RANCHERIASTEREO
jueves, 12 de septiembre de 2013
lunes, 26 de agosto de 2013
EMILIANITO ZULETA DÍAZ: PROTAGONISTA Y CANTOR DE LA GESTA VALLENATA
Por ARIEL CASTILLO
MIER
El nombre de Emilianito Zuleta Díaz suele asociarse
de manera casi mecánica con una institución musical: la llamada ‘Universidad
del Vallenato’, la dinastía de los Hermanos Zuleta. Dentro de ese binomio, al
lado de la voz de su hermano Poncho, ‘pulmón de oro’, están las manos mágicas
de Emilianito, quien transformó la historia de la ejecución del acordeón, tras
las revoluciones de Luis Enrique Martínez, creador del estilo moderno, en el
que el acordeón deja de ser simple acompañante de la letra y se vuelve
protagonista de la canción, a través de florituras difíciles que pasan de una
hilera a otra, y de Alfredo Gutiérrez, que vistió de esmoquin la música de
acordeón para que accediera a otros escenarios más allá de las fincas y de la
colita del patio de los patrones.
Con Emilianito Zuleta Díaz, “el músico vallenato de
mayor creatividad”, según el acordeonero Israel Romero, surge, de acuerdo con
el compositor e investigador Julio César Oñate Martínez, una escuela nueva en
el vallenato, que se caracteriza por “las pausas, los reposos previos al
lucimiento del acordeonero con su caudal de variaciones y lujos” y en la que
figuran reyes tanto vallenatos como sabaneros como Rafael Salas, Beto Villa,
Julio Rojas, Freddy Sierra y Felipe Paternina, entre otros.
A partir de Emilianito, la ejecución del acordeón
en el vallenato es otra: en adelante, los dedos que antes se atropellaban como
potros desbocados por las hileras de la lira alemana, ahora se detienen y
respiran y emprenden un raudo periplo en picada por el teclado, sin perder la
armonía. Hoy por hoy, cuando se vive en el vallenato el comienzo de una nueva
etapa de cambios liderados por la sombra inmortal de Juancho Rois y la
inventiva interminable de Omar Geles, Emilianito es un clásico, un punto de
referencia insoslayable y de respeto.
No obstante, hay un aspecto en la trayectoria
artística de Emiliano Alcides Zuleta Díaz, ‘el gago de oro’, su obra como
compositor, prácticamente ignorado, pese a ser el único Rey de Reyes de la
Canción Inédita en el Festival de la Leyenda Vallenata. Emilianito Zuleta es,
para decirlo de una buena vez, uno de los mejores compositores vivos de la
música vallenata, al lado de sus maestros
Emiliano Zuleta Baquero, Rafael Escalona, Calixto
Ochoa y Leandro Díaz, y de sus contemporáneos Adolfo Pacheco y Camilo Namén,
entre otros.
A diferencia de sus maestros y modelos, a quienes
les ha grabado de manera ininterrumpida a lo largo de treinta y cinco años,
Emilianito, “sin salirse de la calle”, alcanza una complejidad mayor: su
palabra, que no se aparta del todo de ciertas fórmulas de la tradición,
incorpora de manera equilibrada, sin rebuscamientos aparatosos ni refinamientos
ridículos, un lenguaje acorde con su formación universitaria. En un contraste
con cualquier compositor actual, se destaca, al rompe, la versatilidad de su
lira de numerosas cuerdas frente a la monocorde y quejumbrosa de hoy, reducida
a los amores infelices y despechados, coronados de frondosos cuernos que se
exhiben perfumados y brillantes, incluso con cierta satisfacción y orgullo
consentidos. Para no mencionar la autenticidad y la calidad de las letras de
Emiliano, nacidas del respeto por la palabra composiciones grabadas de 1968 a
nuestros días, hecho que contrasta con la prolífica producción de muchos de sus
contemporáneos o de sus colegas, “El acordeonista de hoy a la luz de tres
genios”
En este interesante testimonio acerca de su
formación musical, Israel destaca, con la autoridad que le confiere la ejecutoria
del acordeón, la significación histórica de Luis Enrique Martínez, Alfredo
Gutiérrez y Emilianito Zuleta Díaz. Hoy, que pasan del centenar de canciones
–algunos impúdicamente se acercan o pasan del millar–, y ya no parece que
componen, sino que ponen cantos.
