RANCHERIASTEREO

lunes, 15 de julio de 2013

CODAZZI FESTIVAL DE MUSICA VALLENATA EN GUITARRA

La fundación organizadora del Festival de Música Vallenata en Guitarra, abrió la etapa de promoción para lo que será la versión número 27, prevista para realizarse del 15 al 18 de agosto del presente año en la capital agroenergética de Colombia, Agustín Codazzi, municipio del Cesar.

La primera acción que pretende ejecutar el consejo directivo, en cabeza del presidente ejecutivo, Orlando Saavedra Zuleta, es la invitación a todos los artistas, ya sean pintores, dibujantes, diseñadores gráficos, publicistas, reporteros gráficos o cualquier persona empírica en arte artístico, para que participen en el concurso que permita seleccionar el afiche promocional de esta edición; evento que se ha convertido en la manifestación artística y cultural más representativa en su estilo en el ámbito nacional, y se ha consolidado como el segundo evento en importancia socioeconómica en el departamento del Cesar, después del Festival de la Leyenda Vallenata.

 El afiche está inspirado en la conmemoración del 27 festival en guitarra, resaltando la particularidad folclórica y cultural, el eslogan será un ‘Un festival diferente', los participantes que aspiren a la convocatoria deberán presentar obras originales e inéditas, cuyo tamaño será de 50 centímetros de ancho por 70 de alto, además el diseño debe incluir el nombre y el logotipo de la Fundación Festival de Música Vallenata en Guitarra y el respectivo espacio para los patrocinadores. 

martes, 9 de julio de 2013

CHELITO DE CASTRO SIGUE CONQUISTANDO AL MUNDO CON SU ACORDEÓN LATINO

Asumiendo su rol de director de sus propias producciones ‘Chelito’ de Castro entrega con su acordeón su nueva producción la que llega con aires exclusivo de distintos países.

Diez años estuvo vinculado ‘Chelito’ de Castro en la orquesta de Joe Arroyo, lo que le abrió las puertas a otras alternativas musicales.

El nombre de ‘Chelito’ de Castro siempre ha sido afín a la música de la Costa Caribe, es un músico que ha hecho carrera con muy buen resultado en la ejecución del piano y arreglista de varias orquestas, pero también tiene su lado para el vallenato y por eso acá se le referencia con trabajos musicales donde su acordeón no tiene nada que envidiarle a cualquier ejecutor de la provincia.

Ha sido productor de varios grupos de la región entre los que se destacan Iván Villazón, Carlos Vives, ‘Beto’ Zabaleta. También ha acompañado en infinidad de ocasiones presentaciones donde ejecuta vallenato.

Luego de ese largo trasegar por agrupaciones, se ha lanzado hace algún tiempo como cabeza de su propia agrupación, por lo que ha tenido una gran aceptación internacional, es por eso que está anunciando su nueva producción musical, ‘Latin Acordion’ que no es más según él que un viaje musical a Latino Americano interpretado con el instrumento alemán.

Trae este trabajo canciones exclusivas para diferentes países tales como Brasil, Perú, Cuba, Chile y su natal Colombia. Entre estos cortes vienen ‘Tico, Tico’ para los cariocas, y ‘Amarraditos’ para los peruanos.

‘Lamento Borincano’, ‘El Negrito del Batey’, ‘Al Oscuro’, ‘Compadre Pedro Juan’, ‘Palo Bonito’, ‘La Chica de Ipanema’, ‘La Pollera Colora’, ‘La Cumbia Cienaguera’. Entre otros que han sido temas grabados en anteriores trabajos de ‘Acordeón Latino’.


¿Sabía usted que…

‘Chelito’ de Castro ha grabado y acompañado en presentaciones a Julio Iglesias, José Luis Rodríguez, Ana Gabriel, Amparo Sandino, Carlos Vives y Juanes, Rubén Blades, ‘La India’ entre otros?


