Mercedes, quien fue la primera que se fue pal" cementerio.

Mercedes es, para él, un nombre dulce. Representa la bondad de una madre. Así también se llama la última mujer del viejo Miguel, a quien aprendió a querer porque cuidó a su padre durante sus últimos años. Con ese nombre bautizó una canción que le hizo a una novia que no quería que le divulgara su identidad. Fue un amor frustrado, antes de su matrimonio. Porque desde el momento en que conoció a Ladys, su vida cambió.

Adolfo es una mezcla de blanco con negro e indígena. A lo largo de su vida ha estudiado el origen de sus antepasados. Mi bisabuelo paterno era de Ocaña y llegó a San Jacinto, por allá en 1850, durante la fiebre del tabaco. Era blanco y pecoso, y varios años después se casó con Crucita Estrada, una negra recién liberada de la esclavitud. Ella se hizo famosa porque hacía unos bollos deliciosos.


Su abuelo paterno, Laureano Antonio Pacheco, fue quien descubrió en él su inclinación por la música. Era tambolero de gaita. Y su mamá cantaba a voz en cuello, pasillos, vals y boleros, pero en el patio de su casa. De sus recuerdos infantiles aún tiene fresco en su memoria el primer verso que hizo a los seis años de edad. Es un canto indio en ritmo de puya, y que algún día terminará de componerlo.

Los temas de este maestro del folclor han sido grabados además por Otto Serje y Rafael Ricardo, Nelson Henríquez, Daniel Celedón e Ismael Rudas, Los Hermanos Zuleta, Diomedes Díaz, Carlos Vives, Johnny Ventura, Los Melódicos y Moisés Angulo.

Aparte de la música, Adolfo es un enamorado de la política. Fue Concejal de San Jacinto, Diputado del Departamento de Bolívar, Secretario de la Asamblea de Bolívar y Director de Tránsito de Bolívar .

Su viejo amigo Régulo Matera, Diputado del Atlántico, se lo trajo para Barranquilla hace dos años, y aquí está como secretario de la Asamblea.

Cincuenta y ocho años de edad, madrugador, poco trasnochador, contador de anécdotas -de él y de sus amigos. Este es el perfil de Adolfo Pacheco, el compositor sabanero a quien la musa le llega de los Montes María; y de cada estado de inspiración siempre hay una producción poética, como lo es él en toda la esencia de su ser.