Un estudio comparativo de las letras de Emilianito
Zuleta con las de sus predecesores y contemporáneos podría no solo revelarnos
la singularidad de este compositor villanuevero, sino el sitial de honor que se
merece en la galería de los mejores compositores del vallenato. Ante la
imposibilidad de desarrollar en breves páginas semejante estudio, nos
limitaremos a esbozar algunos de los rasgos que le confieren no solo un perfil
al universo verbal y musical de las composiciones de Emilianito Zuleta Díaz,
tan nítido que basta con la introducción musical o unos cuantos versos para identificar,
sin riesgo de error, una composición suya. ¿Cuántos compositores nuevos
resistirían esta prueba de la originalidad y el derecho a un puesto de
privilegio en el mundo historial de la música vallenata?
Los invito a seguir leyendo desde este enlace:
miércoles, 7 de agosto de 2013
FESTIVAL CUNA DE ACORDEONES
El próximo mes
de Septiembre sonarán nuevamente los acordeones, cajas, guacharacas, guitarras y los
cantos vallenatos que engalanarán a la tierra de ensueño, que año tras año
realiza el gran evento, simbolizando su esencia natural, esa misma que la
caracteriza como la gran madre del talento vallenato.
Villanueva, la
tierra de las dinastías del folclor, se prepara para realizar una nueva
edición, esta vez la 35º del Festival Cuna de Acordeones, que como cada decenio
realiza el concurso Rey de Reyes.
Los
acordeoneros, verseadores y compositores ganadores de ediciones anteriores se
darán cita este año para en franca lid para llevarse el honor de ser el mejor
de la década y coronarse como Reyes de Reyes en el cuna de acordeones.
La versión
2013 del Festival Cuna de Acordeones será en homenaje a uno de los grandes
exponentes de nuestra música, el artista más internacional y con mayor
representatividad en el mundo. Por todo lo cosechado en su vida musical Jorge
Celedón, otro ilustre hijo de las grandes dinastías villanueveras, conocido en
su pueblo natal como “songo”, recibirá el reconocimiento del público asistente
por ser el gran exponente del folclor vallenato y del gran talento que desde
Villanueva se ha dado a conocer a Colombia y al mundo.
Villanueva los
espera del 19 al 22 de septiembre de 2013 para que con cantos y melodías de los paseos, sones,
merengues, puyas y romanzas vallenatas, nuestro folclor se dé cita en la cuna
de los grandes exponentes de la música vallenata.
martes, 6 de agosto de 2013
LA OREJA DE JUANCHO POLO VALENCIA
Por: JULIO OÑATE MARTÍNEZ
Esta es una historia, que tal vez, la mayoria de
seguidores del folclor desconocen, sobre el reconocido Juancho Polo Valencia,
el cual vivió durante la época de la bonanza bananera, donde él con su acordeón
animaba las famosas ‘quincenas de la zona’.
Durante la bonanza del oro verde que vivió la zona
bananera en las primeras décadas del siglo anterior, era ésta la región que
imantaba la atención de músicos, aventureros, obreros y campesinos de todo
palambre que hasta allí se desplazaban desde los confines de nuestro litoral e
incluyendo los pueblos de la Gran Provincia de Padilla.
En estos años dorados del banano, la generosidad
del cultivo le permitía a la United Fruit Company brindar una halagadora
remuneración a todo aquel que supiera blandir una chambelona a la hora de la
zafra.
El billete traqueaba a la par del dólar y existen
evidencias de aquellas lujuriosas noches de cumbiamba en que las espermas al
extinguirse eran reemplazadas por fajos de billetes ardiendo que cualquier
borracho le ofrecía a una voluptuosa hembra de caderas insolentes.