Por: William Rosado Rincones/VANGUARDIA

lunes, 1 de julio de 2013

ADOLFO PACHECO El compositor sabanero de "La hamaca grande"

Después de que el sanjacintero Adolfo Pacheco Anillo saboreara la fama como el compositor de los Montes de María y se internacionalizara con La hamaca grande, El viejo Miguel, El mochuelo y Mercedes, entre otras canciones, cayó en cuenta de que su papá tenía razón: debía estudiar Derecho. Fue por ello que ingresó a la Universidad de Cartagena a los treinta y seis años de edad y se graduó de abogado a los cuarenta y tres años.

En su juventud sólo soñaba con ser músico; y el viejo Miguel (su papá), a quien le compuso precisamente la canción que se titula así, se empecinó en no apoyarlo. Él asociaba la música con el ron.

Y así se la pasó hasta que un día tuvo que aceptar que su hijo había nacido para la música. Todo se dio cuando el negocio de víveres que tenía en San Jacinto empezó a decaer. Para ese entonces, Adolfo había terminado su bachillerato en el Colegio Fernández Baena en Cartagena y estaba estudiando Ingeniería Civil en la Universidad Javeriana en Bogotá, donde cursó hasta segundo año y de paso aprovechó sus ratos libres para tomar clases de guitarra.

El viejo Miguel tenía que sostener a cuatro mujeres que le habían dado diecisiete hijos y no podía seguir costeando sus estudios en la capital. Esta situación obligó a Adolfo a regresar a su pueblo, donde empezó a trabajar como maestro de primaria.

El magisterio lo alternó con la música. No paraba de componer canciones, y los fines de semana los dedicaba a cantar sus temas en los pueblos aledaños, al lado de sus entrañables amigos Nasser Sir (guitarrista de Los Isleños), Nelson Díaz (saxofonista), Andrés Landero (acordeonero y cantante) y su compadre Ramón Vargas. De la gran amistad que tuvo con el último de ellos nació en 1969 la célebre canción La hamaca grande. Fue a raíz de la exigencia de su compadre, de que Adolfo le compusiera un vallenato. Por eso la primera versión de esta canción decía: Compadre Ramón no me esté diciendo que yo le componga vallenato al son.

Después la cambió por la que hoy es el paseo que lo ha hecho famoso en el mundo hispano y lo han grabado Andrés Landero, Johnny Ventura y Carlos Vives. El título del tema se lo puso Edgardo Pereira durante una parranda en su finca en San Jacinto. Él dijo: Pero si el nombre está en la canción. La hamaca grande.

Cada composición de Adolfo, de las ciento veintiséis que lleva grabadas, tiene su propia historia. El viejo Miguel es un canto a la nostalgia. El tema lo escribió cuando su papá dejó al pueblo por la ciudad. Escogió a Barranquilla, y allá en San Jacinto se quedó él, con muchos de sus hermanos, y su mamá, Mercedes, quien fue la primera que se fue pal" cementerio.

Mercedes es, para él, un nombre dulce. Representa la bondad de una madre. Así también se llama la última mujer del viejo Miguel, a quien aprendió a querer porque cuidó a su padre durante sus últimos años. Con ese nombre bautizó una canción que le hizo a una novia que no quería que le divulgara su identidad. Fue un amor frustrado, antes de su matrimonio. Porque desde el momento en que conoció a Ladys, su vida cambió.

Adolfo es una mezcla de blanco con negro e indígena. A lo largo de su vida ha estudiado el origen de sus antepasados. Mi bisabuelo paterno era de Ocaña y llegó a San Jacinto, por allá en 1850, durante la fiebre del tabaco. Era blanco y pecoso, y varios años después se casó con Crucita Estrada, una negra recién liberada de la esclavitud. Ella se hizo famosa porque hacía unos bollos deliciosos.


Su abuelo paterno, Laureano Antonio Pacheco, fue quien descubrió en él su inclinación por la música. Era tambolero de gaita. Y su mamá cantaba a voz en cuello, pasillos, vals y boleros, pero en el patio de su casa. De sus recuerdos infantiles aún tiene fresco en su memoria el primer verso que hizo a los seis años de edad. Es un canto indio en ritmo de puya, y que algún día terminará de componerlo.

Los temas de este maestro del folclor han sido grabados además por Otto Serje y Rafael Ricardo, Nelson Henríquez, Daniel Celedón e Ismael Rudas, Los Hermanos Zuleta, Diomedes Díaz, Carlos Vives, Johnny Ventura, Los Melódicos y Moisés Angulo.

Aparte de la música, Adolfo es un enamorado de la política. Fue Concejal de San Jacinto, Diputado del Departamento de Bolívar, Secretario de la Asamblea de Bolívar y Director de Tránsito de Bolívar .

Su viejo amigo Régulo Matera, Diputado del Atlántico, se lo trajo para Barranquilla hace dos años, y aquí está como secretario de la Asamblea.

Cincuenta y ocho años de edad, madrugador, poco trasnochador, contador de anécdotas -de él y de sus amigos. Este es el perfil de Adolfo Pacheco, el compositor sabanero a quien la musa le llega de los Montes María; y de cada estado de inspiración siempre hay una producción poética, como lo es él en toda la esencia de su ser.


jueves, 27 de junio de 2013

EL VALLENATO NO CANTA SU REALIDAD


Si miramos el pasado de la música vallenata, encontramos que una de sus mayores fortalezas, es la narrativa de su realidad. El relator vallenato no le mentía a su entorno. No traicionaba cada elemento que encontraba y su fantasía era más creíble, lo que le permitió afianzar los personajes y sus hechos, incluso, pasado el tiempo, esa historia musicalizada ayuda a reconstruir pueblos. Esa situación contrasta con lo que está viviendo el vallenato como parte de la industrialización cultural, en donde ese elemento esencial se ha perdido y nos lleva de la mano, a la construcción de una obra centrado en lo amoroso, por demás monotemática, simple, carente en la mayoría de los casos de poesía y con una extralimitación de figuras empalagosas, que le quita toda posibilidad de ser considerada una buena obra artística. En esa nueva postura del creador e intérprete vallenato, han incidido muchos factores que vale la pena comentar: “la aparición del fenómeno del narcotráfico que le robó la inocencia al artista vallenato”.

Esos nuevos ricos afectaron el comportamiento del creador e intérprete vallenato, al moldear el espíritu natural de ese hombre que componía y cantaba al aire libre sin la atadura de lo económico. Sin dejar de lado, que nuestro hombre artista no tenía vínculos con la droga como consumidor o gestora de un nuevo vivir social, es bueno anotar, que ese fenómeno descuaderna la realidad de la gran provincia vallenata y empieza nuestro artista, a dejarse quitar su autonomía relatora y lo que aparece, es una metáfora servilista en donde se encumbra a ese cultivador de alucinógenos y termina el artista nuestro, tanto creador como intérprete, en una total servidumbre. Tan es así, que hacen obras y las ponen con el nombre del mafioso de turno o elevan a las cumbres más altas a un narcotraficante gavilán.

Ese mal pasaje que afecta el mundo del vallenato en todos sus aspectos, dejó como consecuencia a una gran masa artística con serios problemas en el consumo de estupefacientes, lo que ha llevado al derrumbe de muchas figuras de nuestra música vallenata. Con ese tema hay que ponerse serio y es un llamado para que los gobiernos departamentales de la Guajira y Cesar como epicentros del vallenato, lo miren como un problema de salud pública y no con la visión farandulera como siempre lo hacen. Pero si ese tema es delicado, no lo son menos, los que a continuación tienen agarrado del cuello, la mente creadora del compositor e intérprete nuestro. “la constante exaltación al político de turno, quien al llegar a su puesto lo primero que hace, es lograr que lo nombre el artista más exitoso”.