La compañía pagaba cada 15 días y fueron muy
famosas ‘las quincenas de la zona’, un tipo de jolgorio a todo nivel, donde
siempre de la mano, el ron, las damiselas y la plata, se derrochaban a placer.
Uno de los grandes animadores de aquellas quincenas
macondianas fue el maestro Lorenzo Morales durante el par de años, que allí en
la zona estirando el fuelle del ‘guacamayo’, dejó la huella de su maestría
musical que hasta nuestros días ha perdurado.
‘La compañía’ como todos llamaban a la United
Fruit, tenía esplendidos comisariatos diseminados en todas las áreas de cultivo
y sus trabajadores poseían un carnet para retirar con ellos víveres y
abarrotes, cuyo valor era descontado al momento de la paga.
Los precios estaban por debajo de las tiendas
secundarias o particulares las cuales hacían su agosto entre los obreros al
cambiarles el cupo del carnet por físico ron y revendiendo entonces los
productos adquiridos a través del leonino cambalache.
Por otra parte ‘la compañía’ manejaba una
importante explotación ganadera en tierras aledañas que tenían la limitación
del riego, con el fin de abastecer la demanda de carne de los empleados y a la
vez aprovechar el rechazo del banano y los desechos de la plantación en la ceba
de novillos que nunca bajaron de 10 mil según algunos mayores que vivieron
aquella época.
Juancho Polo Valencia fue otro de los
acordeoneros que merodearon por la zona en la década del 40 y era muy frecuente
verlo en Arácataca, donde vivía ‘La niña Mane’, una de las musas inspiradora de
sus cantos.
Cualquier noche de quincena en la cercana vereda El
Cauca, equidistante entre ‘Cataca’ y El Retén, animaba Juancho Polo una
parranda para un grupo de admiradores, la mayoría vaqueros en los hatos de la
compañía. Un ‘latoso’ de los que nunca faltan en una ‘bebeta’, término
fajándose a las trompadas con Polo Valencia, que era hombre quisquilloso y de
muy pocas pulgas.
Juancho tenía una derecha demoledora, pero el
‘latoso’ le salió ‘buen gallo’ con la zurda y en un intercambio de puños,
mordisco y ‘patá’, rodaron abrazados por el suelo y el fulano de una feroz
dentellada le cerceno un pedazo de la oreja derecha, tragándosela en actitud
desafiante.
El juglar, bañado en sangre, aullaba de dolor y el
grupo de vaqueros enfurecidos enlazaron al aprendiz de caníbal, arrastrándolo
con las bestias por todo el vecindario hasta causarle la muerte, para luego
fugarse en la oscuridad de la noche.
Valencia agarró el acordeón y fue a parar a la
carrera hasta San ángel, refugiándose en la finca de su amigo ‘El Mono’ Meza
durante una larga temporada, hasta que las cosas se aclararon y arreglaron.
A partir de entonces Juancho comenzó a usar el
sombrero siempre ladeado hacia la derecha ocultando así el ‘boquete’ en su
auricular, lo que lo mortificó y acomplejó, por el resto de su vida.
En el ocaso de su carrera, ya olvidado y
despreciado por la gente del pueblo a quien tanto alegró, los muchachos
traviesos allá en Fundación, se mofaban de él al tumbarle una estrambótica
gorra con orejeras que usó en sus últimos días a falta de un buen sombrero
vueltiao con el que siempre se distinguió en su época de gloria.
lunes, 15 de julio de 2013
CODAZZI FESTIVAL DE MUSICA VALLENATA EN GUITARRA
La fundación organizadora del Festival de Música
Vallenata en Guitarra, abrió la etapa de promoción para lo que será la versión
número 27, prevista para realizarse del 15 al 18 de agosto del presente año en
la capital agroenergética de Colombia, Agustín Codazzi, municipio del Cesar.