Esta situación ha llevado, a que esos nuevos dirigentes no escatimen esfuerzo alguno, en gastarse lo que está destinado a resolver los problemas sociales de su municipio o departamento, en las caravanas que hacen los artistas en sus lanzamientos o en el pago a los saludos, que terminan siendo más importantes que la canción misma. Esos elementos contaminantes afectan, sin que haya un despropósito para con ninguna de las partes, a la canción, a su creador y a la vez, a su intérprete, quien direcciona que se graba o no. “la nueva condición social de los compositores e intérpretes”.

Este hecho contrasta seriamente, con lo que está pasando en el entorno de la gran provincia vallenata. Esto ha llevado a que la visión del compositor sea distinta. Poco o nada le interesa narrar el problema social, así lo tenga pegado a la nariz. Ya los artistas vallenatos son intocables y se alejan cada día más de su entorno. Sus modernas naves con vidrios polarizados los hacen ver más como traídos de otros planetas que constructores de una música provinciana. No estamos en contra que se mejore socialmente, pero sí, que se desprendan del cordón umbilical que les dio todo. Ya se creen más que la base popular por ir en busca de nuevos mundos, en desconocimiento de la aldea que al final, es el todo. “el surgimiento de nuevas fuerzas oscuras como el paramilitarismo”. Otro de los grandes males que le llegó a la tierra nuestra y que sin lugar a dudas, afecta la creación artística y de qué manera.

Entra de nuevo, nuestra música vallenata al servicio de una fuerza generadora de muerte, que es contraria a la labor del juglar nuestro, que hizo una verdadera cartografía de la vida con su obra y que debe servirnos como base fundamental, para no claudicar en este proceso de consolidación de una música local, que si quiere permanecer en el tiempo con el prestigio que da el buen y sano vivir, tiene que replantear muchas situaciones que no le hacen bien. Es tan malo el accionar, de estos hombres al servicio de la muerte, que ya en nuestra provincia no hay respeto por los mitos y leyendas, estos sucumbieron ante la ley del más fuerte, del que esté armado hasta los dientes e imponga su mandato. Nuestros autores e intérpretes no pueden prestarse para continuar haciendo personajes de alto renombre, a seres cuya condición social está en entredicho y no son, un buen ejemplo para ésta o futura generación, solo porque tienen dinero producto del desalojo y muerte de tantas personas buenas.

El relator vallenato tiene que cantar su realidad y no seguir pasando por encima de los cadáveres de su propia gente y salir cantando como si nada, una copla de amor. Él tiene que romper ese estigma impuesto por el centro de poder, que cada vez que se cante un tema social quien lo hace es “guerrillero”, tamaña mentira que contrasta con la postura narrativa de hombres valerosos del ayer vallenato, que rompieron con el atosigamiento feudal de la gran provincia vallenata para contar su propia realidad. Una muestra de ello lo podemos recoger cuando Luís Enrique Martínez Argote hace más de tres décadas, dijo: “el pueblo está reclamando pan, educación y techo”. Será que ahora es menor el problema frente a estas solicitas expresiones, de un campesino analfabeta que percibió el problema, pero que además, lo cubrió de música y lo dejó como un especial referente, sin que ello, nos lleve a señalarlo como un hombre perteneciente a la izquierda o a determinado grupo armado.

Tiene el creador vallenato la obligación, de romper con el miedo que se les refleja en el rostro y que le impide cantar sus narraciones más llenas de verdad, que de los compromisos comerciales de hacer obras en serie que lo tiene acorralado. Ese sentido narrativo, de la realidad en la tierra nuestra, es el que debemos recuperar y para ello es necesario, “volver al uso del sentido común que hizo grande al vallenato como periódico musical”.

Nuestro compositor e intérprete se dejó engolosinar por los dulces que la industrialización como trampa le puso, a una música local que como la nuestra tiene que sacudirse y no dejarse meter gato por liebre y dejar de pregonar arrogantemente, que somos más que las otras músicas locales de Colombia. No dejemos que las casas disqueras y las editoras, quienes no cumplen con su responsabilidad social frente a la construcción de una masificación musical, en donde se limitaron a tener artistas y creadores de obras para su catálogo, quienes luego de su inhumano uso, los tiran como cualquier valija que no vale nada, continúen con esos contratos que son avalados por agremiaciones como Sayco y Acinpro, en contravía de sus agremiados que claman por un mejor vivir en concordancia con lo creado.

El creador vallenato no está narrando, la verdad de lo que acontece en el escenario de la gran provincia. Es un narrador panfletario que cayó aniquilado, por las burbujas del amor y se pavonea con el éxito, creyéndose más de lo que en verdad es. Es bueno y ante todo sano, que nuestro creador se ponga serio y encuentre en el intérprete, a un verdadero cómplice de su narrativa y no al hombre arrogante, que se cree estar por encima del creador. Tenemos que sacudirnos ante tantos fantasmas que nos rodean. Es necesario tomarnos, por lo menos una vez al día, una cucharadita de humildad para que esa labor que nos puso la vida, no se desvirtué y termine como un mal recuerdo.

Por: *Félix Carrillo Hinojosa

sábado, 22 de junio de 2013

HA PARTIDO A LA ETERNIDAD LEANDRO, SIEMPRE LEANDRO


El maestro vallenato Leandro Díaz falleció este 22 de junio de 2013, en Valledupar, víctima de una infección renal, tenía 85 años. Según la prensa del Caribe, Díaz murió a la 1.30 de la mañana en la Clínica del Cesar. El músico ingresó al centro médico con señales de hipertensión, lo que le empeoró una insuficiencia renal, que padecía de manera crónica.

Leandro Díaz a sus veinte años de edad jamás había escuchado una canción. Lo hizo después de que abandonó el corregimiento Lagunitas de la Sierra, Guajira, donde nació. Bajó de allí con la complicidad de un primo, y así conoció el vallenato. Ese fue el nacimiento de un juglar. Pese a que es ciego de nacimiento compuso más de 200 canciones, con los versos que se ensamblaron en su memoria. Aprendió a tocar la guacharaca y la dulzaina, y pasó de recibir propinas en la calle a convertirse en una celebridad del folclor vallenato con una de sus canciones emblemáticas, Matilde Lina. Hasta hace unos días, una diligencia sencilla le podía tomar hasta cuatro horas por el asedió de sus fanáticos. A sus 83 años, el Festival de la Leyenda Vallenata le hizo un homenaje a un hombre que no volverá a nacer, ni se repetirá en su dinastía.

El juglar definió su llegada a la música como un milagro, porque durante su adolescencia sólo conoció el canto de los pájaros y el bramar del ganado. Pero su destino se lo dejó a una premonición. Sin saber si acertaría, Leandro Díaz le obedeció a la voz que escuchó en un sueño y que le dijo que ya había cumplido su ciclo en la Sierra. Desde ese momento conoció las melodías musicales y la parranda, cambió la lluvia como motivo de su inspiración por las mujeres. Aprendió a parrandear, pero no fue bailador y cantó por primera vez en las orillas del río Tocaimo. Además, se alejó de sus papás y sus más de doce hermanos, que lo discriminaron, porque su condición lo convirtió en un inútil para las tareas de la finca donde creció.
Leandro Díaz recibió de manos del presidente Santos un reconocimiento en la inauguración del Festival Vallenato 2011.
La primera canción que compuso se llama La loba ceniza y lo hizo con sus mejores herramientas: la concentración y la memoria. Allí almacena todas sus letras, versos, composiciones y las voces de las mujeres. Nunca olvida una. Sus canciones vallenatas favoritas son A mi no me consuela nadie, de su autoría y El viejo Miguel de Adolfo Pacheco Anillo.