La primera acción que pretende ejecutar el consejo
directivo, en cabeza del presidente ejecutivo, Orlando Saavedra Zuleta, es la
invitación a todos los artistas, ya sean pintores, dibujantes, diseñadores
gráficos, publicistas, reporteros gráficos o cualquier persona empírica en arte
artístico, para que participen en el concurso que permita seleccionar el afiche
promocional de esta edición; evento que se ha convertido en la manifestación
artística y cultural más representativa en su estilo en el ámbito nacional, y
se ha consolidado como el segundo evento en importancia socioeconómica en el
departamento del Cesar, después del Festival de la Leyenda Vallenata.
martes, 9 de julio de 2013
CHELITO DE CASTRO SIGUE CONQUISTANDO AL MUNDO CON SU ACORDEÓN LATINO
Asumiendo su rol de
director de sus propias producciones ‘Chelito’ de Castro entrega con su
acordeón su nueva producción la que llega con aires exclusivo de distintos
países.
Diez años estuvo vinculado
‘Chelito’ de Castro en la orquesta de Joe Arroyo, lo que le abrió las puertas a
otras alternativas musicales.
El nombre de ‘Chelito’ de
Castro siempre ha sido afín a la música de la Costa Caribe, es un músico que ha
hecho carrera con muy buen resultado en la ejecución del piano y arreglista de
varias orquestas, pero también tiene su lado para el vallenato y por eso acá se
le referencia con trabajos musicales donde su acordeón no tiene nada que
envidiarle a cualquier ejecutor de la provincia.
Ha sido productor de varios
grupos de la región entre los que se destacan Iván Villazón, Carlos Vives,
‘Beto’ Zabaleta. También ha acompañado en infinidad de ocasiones presentaciones
donde ejecuta vallenato.
Luego de ese largo trasegar
por agrupaciones, se ha lanzado hace algún tiempo como cabeza de su propia
agrupación, por lo que ha tenido una gran aceptación internacional, es por eso
que está anunciando su nueva producción musical, ‘Latin Acordion’ que no es más
según él que un viaje musical a Latino Americano interpretado con el
instrumento alemán.
Trae este trabajo canciones
exclusivas para diferentes países tales como Brasil, Perú, Cuba, Chile y su
natal Colombia. Entre estos cortes vienen ‘Tico, Tico’ para los cariocas, y
‘Amarraditos’ para los peruanos.
‘Lamento Borincano’, ‘El
Negrito del Batey’, ‘Al Oscuro’, ‘Compadre Pedro Juan’, ‘Palo Bonito’, ‘La
Chica de Ipanema’, ‘La Pollera Colora’, ‘La Cumbia Cienaguera’. Entre otros que
han sido temas grabados en anteriores trabajos de ‘Acordeón Latino’.
¿Sabía usted que…
‘Chelito’ de Castro ha
grabado y acompañado en presentaciones a Julio Iglesias, José Luis Rodríguez,
Ana Gabriel, Amparo Sandino, Carlos Vives y Juanes, Rubén Blades, ‘La India’
entre otros?
Por: William Rosado Rincones/VANGUARDIA
lunes, 1 de julio de 2013
ADOLFO PACHECO El compositor sabanero de "La hamaca grande"
Después
de que el sanjacintero Adolfo Pacheco Anillo saboreara la fama como el
compositor de los Montes de María y se internacionalizara con La hamaca grande,
El viejo Miguel, El mochuelo y Mercedes, entre otras canciones, cayó en cuenta
de que su papá tenía razón: debía estudiar Derecho. Fue por ello que ingresó a
la Universidad de Cartagena a los treinta y seis años de edad y se graduó de
abogado a los cuarenta y tres años.
En
su juventud sólo soñaba con ser músico; y el viejo Miguel (su papá), a quien le
compuso precisamente la canción que se titula así, se empecinó en no apoyarlo.
Él asociaba la música con el ron.
Y
así se la pasó hasta que un día tuvo que aceptar que su hijo había nacido para
la música. Todo se dio cuando el negocio de víveres que tenía en San Jacinto
empezó a decaer. Para ese entonces, Adolfo había terminado su bachillerato en
el Colegio Fernández Baena en Cartagena y estaba estudiando Ingeniería Civil en
la Universidad Javeriana en Bogotá, donde cursó hasta segundo año y de paso
aprovechó sus ratos libres para tomar clases de guitarra.
El
viejo Miguel tenía que sostener a cuatro mujeres que le habían dado diecisiete
hijos y no podía seguir costeando sus estudios en la capital. Esta situación
obligó a Adolfo a regresar a su pueblo, donde empezó a trabajar como maestro de
primaria.
El
magisterio lo alternó con la música. No paraba de componer canciones, y los
fines de semana los dedicaba a cantar sus temas en los pueblos aledaños, al
lado de sus entrañables amigos Nasser Sir (guitarrista de Los Isleños), Nelson
Díaz (saxofonista), Andrés Landero (acordeonero y cantante) y su compadre Ramón
Vargas. De la gran amistad que tuvo con el último de ellos nació en 1969 la
célebre canción La hamaca grande. Fue a raíz de la exigencia de su compadre, de
que Adolfo le compusiera un vallenato. Por eso la primera versión de esta
canción decía: Compadre Ramón no me esté diciendo que yo le componga vallenato
al son.
Después
la cambió por la que hoy es el paseo que lo ha hecho famoso en el mundo hispano
y lo han grabado Andrés Landero, Johnny Ventura y Carlos Vives. El título del
tema se lo puso Edgardo Pereira durante una parranda en su finca en San
Jacinto. Él dijo: Pero si el nombre está en la canción. La hamaca grande.
Cada
composición de Adolfo, de las ciento veintiséis que lleva grabadas, tiene su
propia historia. El viejo Miguel es un canto a la nostalgia. El tema lo
escribió cuando su papá dejó al pueblo por la ciudad. Escogió a Barranquilla, y
allá en San Jacinto se quedó él, con muchos de sus hermanos, y su mamá, Mercedes,
quien fue la primera que se fue pal" cementerio.
Mercedes
es, para él, un nombre dulce. Representa la bondad de una madre. Así también se
llama la última mujer del viejo Miguel, a quien aprendió a querer porque cuidó
a su padre durante sus últimos años. Con ese nombre bautizó una canción que le
hizo a una novia que no quería que le divulgara su identidad. Fue un amor
frustrado, antes de su matrimonio. Porque desde el momento en que conoció a
Ladys, su vida cambió.
Adolfo
es una mezcla de blanco con negro e indígena. A lo largo de su vida ha
estudiado el origen de sus antepasados. Mi bisabuelo paterno era de Ocaña y
llegó a San Jacinto, por allá en 1850, durante la fiebre del tabaco. Era blanco
y pecoso, y varios años después se casó con Crucita Estrada, una negra recién
liberada de la esclavitud. Ella se hizo famosa porque hacía unos bollos
deliciosos.
Su
abuelo paterno, Laureano Antonio Pacheco, fue quien descubrió en él su
inclinación por la música. Era tambolero de gaita. Y su mamá cantaba a voz en
cuello, pasillos, vals y boleros, pero en el patio de su casa. De sus recuerdos
infantiles aún tiene fresco en su memoria el primer verso que hizo a los seis
años de edad. Es un canto indio en ritmo de puya, y que algún día terminará de
componerlo.
Los
temas de este maestro del folclor han sido grabados además por Otto Serje y
Rafael Ricardo, Nelson Henríquez, Daniel Celedón e Ismael Rudas, Los Hermanos
Zuleta, Diomedes Díaz, Carlos Vives, Johnny Ventura, Los Melódicos y Moisés
Angulo.
Aparte
de la música, Adolfo es un enamorado de la política. Fue Concejal de San
Jacinto, Diputado del Departamento de Bolívar, Secretario de la Asamblea de
Bolívar y Director de Tránsito de Bolívar .
Su
viejo amigo Régulo Matera, Diputado del Atlántico, se lo trajo para
Barranquilla hace dos años, y aquí está como secretario de la Asamblea.
Cincuenta
y ocho años de edad, madrugador, poco trasnochador, contador de anécdotas -de
él y de sus amigos. Este es el perfil de Adolfo Pacheco, el compositor sabanero
a quien la musa le llega de los Montes María; y de cada estado de inspiración
siempre hay una producción poética, como lo es él en toda la esencia de su ser.
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