Desde hace ocho años, Leandro Díaz sólo se vestía de blanco. No tuvo maestros, y no siempre fue vallenato. En sus inicios también interpretó boleros, tangos y rancheras, de allí su canción favorita Allá en el rancho grande. En ocasiones, estas interpretaciones no le trajeron aplausos. La mamá de una vecina lo insultó porque creyó que trataba de conquistar a su hija con las canciones mexicanas.

La canción A mi no me consuela nadie fue una de sus favoritas.

Cuando aseguraba que “el ciego poco se imagina” pareciera que mentía, porque sus letras dicen todo lo contrario. Además, describía el acordeón como un aparato pequeño, con muchas teclas o botones que se oprimen con los dedos. Pero el verdadero significado que tuvo para él es que el instrumento es la vida de un pueblo.


El maestro, muchas veces homenajeado, ya no madrugará más. Solía como todos los días hacer una oración, desayunar café, jugo y arepa con carne y queso. Se ponía uno de sus seis pares de zapatos blancos y no se soltaba del brazo de Ivo, el único de sus hijos que heredó su talento y que prefiere decirle maestro que papá. En ocasiones especiales se visten igual, y con el tiempo él se convirtió en sus oídos, en su interlocutor, porque a Leandro los años le arrebataron de a poco su única inspiración.

Por: KIENYKE

sábado, 15 de junio de 2013

EL DIA QUE JOE ARROYO LE CANTÓ A LA VIRGEN DEL CARMEN


Uno de los mejores álbumes en la historia de la música vallenata es Tierra de Cantores, por varias razones. En primer lugar, casi todos los temas incluidos se convirtieron en grandes éxitos. Como si fuera poco, es quizás el único disco que contiene la primera versión de dos obras ganadoras del concurso de la Canción Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata. Y no son de cualquier autor: La Profecía, de Julio Oñate Martínez, ganadora en 1976 y Río Badillo, ese inmortal himno al amor del inmolado Octavio Daza, triunfadora en 1978, año en que se grabó esta producción con la antigua compañía CBS, hoy Sony Music.

También incluye, además de la canción que le da título, de la autoría de Carlos Huertas, Dios no me deja, de Leandro Díaz,  El Gallo Fino, de Edilberto Daza, No me guardes Luto e Inmenso Amor, de Armando Zabaleta, La Querella, de Emiro Zuleta, Emma González, de Poncho Zuleta, e Isabel Martínez, que aparece con el crédito D.R.A. pero que es vox pópuli que la compuso Germán Serna, aunque muchos se la han adjudicado fraudulentamente.

Pero la canción de ese elepé que se ha vuelto un ícono popular es La Virgen del Carmen, preferida de los fieles de esta santa de la Iglesia Católica. Hoy no habrá emisora, picó, bus, caseta, cantina, corraleja, procesión o equipo de sonido casero en toda la Región Caribe, donde no suene a todo volumen.

Lo que muchos ignoran, incluidos muchos locutores y directores de emisoras de música vallenata, es el vínculo del maestro Joe Arroyo con esta grabación, realizada a mediados de 1978 en los Estudios Ingesón, de la carrera 22 entre calles sexta y séptima de Bogotá.

Estar vinculado a esa producción como mánager y presentador del grupo de los Hermanos Zuleta, es uno de los mejores regalos que me ha dado la vida, por muchas cosas que sucedieron, algunas de las cuales no se pueden contar.

Para esa época ya se estilaba que los coros no los grababan los coristas de base de los conjuntos sino que se invitaba a algún cantante exitoso, casi siempre Juan Piña o su hermano Carlos, el saxofonista, quien precisamente había aportado la primera voz en la anterior producción de los Hermanos Zuleta, El Cóndor Legendario. Poncho y Emilianito me ordenaron que llamara a alguno de los dos, que para entonces residían en Medellín y gozaban de gran popularidad con su orquesta La Revelación.

Pero no fue posible contar con ellos porque estaban de gira en Estados Unidos y no alcanzaban a llegar a tiempo para la grabación, por lo cual se me ocurrió, sin consultarles a ellos ni a los directivos de la disquera, llamar a Joe Arroyo, gracias a que Janeth Fuminaya, la esposa de Juan Piña me consiguió su número telefónico.

Primero hablé con Adela, entonces esposa de Joe y al rato él me estaba llamando. Fue muy cordial y acordamos que se le pagarían veinte mil pesos, que serían pagados por nosotros, además de la tarifa de la disquera, que para la época era de unos quinientos pesos por cada canal de voz o de instrumento que se grababa, lo cual sumaría cinco mil quinientos pesos por los once temas del disco.

Le situé el tiquete en Medellín y esa misma noche Joe estaba en Bogotá. Su porte imponente, sus pintas coloridas, su caminar brioso y su afro perfectamente redondeado con el trinche que guardaba en el bolsillo trasero del pantalón, despertaban curiosidad por donde pasaba, en la aún friolenta capital colombiana.

La única habitación del Hotel Niágara, al que llamábamos “Hotel Salchiyuca”, porque todos los días servían lo mismo al desayuno, donde estábamos alojados, que tenía una cama disponible era del maestro Armando Zabaleta, quien había viajado invitado por la disquera, al igual que Octavio Daza. Allí ubiqué a Joe pero después tuve que llevarlo a otra porque al maestro Zabaleta no le cuadraba mucho que el cantante llegara tan tarde, ya que después de las sesiones de grabación se iba de juerga con El Pantera García, el trombonista que había sido su compañero en la orquesta de Fruko y sus Tesos, y con otros músicos de la capital.
El disgusto. Cuando Poncho y Emilianito se enteraron de la presencia de Joe en Bogotá para grabar con nosotros, no ocultaron su disgusto, mejor dicho, me regañaron por esa arbitrariedad que yo había cometido.

“¿Cómo se te ocurre llamar a ese hombre. Está bien que es cipote cantante pero de salsa, Juanka. Se te olvidó que lo que nosotros hacemos es vallenato… va-lle-na-to, entendiste? Tú verás cómo haces pero ese tipo no va a grabar con nosotros, búscate otra primera voz”.

Tuve que recurrir a los buenos oficios de José Sánchez, ingeniero de sonido, Armando Hernández y Jairo Negrete, coristas de base del conjunto y a otros compañeros para convencer a los hermanos Zuleta. Al fin lo aceptaron y el resultado lo conoce y lo disfruta hoy el público: ese sabor único y especial, inevitablemente impregnado de cadencias salseras, en perfecta armonía con la segunda voz de Armando Hernández, veterano exintegrante de Los Corraleros de Majagual.

Al terminar, Poncho y Emiliano fueron los primeros en felicitar a Joe por el trabajo realizado y reconocieron que yo había acertado al llamarlo.Ese coro de Río Badillo con las ‘oes’ prologadas: “Si algún día peleamoooos por algún motivooooo”, o la síncopa presente en Isabel Martínez: “si te pregun…tan por la rutina, diles que esas son co…sas de Chi…che Guerraaaaa” le dieron un toque singular a esa producción. Pero indudablemente el que más se cantará este fin de semana es el coro del merengue de Emilianito, La Virgen del Carmen: “Porque esa virgen divina para mi familia sí representa / el cariño más puro para mi mujer y pa’ toa mi raza”.

Hora de reconocimientos. Otro hecho curioso, que justifica el desconocimiento de este episodio por parte de la mayoría del público, es que lamentablemente no pudimos poner su nombre en los créditos de la contra carátula, debido a que el contrato de exclusividad que lo ataba a Discos Fuentes no le permitía figurar en grabaciones de otras disqueras. Por ello solo aparecen Armando Hernández y Jairo Negrete. Yo, curiosamente, aparezco como Director Escénico, cargo que no existía ni existe en los conjuntos vallenatos.

De todas maneras, no es nada raro que Joe cantara bien el vallenato. A los 15 años, cuando aún se le conocía como Álvaro José Arroyo González,  el maestro Rubén Darío Salcedo le dio su primera oportunidad cantando este género con su conjunto en Sincelejo, antes de ponerlo a cantar música tropical o salsa. Algo que la excesiva ficción de la telenovela sobre su vida, impidió que se le contara al público televidente. Pero no es lo único que el maestro, que hoy se debate entre la vida y la muerte, ha hecho acompañado de un acordeón.

Hace algunos años grabó con Emilianito Zuleta el merengue Yo soy el Folclor, de la autoría de Luís Cujia, obra ganadora del concurso de la Canción
Inédita en el festival de 1998 en Valledupar.

Estoy seguro de que miles de seguidores de Joe Arroyo van a prenderle una vela a la Virgen del Carmen, cantarán el merengue de los hermanos Zuleta  y le orarán para implorarle que le devuelva la salud y la vitalidad. Yo, tengo un paquete listo.

Por Juan Carlos Rueda

Especial para EL HERALDO.

LA IX BATALLA DE SILVESTRE DANGÓND Y ROLANDO OCHOA

Desde el martes 11 Junio en horas de la tarde Cacica Stereo y Rancheriastereo virtual nos presentaron el trabajo musical “La Novena Batalla” de Silvestre Dangond y Rolando Ochoa, una producción que bien vale la pena escuchar, analizar y comentar, toda vez que esta es la agrupación vallenata contemporánea que encabeza los listados de preferencia en la nación.

Lo primero que debemos resaltar es que ha sido excelente la campaña promocional de expectativa por ese trabajo, estuve en la firma de autógrafos en el centro comercial Gran Estación de Bogotá y quedé impresionado por la acogida que tiene Silvestre en la capital, fue realmente impresionante el acto, como estoy seguro será el viernes en el parque La Leyenda de Valledupar, lo cual demuestra Silvestre es el artista de todos los géneros con mayor acogida en el País.

La novena batalla es un trabajo muy bien logrado, tiene música para todos los gustos, inclusive Silvestre logró complacer hasta a quienes pedimos a grito rescatar el vallenato clásico, para ello incluyó La Cosa Sabrosa de Lorenzo Morales y La Varita de San José de Juancho Polo Valencia, pero sin duda el vallenato predominante en el CD es el bailable y con sabrosura, allí encontramos: Los tengo de payasos y La Ciquitrilla ambas de Rolando Ochoa y por supuesto las dos clásicas ya mencionadas, para los amantes de la nueva ola grabaron: Lo ajeno se respeta de Eduardo Fonseca, La traga Loca de Omar Geles y Loco Paranoico de Luis Egurrola; la representación del vallenato romántico la tienen canciones como: Un amor verdadero de Wilfran Castillo, Culpa de los dos de “Tico” Mercado, En este Sitio de Rafael Manjarres y Mi mundo e cartón de Fabian Corrales.

Ahora, si me preguntan cuáles son las cuatro mejores canciones del CD para mi gusto, les tengo: La difunta, Un amor verdadero, En este sitio y mi mundo e cartón, y algo que también debemos abonarle a Silvestre es que le haya grabado a compositores como: Romualdo Brito, Luis Egurrola, Rafael Manjarres y Fabián Corrales, ojalá también pensaran en Rosendo Romero, Sergio Moya Molina, Fernando Meneses, Santander Durán Escalona, entre otros.

Lo que no me gustó del CD es que en él no se haya incluido ningún aire distinto al paseo y que en apartes de algunas canciones Silvestre haya impostado la voz de manera jocosa, eso para algunos puede ser gracioso y refrescante, pero para muchos le resta seriedad al trabajo.


*Por: Jorge Nain Ruíz/El Pilón